Desde mi separación, con tres hijas, mi situación económica había empeorado bastante y tuve que mudarme a un apartamento con una sola habitación, que aunque fuera grande, tenía que compartir con ellas.

Los meses iban pasando y tenía dificultades para estar al corriente de los pagos, por lo que las visitas del casero eran frecuentes y ya no sabía que decirle, por lo que en una de esas ocasiones él me ofreció tener sexo conmigo para rebajar la deuda, o si no tendría que marcharme de allí, por lo que no tuve más remedio que aceptar. Si bien el casero era un hombre maduro, no me resultó del todo desagradable acostarme con él. Hacía tiempo que no tenía sexo con nadie y aunque fue un polvo rápido, llegué a tener un orgasmo, ya que estaba bien dotado y me trató con cariño preocupándose de mi goce, disfrutando como me comió el coño, a la vez que yo también me tragaba su polla y le hacía correrse en mi boca, lo que él me agradeció, porque me dijo que su mujer no quería hacérselo. Luego se puso encima de mí y me folló, lamiéndome las tetas y observando mis reacciones ante cada penetración, como buscando el ritmo que a mí me causaba más placer y así fue como conseguí llegar al orgasmo, para acto seguido, darme la vuelta y ponerme a cuatro patas, ofreciéndole mi culo, penetrándome por detrás y dándome acometidas, esta vez ya más fuertes y seguidas buscando correrse él por segunda vez.

Estos encuentros se repitieron en otras dos ocasiones, con la consiguiente rebaja de mi deuda con él, pero en una ocasión, no quiso entrar conmigo en la habitación, fijando su mirada en mi hija mayor, una adolescente ya formada que empezaba a atraer la mirada de los hombres por sus bonitas formas, y los escotes que la gustaba lucir, diciéndome él:

.- Puedes pagar lo que me debes de una forma más rápida.

.- ¿Cómo?

.- Tienes tres hijas.

.- ¿Qué dice?, ¿Quiere tener sexo con ellas también? Son muy jóvenes todavía.

.- La mayor seguro que ha estado con algún chico ya, si es que no se ha dejado follar por alguno de mi edad, para poder pagarse lo que tú no puedes, sabiendo además, lo que hace su madre. Está en una edad que vuelve locos a los hombres.

.- Dios mío, que ejemplo les estoy dando a mis hijas.

.- No te preocupes tanto, que no eres el único caso. Déjame estar con ella y te rebajaré el doble que contigo.

.- Pero usted tiene una hija de su edad. ¿No le da reparos el pensar que podría ser ella?

.- No, eso es lo que me da más morbo. A mi hija sólo he podido meterla mano alguna vez y está tan rica como la tuya, pero como su madre me vea con ella, me mata, jajaja.

.- Bueno, pero déjeme primero hablar con ella, no quiero obligarla a nada.

.- De acuerdo, habla con ella.

Me acerqué a mi hija mayor y la dije:

.- Ya sabes el dinero que debemos al casero y lo que tengo que hacer yo para ir pagándole.

.- Si mamá, ya lo sé.

.- Pues ahora me está diciendo que si te metes en la habitación con él, nos rebajará la deuda mucho más.

.- Mamá, ¿tú quieres que folle con él?

.- Yo no quiero obligarte hija, haz lo que quieras.

.- Bueno, no es nuevo para mí. Llevo un tiempo haciéndolo con hombres de su edad para tener dinero para mis gastos.

.- No me digas. Entonces el casero tenía razón cuando me lo dijo. ¿Tú hermana también…….?

.- Si, ella se deja meter mano en el parque por los viejos y se baja las bragas para que la vean.

.- Qué barbaridad, ¿Cómo estoy permitiendo esto? Siento mucho que tengáis que hacer esto, hija.

.- No te preocupes mamá. Otras niñas también lo hacen y muchas ya se acuestan con chicos y no les pagan nada.

.- Pero ellas lo harán porque las gusta, no por necesidad. .- Yo lo hago con quien me gusta. Además, los de mi edad no saben hacerlo así, y no me hacen correrme tanto. Después de esta conversación con mi hija, estaba clara mi respuesta al casero, aunque con gran dolor de madre, dejé que se metieran en la habitación, quedándome en el salón con mis otras dos hijas, y al poco rato empezamos a escuchar los gemidos de hija mayor, avergonzándome de que lo estuvieran escuchando mis hijas, aunque la pequeña me miraba como no entendiendo lo que pasaba, sin atreverse a preguntar nada, a la segunda se le escapaba una sonrisa pícara diciéndome:

.- Mamá, el señor le está haciendo a Carol lo mismo que a ti. A ti también te oíamos cuando estabas con él.

Sin saber que decirle, los gemidos de su hermana eran cada vez más fuertes y seguidos y la cara de mis hijas mostraban más curiosidad y asombro por lo que estaban oyendo, a la vez que aumentaba mi vergüenza por la situación, pero a la vez me sentía más tranquila al ver que mi hija mayor al menos estaba disfrutando de ese encuentro, lo que me hacía sentir un poco menos culpable.

Finalmente, después de unos momentos de silencio, el casero salió de la habitación, despidiéndose con un “volveré pronto”, tras lo que entré yo a ver como estaba mi hija, y la vi tumbada en la cama desnuda con una sonrisa en la cara, que mostraba claramente su satisfacción:

.- ¿Qué tal, hija?

.- Muy bien mamá. Menuda polla tiene el señor, me ha hecho disfrutar mucho.

.- Me alegro, hija. ¿Qué te dijo él? ¿Se quedó contento también?

.- Si, me dijo que le gustaría que fuese su hija y que tuviese una madre tan comprensiva como tú.

A los dos días, el casero volvió a llamar a mi puerta, suponiendo ya lo que venía, pero al entrar se quedó mirando a mi segunda hija, que estaba vestida con una camiseta ajustada y escotada que remarcaba los pequeños pechos que la estaban saliendo, y con unos pantalones cortos ajustados que dejaban ver sus preciosas piernas, con una piel blanca y suave, lo que llamó la atención de su mirada libidinosa y viendo sus intenciones, le dije:

.- No, ella no.

.- Quiero que se lo propongas, además, podrás estar tú delante para que veas que no le hago ningún daño.

En cuanto se lo dije a mi segunda hija, acepto sin dudar, ya que seguramente no querría ser menos que su hermana y la mataba la curiosidad de experimentar lo mismo que ella, por lo que entramos los tres en la habitación, comenzando el casero en mi presencia, por quitarle la camiseta y besar sus puntiagudos pezones, provocando los primeros suspiros de mi hija, que se dejaba hacer disfrutando con las suaves caricias en su piel, en su culito, y al alcanzar su vagina masajeándola con los dedos, se estremeció, empezando a gemir más fuerte.

Vi como los dedos del casero estaban completamente mojados por los jugos que iba desprendiendo mi hija y cuando la tumbó en la cama para lamerle la vagina, retorciéndose de placer llegué a excitarme realmente con esa visión y no pude evitar llevar mi mano al pene del casero, totalmente hinchado por la excitación y pajearle hasta que él me paró porque no quería correrse sin antes dejar que mi hija se lo chupase, lo que hizo con algo de dificultad porque casi no le cabía en la boca y lo que más hacía era pasar la lengua por su glande cada vez con más gusto por parte de mi hija que parecía entusiasmada de tenerlo en la boca, por lo que cuando él se puso encima de ella para penetrarla, intenté pararle para que no lo hiciera, ofreciéndome yo para que se desahogara conmigo, pero mi hija me dijo que le dejara, que quería follar como yo, por lo que yo misma le agarré el pene al casero para ir controlando la penetración y que no la introdujera de golpe, de tal forma que yo misma fui introduciéndola primero el glande, que entró sin mucha resistencia, pero al intentar meter más mi hija se quejaba por la presión sobre su himen, pero el casero estaba excitadísimo y la dijo:

.- Cariño, sólo te dolerá un momento y después gozarás como tu madre y tu hermana.

Así que con un pequeño empujón, acabó rompiéndole el himen con un grito de mi hija, pero según iba introduciéndose en ella con suaves movimientos, mi segunda hija se puso a gemir como nunca lo habría hecho en su vida, totalmente transportada por el placer que sentía, su cara toda roja por el rubor y los orgasmos que la iban llegando sin pausa, hasta que el casero se la sacó para correrse sobre su cuerpo, diciéndome una vez recuperado que nunca había disfrutado tanto en su vida como con mi hija.

Iban pasando los días, con la total satisfacción de mis hijas, pero un día se presentó el casero con dos hombres en casa diciéndome:

.- Mi mujer me está diciendo que cuando pagáis, y yo tengo que hacer algo para que vea que estáis pagando, así que traigo a estos dos amigos que me han pagado para estar con tus hijas.

.- Esto ya no me gusta nada. Yo no quiero prostituirlas.

.-Es lo que has estado haciendo conmigo, y no tienes otro remedio. Además me han dado mucho dinero y ya he convencido a mi mujer de que prácticamente estás al día.

.- Bueno, será esta vez sólo porque yo no puedo consentir esto.

Y los dos hombres entraron en la habitación con mis hijas mayores, pero el trato que las dieron no fue tan bueno y no tuvieron ninguna delicadeza con ellas; la segunda acabó llorando y la mayor me dijo que no volvería a estar con nadie que llevara a casa, así que me propuse buscar una salida, porque yo no quería esa vida para ellas y estaba decidida a buscar un futuro mejor para todas nosotras, buscando una nueva pareja que nos diera estabilidad y una vida más cómoda.

Yo era consciente de que teniendo tres hijas, sería un problema para encontrar una pareja, pero chateando en internet, me encontré con varios hombres separados que me decían que no les importaba que tuviera hijas, incluso había otros que me decían abiertamente que estaban buscando una mujer con alguna hija para formar una nueva pareja y si en mi caso tenía tres, su interés aumentaba todavía más, y hablando con ellos me decían que su ilusión era formar una familia libre sin barreras ni tabús, lo que ahora tampoco era tanta novedad para mí, después de nuestra relación con el casero, así que me decidí a conocer a uno que me dijo que era empresario y que nos daría una buena vida a mí y a mis hijas y se presentó en mi casa porque quería conocernos a todas juntas.

Era culto, agradable y muy educado y no estaba nada mal físicamente a pesar de su madurez. Se mostró muy cariñoso con las niñas, a las que se ganó enseguida con unos regalos que las había traído, pero en ningún momento quiso propasarse con ellas ni conmigo, mostrándose totalmente respetuoso, lo que me enamoró prácticamente de él al momento, y cuando nos propuso irnos todos juntos a una playa de vacaciones, mis hijas me obligaron prácticamente a aceptar la proposición.

Nos dijo que él era nudista y que lo hacía con su exmujer y su hijo y que si no teníamos inconveniente en entrar en ese mundo, y aunque nosotras nunca lo habíamos hecho, las niñas dijeron que las encantaba.

Cuando llegamos a la playa, nos pusimos en una zona donde alrededor había alguna familia más, parejas y hombres solos también, en un ambiente muy tranquilo y agradable, lo que nos hizo sentir bien desde el primer momento que nos quedamos desnudas, y las niñas enseguida quisieron ir a bañarse, diciéndome mi nueva pareja que si íbamos con ellas, pero yo preferí quedarme en la arena y le dije que fuera él con ellas.

Enseguida vi cómo se puso a jugar con mis hijas en el agua, mostrándose muy divertidas cuando él las abrazaba después de perseguirlas y acababan las tres prácticamente encima de él sin dejarle moverse, notándose desde donde estábamos nosotros como tenía una erección jugando con ellas, centrando la atención de los que los miraban, y comentando con envidia uno de los hombres que estaba a mi lado:

.- Qué suerte tiene ese, que bien se lo pasará con tres nenas en casa.

Efectivamente, cuando llegamos al apartamento, permanecimos desnudos todos, estando dispuesta la habitación con dos camas grandes que él había juntado en el medio, y donde dormiríamos todos juntos, donde eran frecuentes los juegos entre todos, haciéndonos especial gracia como mi hija pequeña se asombraba de los cambios de tamaño de la polla del hombre de la casa, según estaba jugando con ella y la curiosidad que la despertaba. Así que era frecuente que cuando llegaba la noche, era prácticamente echarnos en la cama y una de las niñas ya estaba encima de mi nueva pareja, dándole besos, provocándole y mi hija más pequeña no perdía la ocasión para agarrarle la polla a su nuevo padre, y tras jugar con ella ponerse a darle lamidas como había visto hacer a sus hermanas mayores, lo cual ya no me importó que ella empezara a participar en esos juegos, porque sabía que mi pareja iba a respetarla y con cariño iría dando los pasos para su introducción total al sexo.

Estos momentos se fueron repitiendo en numerosas ocasiones, bien cuando yo estaba teniendo sexo con él y alguna de ellas o las tres se sumaban a nosotros, o con ellas directamente en cualquier momento, incluso cuando yo no estaba presente, causándome especial curiosidad ver a la más pequeña cómo se las ingeniaba para conseguir que la polla de mi nueva pareja le acabara entrando igual que a sus hermanas, a pesar de los esfuerzos de él para no adelantar ese momento hasta que lo viera conveniente, y lo que hacía para calmarla era meterla el dedo hasta que se corría, lo cual yo le agradecía, aunque ella protestara, por lo que lógicamente ese momento no tardó en llegar, y en una ocasión en que los dos se estaban dando un baño juntos en la bañera, el jabón hizo que sus cuerpos estuvieran muy resbaladizos, por lo que el contacto de la piel se les hacía más excitante, y en un momento determinado, mi hija pequeña se montó sobre él y prácticamente se clavó la polla que tanto anhelaba en su coñito de un solo golpe, sin que mi pareja pudiera evitarlo, aunque el grito de mi hija al tenerla dentro debieron de oírlo hasta los vecinos, pero al instante una sonrisa pícara iluminaba su cara al haber conseguido lo que una mujer tanto desea desde que descubre el sexo y el gozo que mostraba por estar follando de verdad hizo que el semen de su futuro padre se disparara dentro de ella mientras ella me miraba satisfecha como diciéndome:

.- Ya soy como tú y mis hermanas.

Lo que había dicho ese hombre en la playa me hizo pensar que seguramente él había tenido suerte al poder tener lo que tantos hombres desearían, pero nosotras también habíamos tenido suerte de encontrarle y poder sacar a mis hijas de un camino que la final las haría desgraciadas, ofreciéndose como moneda de cambio a los hombres, pero en este caso, yo acabé ofreciendo a mis hijas a un solo hombre, dentro de una familia, que nos ofrecía una vida con la que cualquiera soñaría.