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Tema: Strip Póker en Familia2

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    Virgen adrianita_pilar va por un camino distinguido
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    Predeterminado Strip Póker en Familia2



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    En ese momento pensé que el juego, a pesar de ser extraño y un tanto enfermizo, era entretenido y producía una calentura inimaginada para mí.

    Esta vez las cartas decidieron que Eric tenía que “pagar” y mi padre era su verdugo. Eric debía hacer un bailecito erótico pegado a mi mamá y aplicando la norma del desafío anterior, ella debía decidir si el chico la superaba o no. Como dos minutos pareció un tiempo muy reducido, se estableció que el baile debía durar cinco minutos. Estuvimos todos de acuerdo y para mejorar el ambiente Eric puso música lenta de una banda que yo ni conocía, pero que era aceptable para la ocasión.

    Mi madre se acercó hasta donde estaba yo y tuve que correr mi silla bastante más atrás, para darles lugar, Eric se colocó detrás suyo y yo era la única que veía la escena desde atrás, en semi perfil. Comenzaron a bailar lentamente, mi hermano pegó su pecho a la espalda de esa atractiva mujer y comenzó a acariciarle las piernas por los lados. Los segundos parecían transcurrir a un ritmo muy lento.

    -¿Si agarro las tetas sumo puntos? –preguntó mi hermano.
    -Puede ser –respondió Viki.

    Sin perder el tiempo puso sus manazas sobre los senos y los apretó suavemente, de verdad parecían globos llenos de agua. Los rítmicos movimientos de Eric provocaron que la punta de su dura verga quedara apretada contra la vulva de mi mamá y allí supe que el desafío del baile no era tan inocente como me lo pareció en un principio. Mi asombro creció cuando la vagina de mi madre pareció abrirse para que el glande quedara suavemente posado en su centro viscoso. Si bien no entró nada, el pene estaba peligrosamente cerca de ella. Se me aceleró el pulso y me pregunté qué sentiría Victoria al ser arrimada de esa forma por su único hijo varón.

    Creí que mi madre se apartaría, pero al parecer no le importo. El resto acompañaba el bailecito con las palmas pero imaginaba que no sabrían sobre lo que estaba ocurriendo detrás. La verga se fue untando con ese abundante fluido y el muy desgraciado inició un lento vaivén con su pelvis haciendo que su aparato se deslice de abajo hacia arriba entre los voluptuosos labios. No sé cuántos minutos llevaban transcurridos hasta entonces, pero lo peor aún no había llegado. Mi madre se inclinó un poco hacia adelante levantando más su colita, sus grandes nalgas se abrieron y pude verle el asterisco, al mirar la verga noté que el glande ya no estaba a la vista y un escalofrío cruzó mi cuerpo, pero no podía asegurar si éste se había perdido entre los carnosos labios de mi madre o había entrado. De pronto lo vi apareciendo de nuevo, pero con un rápido deslizamiento llegó hasta el ano. Fue el mismo Eric quien obligó a Viki agacharse un poco más, sin dejar de sobarle las tetas que ahora se balanceaban bajo el pecho de mi madre. Noté como él ejercía presión con su verga sin el menor pudor. Era obvio que no estaba entrando, pero el culito de mi madre parecía hundirse. Por fin sonó el pitido del cronómetro indicando que el tiempo se había terminado. Mi hermano se apartó de inmediato regresando a su silla. Por unos segundos pude ver que lo que antes era un apretado y cerrado culito, ahora formaba una pequeña argolla levemente abierta, mis manos temblaron, esto era demasiado.

    -¿Qué te pareció el baile mamá? –preguntó Eric mientras ella regresaba a su silla.
    -Bastante zarpadito –los demás habrán pensado que se refería a la sobada de tetas, pero yo sabía que se refería a las insolentes arrimadas– pero te doy la prueba como superada.

    Cuando me levanté de la silla para arrimarme otra vez a la mesa, vi que el cuero del tapizado estaba todo mojado, producto de mis propios jugos vaginales. Tenía ganas de buscar una servilleta de papel, limpiar la silla y secarme la rajita, pero eso me pondría en evidencia así que me senté sin más mirando las nuevas cartas que aguardaban por mí. Ni siquiera presté atención, tomé varios sorbos de vino como un intento por serenarme, me olvidé por completo del juego por unos instantes y eso me llevó a perder la partida.

    -¡Al fin nena! Pensé que no ibas a perder más –dijo Mayra. No me había dado cuenta pero desde que quedé completamente desnuda no había vuelto a perder. Mi hermana era la que debía decir mi castigo. Después de meditar un rato dijo– Tocásela a papá.

    Por un momento pensé que la niña se apiadaría de mí y quitaría un poco del ingrediente sexual a los desafíos. ¿Me habrá pedido eso por seguirles la corriente a los demás?

    -Tiene que ser por cinco minutos –agregó Victoria- dos minutos para los desafíos es muy poco tiempo.

    Sabía que no podía negarme, no podría ganar una discusión con mi madre, así que acerqué mi silla hacia mi padre sin chistar. Tuve que juntar coraje para agarrar semejante pedazo y cuando lo aferré con mis dedos no me atreví a moverlos. El tiempo corría y yo no hacía nada. Estaba petrificada sintiendo el palpitar de ese duro pene entre mis dedos.

    -¡Hey, eso es trampa! –Se quejó Eric– que empiece el tiempo otra vez –miré a mi hermano con una ira asesina pero todos estuvieron de acuerdo en reiniciar el cronómetro, especialmente mi madre, que era la encargada de impartir justicia en la mesa.

    Esta vez me vi obligada a mover la mano, de lo contrario nunca me permitirían soltarle la verga a mi papá. Por más incómoda que me pareciera la situación, recorrí de arriba hacia abajo todo el tronco, presionando un poco su glande, intenté mantener buen ritmo a pesar de que moría de vergüenza. Me preguntaba si él estaba disfrutando de estos toqueteos o si sólo lo consideraba parte de un “inocente” juego. Apenas escuché el salvador pitido del cronómetro la solté. Noté que mi palma había quedo un poco viscosa. No lo podía creer, tenía líquido preseminal de mi propio padre. Disimuladamente me lo limpié sobre la pierna y el juego continuó.

    Nuevamente ganó la más pequeña y mi madre quedó en último lugar. En un principio pensé que Mayra había sido un poco severa conmigo, pero lo que dijo después me demostró que había sido muy compasiva. ¿Qué le pasaba a esta chica?

    -Chupásela a papá –le dijo a mi madre y mis ojos quedaron grandes como platos.
    -Pero eso ya lo hice muchas veces –afirmó Viki.
    -Pero nosotros nunca lo vimos –el argumento de Mayra era muy bueno.
    - Inteligente la chiquita –dijo mi tío frotándose las manos– por fin algo de acción.

    Si todo lo que ocurrió mi tío no lo consideraba “acción” entonces no sé cómo lo catalogaría. En cuanto vi a mi madre arrodillándose en el suelo tuve que tomar un largo trago de vino tinto, estaba puro y caliente, pero no me importó. Sin mucho preámbulo ella agarró el falo de mi padre y se lo introdujo casi completo en la boca. Jamás había imaginado a mi mamá como una “petera”, pero sus gruesos labios se desenvolvían con gran habilidad. Subía y bajaba la cabeza frenéticamente, evidentemente el alcohol había nublado un poco sus inhibiciones y la llevaban a hacerlo como si estuvieran solos en su cuarto. Llegó a tragar entera toda la verga de mi papá, yo la observaba atentamente intentando aprender de sus movimientos, yo no era virgen pero jamás había hecho sexo oral, me daba bastante asco, pero en ese momento me pareció algo muy natural y hasta placentero, especialmente al ver las expresiones en la cara de mi padre, sus negras cejas se arqueaban y sos ojos se cerraban con fuerza mientras acariciaba el cabello de su esposa, esa imagen me produjo morbo. ¿Así eran ellos siempre en la intimidad? Los cinco minutos finalizaron repentinamente. Aplaudimos a mi madre por su excelente mamada, la verga de mi padre estaba más dura y gorda que nunca y de ésta goteaba saliva.

    Tuve que admitir que a pesar de que el juego se estuviera tornando cada vez más picante, a mí ya no me molestaba tanto, me daba algo de morbo y curiosidad y podía sentir un intenso calor en mi desnuda vagina. En este momento no tenía ningún problema en estar desnuda frente a mi familia, ya ni siquiera intentaba cerrar las piernas ni cubrir mis tetas con los brazos, a pesar de que Eric me mirara a cada rato, pero en realidad él miraba a todas las presentes y yo misma me di cuenta que me quedé mirando su dura verga más de una vez. Al parecer Mayra pensaba igual que yo, la vi tomando un trago de vino con gaseosa y noté que tenía las piernas bastante separadas. La silla estaba toda pegoteada por sus flujos y varios hilitos se formaban entre su conchita y el tapizado. Por estar ensimismada en mis pensamientos volví a perder y esta vez fue mi padre el que me desafió.

    -Hacele una “turca” a tu tío –la voz de mi padre me arrancó de mis pensamientos, lo miré confundida. No sabía qué era eso de “turca”, tuve que preguntar.
    -Básicamente tenés que ponerte la verga entre las tetas –me respondió una voz femenina, pero no era la de mi madre. Al parecer Mayra sabía perfectamente lo que era una “turca”. Todos se rieron menos yo, no sabía dónde había aprendido tanto de sexo mi dulce hermanita.

    Al pararme me mareé un poco, pero pude disimularlo. No era mi primera borrachera así que sabía cómo dominarme. Mi tío me esperó sentado con las piernas separadas y una amplia sonrisa en sus gruesos labios. No sabía qué hacer, pero me di cuenta que debía arrodillarme, ese era un paso obvio. Tomé mis grandes tetas y las acerqué a su pene erecto, con un poco de dificultad logré apretarlo entre ellas. La sentí húmeda y pegajosa y el corazón se me aceleró al límite.

    -Ahora movelas –me indicó mi mamá mientras ponía el reloj en marcha. Por el tono de su voz noté que estaba tan borracha como yo.

    Apretándolas fuerte comencé a subirlas y bajarlas, intentaba apartar mi cara ya que al bajar el pene quedaba muy cerca de mi boca. Alberto parecía estar disfrutando bastante de los grandes atributos de su sobrina porque podía ver gotitas de líquido preseminal saliendo de la punta y cayendo sobre mis blancas tetas. En una ocasión bajé más de lo calculado y el húmedo glande tocó mis labios, sentí un sabor amargo que me molestó bastante pero disimulé mi disgusto continuando con mi tarea. Cuando terminó el tiempo volví a mi silla sin limpiar las gotitas de fluido que chorreaban por el centro de mis senos, fue una rara experiencia que me permitió conocer un nuevo uso para ellos. Era obvio que el alcohol estaba haciendo estragos en mí ya que al sentarme puse los pies sobre los travesaños laterales que unían las patas de la silla, esto me dejó con las rodillas flexionadas y con mucha separación entre ellas. Mi hermano clavó su mirada en mi entrepierna pero no le di importancia. Acomodé mi largo cabello castaño y tomé un sorbo de vino para sacarme el mal sabor de la boca.

    Esta vez intenté concentrarme un poco más en las cartas para no perder y con un poco de suerte conseguí un hermoso póker de ases, todos aplaudieron ya que era el primero que se veía en el transcurso del juego. Vi que el perdedor era mi papá. Quería vengarme por lo que me hizo hacer, admito que tenía la cabeza un poco obnubilada por el alcohol, por lo que decidí dejar de beber, al menos por unos minutos. Pensé en una escena morbosa, algo que lo afectara porque yo nunca me olvidaría en mi vida de la vez que tuve la verga de mi tío entre mis tetas y mucho menos me olvidaría del sabor de su líquido preseminal.

    -Lamésela a Mayra –fueron mis palabras, hasta yo dudaba de haberlas dicho, pero fue lo primero que se me ocurrió. De inmediato miré a mi hermanita y noté la preocupación en su rostro– perdón –le dije sinceramente- si te molesta la cambio.
    - Está bien, no pasa nada –me respondió con una sonrisa un tanto forzada, debía admitir que la chica era valiente.

    Ella deslizó su silla hacia atrás y Pepe se le acercó con cautela rascándose su maraña de cabellos negros con la verga apuntando hacia adelante. No sabía muy bien cómo lo harían pero Mayra me respondió al levantar sus piernas hasta que las rodillas quedaron cerca de sus tetas. La piba era bastante flexible y estaba dispuesta a entregarse por completo. Su almejita rosada se abrió exponiendo una brillante perla. Cuando mi papá se agachó delante de ella noté que había una buena cantidad de espeso líquido fluyendo lentamente fuera del agujerito vaginal. Al parecer las mujeres de mi familia lubricábamos más que bien. Eric apretó el botón del cronómetro justo cuando nuestro padre dio la primera lamida, juntando jugo sexual con su lengua. Mayra cerró los ojos, supuse que no quería ver quién se la estaba chupando. Pensé que ésta sería su primera experiencia con el sexo oral. La lengua de Pepe se movía de abajo hacia arriba con gran destreza, de vez en cuando dio algunos suaves chupones al clítoris haciendo que la jovencita apretara más sus ojos intentando reprimir algún gemido.

    Los cinco minutos llegaron a su fin, mi padre se puso de pie y caminó con su verga por delante hasta su sitio aparentando toda la normalidad que podía darle a esta extraña situación, Mayra permanecía inmóvil, se miraba la conchita que ahora estaba más empapada que antes, al sumarse la saliva de su papi. A pesar de que yo puse la prenda me pareció un verdadero exceso, el juego ya había llegado demasiado lejos, pero no me atrevía a decirlo, además el hacerlo contradeciría mi propio morbo, no podía entender por qué esto me excitaba tanto sabiendo lo mal que estaba. Cuando ella por fin se acomodó en su silla pude notar que se llevaba una mano a la entrepierna y la dejaba apretadita ahí, manteniendo las piernas firmemente juntas. Quería ver más pero las cartas ya estaban sobre la mesa.

    A pesar de que obtuve un grupo decente de cartas, con dos pares, perdí, ya que éstos eran de números bajos y todos lograron armar un juego mejor al mío. Eso sí que era mala suerte. Eric se consagró con un full de tres nueves y dos reinas. Esperé resignada a que me indicara mi próximo desafío. Miró fijamente las tetas de mi mamá y pensé que me pediría que las chupe. No es que quisiera hacerlo, pero me parecía un castigo leve. Por desgracia estaba muy equivocada.

    -Tenés que… chupársela a papá.
    -¡Apa! –Exclamó mi mamá, mentalmente le pedía que por favor parara todo– la cosa se pone interesante –otra vez defraudada por mi propia madre.

    Me quedé quieta en mi silla durante varios segundos, todos estaban expectantes, rogaba que alguno recobrara la cordura y dijera algo pero sólo podía escuchar el ruido producido por los truenos y la lluvia. Intenté dejar mi mente en blanco y de pronto me vi arrodillada ante la enorme verga de mi padre, en ese momento un pensamiento me cruzó por la cabeza, si tenía que chupar alguna de las vergas presentes, prefería que sea esta. La aferré con mi mano derecha y le pasé la puntita de la lengua por el tronco iniciando mi tarea para poder terminarla lo antes posible, pero no me animaba a continuar, mi padre me observaba con una cálida sonrisa. ¿A caso no pensaba en que era su propia hija la que se la estaba por mamar?

    Forzosamente subí mi lengua hasta tocar la punta de su glande, para mi sorpresa el sabor no era malo, sólo algo saladito. Me pregunté por qué la de mi tío era tan amarga, supe la respuesta al tragar un poco del espeso líquido que fluía de la punta. No quise detenerme para que no me obligaran a iniciar todo otra vez. Hice girar la lengua alrededor de esa enorme cabeza intentando recordar cómo lo había hecho antes mi madre, pero no me animaba a llegar tan lejos. Metí el glande en mi boca apretando fuerte los labios y seguí jugando con mi lengüita. Me mantuve así durante unos segundos hasta que oí la voz de Victoria.

    -Ponele un poco más de ganas Nadia –no me estaba retando, sino más bien animando.

    Una vez más temí que me obligaran a comenzar desde cero e hice un enorme esfuerzo para engullir esa gran pija de a poco. Mi saliva me ayudaba con la tarea, no era tan difícil tenerla en la boca, la comisura de mis labios se estiraba mucho y me producía cierto dolor. Cuando llegué a la mitad retrocedí hasta la punta para volver a tragar. Me sorprendía que pudiera contenerla dentro a pesar del esfuerzo. Subí y bajé la cabeza unas tres veces más y todos comenzaron a animarme diciéndome cosas. “Eso así”, “Vamos más rápido”, “Demostrá que sos hija de tu madre” ese último comentario vino de la boca de mi tío. Los vítores me estimularon un poco y comencé a dar mamadas más rápidas y profundas, sentía mi conchita chorreando jugos. Tenía las piernas algo separadas y casi sin darme cuenta llevé una mano a mi clítoris y comencé a estimularlo sin dejar de chupar. Rogaba que nadie se diera cuenta que me estaba tocando. El calorcito me desinhibió y empecé a mamar tan rápido como podía y dando fuertes chupadas cuando llegaba a la punta haciendo que mis cabellos saltara para todos lados, creí que me iba a desnucar en cualquier momento y sentía el glande chocando contra el fondo de mi garganta. Por miedo a que esto me hiciera vomitar, la saqué de mi boca. Se me ocurrió sumar las tetas al juego, así me obligaría a apartar la mano de mi rajita y no la tragaría tanto. Enfundé la verga de mi padre con los senos y seguí chupando mientras las movía de arriba hacia abajo, este era el primer pete que hacía en mi vida y seguramente dejaría una oscura mancha en mi vida cada vez que recordara que lo hice con mi padre, a pesar de esto di fuertes chupones al glande. Todos festejaron mi atrevimiento. En ese momento mi madre dijo algo que me devolvió a la realidad:

    -¿Cuánto tiempo va? –no obtuvo respuesta inmediata, seguí chupando.
    -Uy, nadie prendió el cronómetro –dijo mi tío y ese momento me saqué la verga de la boca.

    Calcularon que habían pasado entre ocho y nueve minutos, casi el doble de lo establecido. A mi sinceramente no me importó, pero tenía mi orgullo y quería hacerme valer.

    -Eso es injusto –me quejé– ahora deberíamos subir el tiempo de las prendas a ocho minutos –no daba crédito a mis propias palabras.
    -Creo que sería lo más justo –dijo mi madre mientras yo regresaba a mi silla.

    Miré a mi papá y éste me observaba con una extraña sonrisa en el rostro y con la poronga en la mano. Le sonreí de la misma forma y mi corazón dio un salto cuando una frase cruzó por mi mente “Ya te la voy a chupar otra vez”. Me quedé muy quieta con el pulso acelerado mirando esa gorda y larga verga. Entre la pesadez que me dejó la borrachera y lo ocurrido no pude evitar imaginar una escena en la que entraba al cuarto de mi padre y éste me esperaba con la pija dura y yo se la comía toda, tal y como lo había hecho apenas un minuto antes. Sacudí mi cabeza en un intento por borrar para siempre de mi mente todas esas locas ideas.

    Una vez establecido el nuevo reglamento, seguimos jugando. Nadie se aburría de las cartas, éstas tenían cada vez mejor sabor porque no sabíamos lo que estaba en juego. En mi interior no paraba de repetirme que todo esto era demencial, pero al mismo tiempo me calentaba mucho. De pronto mi hermano dio un grito triunfal, él debía elegir la siguiente sanción y mi mamá sería su víctima. Quedamos expectantes mientras pensaba en algo, solía ser el más lento para decidir, tuve que darle un golpecito en la cabeza diciéndole:

    -Dale che, que esto no es ajedrez –eso hizo reír a todos, pero para Eric quedé señalada como su víctima número dos.
    -¡Ya sé! Mamá, chupásela a Nadia –me arrepentí al instante de haberlo golpeado.

    Era el primer desafío verdaderamente lésbico de la noche. Lo de las tetas fue una sonsera comparado a los desafíos que nos impartíamos ahora. Mil cosas pasaron por mi cabeza. ¿De verdad mi madre iba a comerme la rajita? Mientras Viki caminaba hacia mí con paso sensual me puse muy incómoda, ella parecía totalmente decidida o bien estaba completamente borracha.

    Esa misma madre que todas las mañanas me preparaba el desayuno… me comería la concha. No podía asimilar esa idea. Me puse más cachonda, aunque intentaba reprimirme. Ni siquiera me di cuenta que ella ya estaba arrodillada ante mí y me había separado las piernas ¡De verdad me la iba a chupar! Mi corazón se puso a mil y el cronómetro se puso en marcha. Al instante sentí el primer roce contra mi clítoris. Cerré los ojos, no quería ni mirar. Pude sentir cómo me chupaba el botoncito con fuerza y crucé mis piernas en su espalda, dejando su cabeza atrapada en el centro.

    Se me estaban alivianando las piernas, ya no podía pensar claramente, podía sentir un intenso calor bajando por mi vientre. La lengua de Victoria hacía un trabajo excelente, no podría aguantar ocho largos minutos de esta tortura tan placentera. Pude escuchar mis propios gemidos aunque entendía por qué estos salían de mi boca sin mi permiso. Estaba al borde de un orgasmo, intentaba reprimirlo con todas mis fuerzas, pero mi madre empleó dos de sus dedos, los incrustó dentro de mi agujerito y dio un fuerte chupón a mi clítoris. No pude aguantar más, sabía lo que vendría y no quería que ocurra frente a mi familia. Mi pubis estaba a punto de estallar, sentía espasmos internos y no sabía qué hacer, quería irme de allí antes de que alguno lo notara, me puse de pie de un salto apartándome de mi madre, era como si estuviera por orinarme encima y no tener dónde hacerlo, miré para todos lados y llevé la mano izquierda a mi vagina. Gran error, el solo contacto estimuló mi clítoris al límite y estallé.

    El orgasmo fue tremendamente intenso, no pude reprimir mis gemidos, que se parecían más a gritos de agonía y desesperación. Instintivamente estiré mi mano derecha hacia mi madre pero no pude agarrarme de ella. Un fuerte chorro de líquido salió de mi concha y cayó al suelo en una lluvia de placer. Intenté tapar el orificio de salida con los dedos pero no sirvió de nada, más jugo salió despedido de ella salpicando todo el piso y otro grito salió de mi garganta. Las piernas ya no me sostenían, fui cayendo de rodillas lentamente, mi madre me tomó de la mano derecha y me sostuvo pegándose a mí. Con eso además me cubría un poco de la vista de los demás. La cabeza me daba vueltas, en parte se debía a las grandes cantidades de alcohol ingerido, no sabía ni dónde estaba, sentí algo húmedo contra mi mejilla y un fuerte olor a sexo femenino que me embriagó todavía más. Mi obnubilada mente se percató de que estaba muy cerca de la vagina de mi madre, tenía los ojos cerrados y sentía que el piso se inclinaba de un lado para el otro, mi cara se frotó contra los carnosos labios vaginales llenándose de fluido, por alguna razón esto no me molestaba, al contrario, me confortaba esa calidez maternal. La concha quedó contra mi boca y como un bebé que busca una teta, me prendí de uno de sus carnosos y voluptuosos labios vaginales. Chupé intensamente absorbiendo todo el líquido que lo empapaba. El sabor era muy intenso, algo salado pero maravillosamente dulce para mí. Era mi forma de agradecimiento. Esa mujer no sólo me había dado la vida sino que también me dio el momento más placentero que había experimentado jamás.

    Recobré la compostura y me di cuenta del tremendo papelón que había hecho. Por suerte nadie pudo ver las chupadas que le di a la concha, eso sólo quedaría entre mi madre y yo. Me puse de pie intentando mantenerme derecha, preparándome para el torrente de burlas y comentarios hirientes, pero ninguno hizo nada de eso, todo lo contrario. Mi hermanita comenzó a aplaudir entusiasmada y todos se le sumaron, Victoria inclusive. Me sentí como una actriz de teatro al finalizar la función, no pude evitar sonreír. Hice un par de reverencias a mi halagador público. Hasta mi hermano parecía encantado y me sonreía como nunca lo había hecho.

    La verdad es que a esta altura, y luego de ese tremendo orgasmo, ya no quería que el juego terminara, le había encontrado el gustito a la situación y me intrigaba saber qué pasaría con mi familia de ahora en adelante. La siguiente en perder fue mi hermanita y mi papá tuvo que imponerle el desafío. Ella parecía nerviosa y se sonrojó bastante, al Pepe lo notó e intentó ser suave.

    -Tenés que bailar para tu hermanito –le dijo. Mayra lo miró de forma extraña, con el ceño fruncido, no logré adivinar en qué pensaba.

    Supuse que se negaría a seguir con todo esto, pero se levantó de la silla y tomó a Eric de la mano indicándole que se parara. Mi tío puso la misma música sensual con la que se había bailado antes y Mayra se puso de espaldas a su hermano, debía bailar durante ocho minutos y ganarse la aprobación del muchacho. Ella comenzó a bambolear su redonda cola de un lado a otro, parecía una odalisca. Pegó su espalda al pecho de mi hermano y éste la tomó por la cintura. La respingada colita de la muchachita rozaba el pene que tenía detrás, cuando intentó pegarse un poco más a él Eric se apartó un poco, lo cual me extrañó mucho, luego de la reacción que había tenido al bailar con mi mamá arrimándola descaradamente.

    La grácil mujercita provocó que la punta del pene se pierda entre sus glúteos. Su hermano comenzó a acariciarle el vientre suavemente, pero no intentó ir por sus pechos ni presionó con su pelvis, a pesar de tener el miembro ya dirigido hacia la zona más prohibida de su tierna hermanita. Ella, por el contrario, se inclinaba hacia adelante parando la colita, era como si buscara el roce. Sus nalgas se abrieron mostrándome su apretado y rosado ano, el glande estaba apoyado justo contra él, pero Eric parecía estar retrocediendo disimuladamente. No podía verle la cara a Mayra, pero sus movimientos dejaron de ser sensuales y el tiempo se estaba acabando.

    Con el final acercándose, logró pegarse mucho al duro pene y mi hermano ya no pudo retirarlo. Me sorprendió mucho lo que vi. Ella incrementó la presión y su pequeño culito comenzó a abrirse notoriamente. Solamente yo podía ver eso, el resto parecía ajeno a la situación y observaban con una sonrisa en sus rostros. La punta del pene comenzó a deslizarse mientras el anillo anal se abría más y más. La dilatación no paró hasta que todo el glande se perdió dentro. No podía creer lo que veían mis ojos. Mayra se movió sensualmente una vez más y Eric le apretó las tetas sin siquiera sacar la verga que le estaba taladrando el culo a su hermanita, aunque tampoco intentó presionar más. El pene había perdido su cabeza y estaba evidentemente incrustado en el culo de la pequeña.

    El tiempo terminó y vi el glande emergiendo como si fuera una mano sacándose un guante. El culito de mi hermana había quedado muy abierto formando una “O” que fue cerrándose de a poco. Regresó a su silla con el ceño fruncido y los labios apretados. Eric le dio un diez por su gran baile, pero ella no pareció contenta. De algo estaba segura, de ahora en más mi hermano se haría mil pajas pensando en el apretado culito de Mayra.

    Comencé a repartir las cartas para que nadie reparara en el extraño enfado de mi hermanita. Me puse a pensar qué tipo de desafíos podría haber de ahora en adelante y por estar distraída, perdí. Miré alrededor de la mesa buscando al triunfador mientras tomaba un buen sorbo de vino de mi vaso que parecía nunca vaciarse, supuse que mi hermano o mi padre se encargaban de mantenerlo lleno. La ganadora fue Victoria, haciendo honor a su nombre, me sonrió con malicia y me quedé petrificada, pude leer en sus ojos que algo terrible se avecinaba.

    -Tenés que meterte la verga de Eric –miré para todos lados confundida ¿había escuchado bien?
    -¿¡Qué!? –exclamé incrédula, ¿Cómo podía ser que mi mamá me pidiera semejante cosa?
    -Eso que dije –dio un sorbo a su vaso– y tiene que estar bien adentro –otra vez su maliciosa sonrisa.
    -¿Me estás diciendo que me tengo que dejar coger por mi hermano? –eso fue como un quiebre para mí, una cosa era chupársela a mi papá o hacerle una turca a mi tío, ellos me caían bien y eso me facilitaba las cosas pero a mi hermano no lo quería de la misma forma y no quería sentirme ultrajada por él.
    -No, coger no. Solamente tenés que tenerla adentro y esperar ocho minutos, eso no es coger –no sabía si discutirle sobre ese formalismo, seguramente me daría algún argumento lógico y convincente que me haría dudar más todavía.
    -De todas formas no lo voy a hacer –dije con firmeza
    -Entonces quedás afuera del juego –eso lo dijo mi propia hermanita- el que no pasa un desafío, pierde.

    Miré a mi padre, la única persona que podría llegar a estar a mi favor pero él se encogió de hombros.

    -Es solamente un juego Nadia, si te molesta no hace falta que lo hagas, pero tu hermana tiene razón. No vas a poder seguir jugando –contestó Pepe.

    No podía creerlo, toda mi familia parecía estar en mi contra, hasta mi tío me animaba a que lo hiciera y ya podía notar una gran sonrisa en la cara de Eric. Instintivamente le miré su verga, la tenía gorda y dura, parecía a punto de reventar y se sacudía sola, tensándose al máximo para luego relajarse un poco. Para ser justa con él, nunca había estado con un hombre que la tuviera así de grande… con excepción de la mamada que le había hecho a mi padre. Al recordar ese momento me mojé mucho, me había metido la verga de mi propio padre en la boca y ahora pretendía negarme a meter la de mi hermano, por otro orificio. No tenía muchos argumentos para defender, no sabía que decir más que:

    -No, no quiero. Prefiero no seguir jugando.
    -Entonces tenés que ir a tu cuarto –dijo mi madre.
    -¿Me estás castigando, mamá?
    -No hija. Es que si estás fuera del juego tenés que irte –estaba por preguntarle por qué cuando mi hermanita respondió a esa pregunta sin que yo la hiciera.
    -Es que si te quedás estarías mirando y esa es una forma de participar del juego –ella había heredado la inteligencia y el carácter justiciero de mi madre, siempre era rápida para entender las cosas, aunque fuera calladita.

    La idea de irme dejando que mi familia siguiera con ese juego sin mí me incomodaba bastante. Tendría que estar encerrada en mi cuarto pensando qué estarían haciendo. Era algo que no podía tolerar. Intenté forzar mis pensamientos y abrir mi cabeza al límite. Miré otra vez esa verga, yo sabía que tan cachonda podía ser con un chico y en una situación normal no me resistiría a semejante pedazo de carne. Me lo montaría sin dudarlo y saltaría como una loca, tragué saliva y me dije a mi misma que si cerraba los ojos podía pensar que se trataba de otra persona.

    -Está bien, lo voy a hacer -todos exclamaron de alegría, menos mi hermana. ¿Qué estaría pasando por su cabecita?
    -El tiempo empieza a correr cuando esté toda adentro –mi madre podía ser muy diabólica cuando se lo proponía, justa pero diabólica.

    Para no estirar mucho la situación moví la silla más atrás y levanté las piernas quedando bien abierta, de mi rajita aún fluía juguito y mi blanca piel brillaba por el sudor. En cuanto Eric se paró delante de mí, cerré los ojos, yo no debía hacer nada, solo recibirla y tolerarlo durante ocho largos minutos. Sentí el glande el glande introduciéndose en mi agujerito, me estremecí un poco ya que pensaba que por algún motivo divino lograría evitar que me la metiera, pero no era así, realmente estaba entrando y lo hacía lentamente pero sin pausa. Mi conchita se abría más y más y podía sentir esa carne deslizándose hacia mis profundidades mientras el contorno de mi vagina se estiraba para amoldarse al diámetro. ¿Por qué la tenía que tener tan grande? Hasta me dolía mientras me clavaba, por suerte lo hacía de forma suave y delicada. ¡Esperen, esto no es propio de Eric! Él hace todo a lo bestia, en ese momento me percaté de que mi hermano me penetraría de la forma más lenta posible para poder tenerla más tiempo dentro de mi concha. Para acelerar las cosas me vi obligada a abrazarlo con fuerza. Lo atenacé con mis piernas haciendo que la verga entrara completa de una vez. Solté un grito, no es que me doliera mucho, era sólo una reacción involuntaria, pero ya estaba adentro, bien adentro. Ahora sólo debía esperar. En eso escucho la voz de mi hermano cerca de mi oreja izquierda.

    -¿Qué pasa si acabo adentro?
    -¡Callate pelotudo, no hables! –Le grité enfadada- ¡Y no te muevas!

    Lo cierto es que no quería que hablara porque eso me haría las cosas mucho más difíciles. Intenté relajarme, pensar en él como si fuera otro hombre. Su pecho estaba pegado a mis tetas. Su aliento llegaba a mi cuello produciéndome un extraño hormigueo. Tenía la espalda fuerte, se la acaricié suavemente con ambas manos. Mi conchita estaba de fiesta, soltaba juguito a cada rato. Escuché el sonido de su corazón latiendo con rapidez, el mío estaba igual. De a poco me permití disfrutar de ese olor varonil, de esos músculos firmes, del leve roce de su vello púbico contra mi clítoris. A pesar de que él se quedaba lo más quieto posible, siempre había cierto movimiento. Podía sentir toda la extensión de su enorme verga en mi interior, nunca me había metido algo de ese tamaño y tuve que reconocer que se sentía morbosamente bien. Apoyé mis labios contra su cuello y respiré por la nariz, estaba borracha y muy excitada. ¿Qué importaba si era la verga de mi hermano? Era la mejor verga que me habían metido en mi vida. Apreté más las piernas para atraerlo más hacia mí y noté que se me clavaba un poco más adentro. Los músculos de mi vagina se contrarían y expandían constantemente, un fuerte gemido se escapó de mi boca. Al tener los ojos cerrados el resto de mis sentidos estaba potenciado. Aflojé un poco las piernas y sentí que la verga salía un poquito pero enseguida él volvió a meterla hasta el fondo, agradecí que hubiera hecho eso y gemí una vez más. No tenía noción del tiempo. El pene retrocedió dos veces más para volver a entrar, pero era un movimiento casi imperceptible, supuse que sólo intentaba acomodarse y aproveché la ocasión para menearme un poco. Cuando él inició un lento vaivén otro quejido estalló en mi garganta, solté un poco más mis piernas como para permitirle moverse mejor y pude sentir cómo bombeaba mi lujuriosa conchita con buena parte de su verga. Mi mente se fue a otra parte y allí sólo quedó el placer físico. De pronto sacó casi toda su verga y me clavó con fuerza, me descargué dando un agónico grito de placer, me embistió una vez más, me agradó la sensación de rigidez en mi interior, la forma en que mis labios internos se adaptaban a ese cilindro venoso, la agradable sensación que me producía el que me la clavara hasta el fondo, ese líquido tibio inundando mis entrañas… ¿liquido tibio?

    - ¡Pelotudo de mierda! –grité volviendo de golpe a la realidad.
    -¿Qué pasó hija? –preguntó mi madre.
    -¡El muy hijo de puta me acabó adentro!

  2. #2
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