Con 42 años estoy en el mejor momento de mi vida. Divorciado y vuelto a juntar con otra mujer. Alegre, simpática, atrevida, y madre soltera desde hace 20 años. Ambos nos hemos quitado de encima perjuicios, etiquetas y tabús en cuanto al tema sexual. Yo considero que somos bastantes abiertos. Tenemos sexo de forma regular varias veces a la semana y en verano hacemos alguna que otra fiesta liberal con conocidos y conocidas. No estamos dentro del ambiente swinger, pero es inevitable terminar teniendo sexo liberal en esas fiestas. En concreto, en una de esas reuniones veraniegas tuve sexo con mi hijastra, la hija de mi compañera actual.


Todo surgió de forma bastante natural, estábamos varias personas en el jardín. Como otras veces, casi todo el mundo con cervezas en la mano. Gente tomando el sol en las tumbonas, otras personas en el agua de la piscinilla, mi pareja preparando la mesa y picoteos, y yo en la barbacoa preparando las brasas y la carne para ser un buen anfitrión, etc...


En esa situación, se me acerca la hija de mi pareja. Con un bikini colorido de top en forma de triángulos que esconden sus pechos escasos e insinúan sus pezoncillos a través de la tela. Como braga del conjunto, una de esas estilo brasileña que son tipo tanga pero con cintura ancha. Llega hasta mi goteando agua por todo el cuerpo. Se tira del tanga que deja a la vista la marca a media nalga y cadera del otro bikini que suele usar. Mueve la cabeza para que toda la melena le caiga a un lado. Se sujeta el pelo con las dos manos y lo escurre para secárselo mientras el agua brota de entre sus cabellos y escurre por sus manos y antebrazos hasta caer al suelo desde su codo. Yo miro su cuerpo y espero a que me diga que quiere, porque sino no dejaría el agua de la piscina por el calor de las brasas.


Se recoge el pelo en una coleta y exclama con cierta guasa: “¡Anda que no te pone bien mi madre!” “Ya será menos, eso será por dar envidia.” Respondo yo sin darle más importancia al comentario. A lo que ella me contesta: “Que va, no es por eso.” Alarga uno de sus brazos, se coge mi lata de cerveza y se bebe lo que le quedaba de un trago. La apoya en la mesa y apostilla:
- Que yo os escucho follar alguna vez y no veas...
- Pues imagino que como todo el mundo, que a ti también te escuchamos a veces y no te lo pasas nada mal.
Ella se ríe y entre risas me lanza una indirecta: “Bueno, me voy otra vez al agua a seguir tomando apuntes de sexo, ¡león!” Ese “león” me deja un poco descolocado porque es como me llama a veces su madre mientras tenemos sexo. A la vez que se aleja, le respondo en voz alta: “Si quieres clases privadas tienes profesor en casa”. Ya desde la distancia me dice: “Pues a ver cuando me examinas” y se da un cachete en el culo pequeño pero redondito que tiene. Da 3 pasos de carrerilla y se tira de cabeza a la piscina.


Hasta aquí no le dí más importancia a la conversación que la de una chica joven que vive la sexualidad de forma abierta y sin perjuicios. Un tonteo sin más en consonancia con la buena relación que tenemos los dos y yo con su madre.


Después de un rato de sobremesa charlando todos, yo digo que me voy un rato a acostar la siesta dentro. En lugar de irme al dormitorio, me tumbo en el sofá. Acto seguido, entra Noemí (mi hijastra) y en tono de broma me dice: “Eso, eso, descansa. Váyase que te canses de no hacer nada”. Yo le respondo que por un día no pasa nada. Y ella me dice, que justo el día que más gente hay le toca a ella fregar los platos y todo. Por no seguir escuchando sus quejas, me levanto y voy con ella a la cocina para ayudarle a fregar. Allí mientras estamos liados los dos con los platos, cubiertos y tal. Ella suelta: “Si que tiene que ser morboso follar aquí, ¿no León? Que mi madre ha estado contando los polvazos que tenéis” (risas) A continuación empieza a gemir y simular que la follan contra el fregadero. Yo le digo que se esté quieta, ella me mira y me dice: “Si tu estás deseándolo.” (Mientras baja su mirada hacia mi entrepierna). ¿De verdad prefieres sexo con una de esas a este cuerpazo? (refiriéndose a las que estaban fuera) Yo me quedo inmóvil admirando su cuerpo. Ella saca culo, se aparta la braga y mientras se pasa un dedo por el ano, me sigue presionando. Al final me puede el morbo y respondo: “Bueno, una cosa rápida arriba en el dormitorio, un esquema del temario.

Según subimos por las escaleras, ella se adelanta y en el último tramo se para y sin flexionar las piernas, se dobla hacia adelante sujetándose con las manos 2 o 3 peldaños más arriba. Así me dice “
¿Esto es lo que te hace mi madre, no?” Yo sorprendido, afirmo sin quitar la vista de esos cachetes redonditos y bancos. Llegamos al dormitorio y ella se quita el bikini que llevaba. Se queda totalmente desnuda ante mi. Su 1,60 de altura sin nada de vello de cejas para abajo. Su piel dorada a excepción del su pubis, pechos y glúteos. Se da varias vueltas y hace poses para que pueda contemplarla. A la vez, yo dejo caer mi bañador y cierro la puerta del dormitorio para evitar interrupciones.


Ella me mira y exclama: “Ahora entiendo muchas cosas de mi madre” Yo me sonrío tímidamente. Ella se dirige a la cama, se tumba bocarriba, levanta las piernas, coloca sus rodillas casi en sus hombros y se sujeta con las manos sus propios pies. Yo con dudas, pregunto inocentemente “¿Vas muy directa, no?” Ella sin cambiar de postura y mirando al techo me responde: “Tócame y verás


Yo acerco mi mano a su vulva blanca. Sin llegar a tocar su piel, siento el calor que desprende. Al tocarla, descubro que es todo humedad. Tiene los labios vaginales inundados. Arrastro los dedos por su delicada piel y llego hasta su ano. Muy caliente, suave, sin ninguna almorrana, rosadito y cerrado. Con un respingo comenta: “Pero tampoco vayas a empezar por el culo.” Yo le replico que esté tranquila y relajada. Casi como algo protocolario, le pregunto de forma afirmativa si toma la píldora. A lo que ella me corta diciendo que no. Le pregunto por los condones y su respuesta es que gastó el último que le quedaba hace unos días. Unos segundos de silencio invade la habitación. Son cortados por un resoplido mio. Me acerco a ella y paso mi lengua por su ingle, por uno de los muslos. Ella se relaja y suspira. Pongo mis labios en su vagina y succiono levemente. Mi boca se llena de sus flujos. Tienen un gusto más dulce que el de la madre, y también tiene una textura menos viscosa. Es un placer beber de su cuerpo. Coloco mis manos en su ingles, con los pulgares por abajo y los dedos índice de cada mano a lo largo de su vagina sobre sus labios. Presionando un poco para abrirla y que mi lengua pueda pasar entre ellos. Paso mi lengua, le lamo los labios, aprieto mi boca contra su coño. En la habitación solo suena la humedad de su coño al pasar mi lengua y algún pequeño quejido suyo. Subo a su clítoris, hago que la punta de mi lengua baile alrededor de su clítoris. Le pongo saliva mía para que esté lubricado y pueda frotarlo. Cierro mi boca y con los labios froto su clítoris. Muevo rápidamente mi cabeza de lado a lado. Noto en su cuerpo que su nivel de excitación sube a cada segundo como la espuma. Es el momento de introducir un dedo en su vagina. Entra sin problemas deslizándose entre todo el flujo que tiene. Puedo notar el tremendo calor que guarda en su interior. Casi parece que me arde el dedo dentro de ella. Localizo su punto G y comienzo a estimulárselo. Ella estira las piernas, pone sus rodillas entre mis sienes y las cierra con fuerza a la vez que no deja de asombrarse: “¡¡Dios mio!! ¡Mi madre! ¡Y sin la polla! ¡¿Pero qué me haces?! ¡No pares, no pares, no pares!Y varios resoplidos entre medias.
Yo sigo a lo mio, no me detengo. Solo hago pequeñas pausas, para decirle que no sea tan escandalosa, que se ponga la almohada. Ella me hace caso y sigue disfrutando en su particular “silencio”.


No sé cuanto tiempo después, pero ella ya está con el orgasmo a punto. La mezcla de mi saliva con todo lo que sale de su coño va escurriendo por su cuerpo pasando por su ano, lubricándoselo de forma natural. Sin que se lo espere introduzco mi dedo índice de la mano izquierda por su ano. Cuesta un poco penetrarla aunque se que no es virgen de culo. Su acto reflejo ha sido apretar los glúteos, pero ella ha sacado su experiencia de hacer anal y en apenas unos segundos, ha relajado el culo y todos los muslos. El dedo ha entrado sin ningún problema hasta el fondo. Ella a empezado a soplar más y más como si estuviera pariendo, repitiendo una y otra vez: “lo que quieras, lo que quieras”. Han pasado unos minutillos así y en cuanto siento que el dedo en su ano ya queda flojo, le digo que se ponga al revés. Automáticamente se ha puesto a 4 patas en el borde de la cama y con sus propias manos separándose las nalgas. Yo le he dicho que no hacía falta, que mejor se ponga las manos en la pared para sujetarse. Yo agarro mi polla y froto la punta por sus labios vaginales, automáticamente ella ha dicho: “Recuerda que no tomo pastilla” yo ni la he contestado, he seguido mojando mi polla en sus fluidos y cuando la he visto bien húmeda, la he llevado hasta su ano.
He comenzado a empujar para meterle la polla dentro, pero no entra. Ella aguanta la embestida pero se queja de que molesta y no entra. Yo junto mis dedos índice y corazón y se lo introduzco por el culo. Los dedos si entran bien. Ella gime y se relaja pasando de tener la espalda convexa a cóncava. - Ahora sí
- Son solo dedos Noemí
- Pues fóllame el culo con los dedos que me encanta.
Muevo mis dedos dentro de su culo, primero giro la muñeca hacía delante y hacia atrás, más tarde paso a intentar separar los dedos como si quisiera hacer el signo de victoria en su interior. Ya va dilatando un poco a la vez que disfruta, le saco y le meto los dedos como 3 o 4 veces. Su ano está muy caliente y puedo ver como gotea flujo desde su vagina a las sábanas.


Me escupo en la otra mano y extiendo la saliva por la punta de polla erecta. Vuelvo a acercarme a ella y colocando la punta en su ano, comienzo a empujar. En un principio sigue sin llegar a entrar. Ella exclama entre sufrimientos que es demasiada polla, yo le respondo que es de culo estrecho. En esa conversación se obra el milagro. De repente, el agujero se abre y me caigo hacia delante penetrándola analmente por completo. Ella chilla y comienza a decir: “No puedo, no puedo, me duele” yo le digo que es solo el principio, que aguante un poquito. Ella comienza a llorar y entre sollozos y resoplidos sigue diciendo que no. Lo cierto es que yo noto como me aprisiona su culo la polla. Realmente está apretando fuerte, está claro que es de culo estrecho y mi polla gruesa para ella. Sin embargo, yo sigo en mis trece y no se la saco, simplemente dejo que esté dentro de su culo para que se le vaya adaptando. Ella se revuelve un poco y con las manos intenta empujarme para que se la saque. Sigue llorando y diciendo que le arde el culo. Me suplica que la saque: “Antonio por favor, me arde el culo, ¡¡duelee!!” Yo le indico que se masturbe el coño, ella me responde que ya lo hace pero el culo es demasiado.


Pasan los segundos y ya se va calmando, aunque todavía no he movido ni un ápice mi polla de su interior. Le pregunto si está bien, me dice que algo mejor. Con mis manos busco sus pechos y se los acaricio despacio a la vez que comienzo a mover mis caderas. Todavía entre sollozos, ella me recuerda que lo haga con cuidado. Comienzo a follarle el culo lentamente. Voy subiendo la intensidad del movimiento poco a poco. Según veo que ella va mejor. Ahora todo va bien, ya le puedo follar el culo a un ritmo normal, ni muy suave ni fuerte. Mientras, ella sigue suspirando y dejando escapar el placer a través de su respiración. De repente la escucho decir entre balbuceos: “Ahora comprendo a mi madre...ufffff... ¡joder!... mmm.. Tienes un pollón que te destroza por dentro.” Yo me rio, y comienzo a darle alguna que otra embestida. Automáticamente ella sopla y comienza a pedirme que no pare y que siga así, incluso se le escapa algún “más” entre medias.
Empiezo a follarle el culo de forma más dura, embestida tras embestida. He dejado para el final lo mejor, le digo. Ella no me responde. Sigo con las embestidas fuertes, pero ya sacando la polla de su agujero y volviéndola a meter. Se sincronizan mis embistes con sus quejidos. Mi polla cada vez que sale vuelve a entrar de un solo golpe hasta lo más profundo de su culo. Yo concentrado en darle pollazos apenas escucho sus gemidos y su lamento de: “Me estas rompiendo el culo pero no pares


Ahora su ano está muy abierto, tanto que según saco la polla no se le cierra el esfínter. Estoy un tiempo follándola el culo así, metiendo y sacando la polla.
Entre el ruido de su culo rompiéndose, mi respiración agitada, la suya y los gemidos, me pasa desapercibido que está medio llorando. Presiento que llega mi corrida, en el último momento decido correrme fuera, sobre sus nalgas. La saco de su culo y la apoyo encima. En un instante, mi semen queda salpicado por su espalda, por los hoyuelos de los riñones y por sus nalgas. Que al no tenerlas bronceadas, apenas se distingue. Pero ahí está.


Sin decir nada, ella se levanta y se va al baño a limpiarse. Al volver la veo llegar con los ojos inflamados y muy rojos. Preocupada me dice:
- Se me ha quedado el agujero abierto, me estoy tocando y no se me cierra como otras veces que he hecho sexo anal.
- No te preocupes, eso es normal, te lo he follado bien, dale tiempo y se cerrará.
- ¿Seguro?
- Claro, tu por eso no te preocupes.

Ambos bajamos de nuevo al jardín, según vamos, noto que va andando un poco raro. Y nada más llegar, uno de los amigos que está allí, la pregunta si está bien. Ella dice que si, que cree que el cloro de la piscina le ha hecho reacción en los ojos. A lo que él le explaya: “
Bueno yo lo decía porque parece que cojeas un poco” a lo que ella dubitativa responde: “Es un tirón de nadar” y yo apostillo: “Tiene una pequeña sobrecarga muscular en el sartorio

El resto de la jornada siguió como de costumbre.