Mi hijita adorada Alicia 25 (FIN)

Ya me estaba retirando del local al escuchar la campanita que tenían sobre la puerta, esas que suenan cuando alguien abre. Como si estuviésemos haciendo algo indecente Martita se puso detrás del mostrador acomodando su pollerita nerviosamente.
La clienta parecía conocer bien la tienda revolviendo los estantes en busca de su mercadería, como no nos veía directamente aproveché para apoyar a Martita por la espalda haciéndole sentir mi dureza en la cola. Sabiendo que ahora debería atender personas extrañas le susurré al oído que debería acomodarle bien la bombachita por el accidentado choque de recién.
No respondió pero el temblor de su cuerpito dejaba adivinar sus emociones encontradas, pasando las manos debajo de su vestidito me dediqué a explorar concienzudamente su cola, las nalguitas hermosas y el profundo valle que las separa hasta dejar un dedo haciendo presión sobre su anito. Se notaba muy seco por lo que mi mano pasó a su tajito, allí había juguito como para lubricar una locomotora facilitando al invasor dactilar ingresar por el asterisco.
Se notaba muy apretadito aunque recordaba que por ese túnel ya había ingresado mi tren cuando estaba dormida.
La pobre Martita ponía cara de pocker apenas disimulando la sensación de un dedo entrándole en el culito, yo estaba con el bicho en la otra mano ya apuntando al culito de la rubia y me tuve que detener al escuchar la voz de la clienta, sonaba triste, pero no la tristeza que aveces nos agobia.
Era algo más intenso, le brotaba desde las profundidades del alma y parecía contagiar su estado anímico.

Me puse al costado de ella para que me llegase mejor su voz, estaba intrigado por esos sonidos melodiosos, su voz no era opaca ni monótona pero sí profundamente triste.
Al verme le dijo a Marta que me atienda primero que ella no tenia apuro, sus palabras no lo decían pero la tonalidad gritaba "me da todo lo mismo, que atiendan mi pedido ahora o nunca".

Mi intriga crecía y me pasé al otro lado del mostrador mientras Martita le decía que no era un cliente, era solamente un amigo de la casa. Ahora la tenía de frente y le podía ver bien la cara, una carita enmarcada por un cabello lacio bastante largo.
Me dispuse a ayudarle envolviendo las cosas que ya estaban anotadas mientras Martita sonreía pensando que yo estaba haciendo tiempo para volver a estar a solas con ella.

La vista de ese rostro me produjo un shock, tenía hermosas facciones pero su mirada transmitía una profunda tristeza mezclada con paz, podría definirla como resignación. Sus movimientos reflejos eran pausados, como si dispusiese de todo el tiempo del universo, así como me miró también lentamente continuó con su pedido.

Su aspecto y modales me flechaban en dos puntos cercanos: en el corazón y en el pito, me estaba enamorando y a la vez me la quería cojer.

Cuando le llegó el turno de pasar por la caja me despedí de Martita que esperaba que la abrace o le dé un beso, todo lo que pude hacer es chuparme el dedo que recién estaba metido en su culito. Toda mi atención estaba puesta en sincronizar los pasos para coincidir en la puerta con la clienta.
Esa puerta que detuve con la mano para que pueda salir con muchas bolsas y paquetes. Iba tan cargada la pobre que me ofrecí a llevarle unas cosas y caminaba al lado de ella sin recordar que tenía el automóvil a unos metros de la puerta.

Conversaba lentamente, sus palabras fluían sin dificultad pero siempre con ese tono característico. Contaba que vivía con su madre que trabajaba haciendo costuras, no necesitaban ese dinero con urgencia pero las mantenía ocupadas agregando que su nombre era Marlene.
En ese momento era un nombre más para memorizar pero con el tiempo se iría grabando a fuego en mi alma.

Llegamos a una casa antigua, sus paredes tenían mucha historia pero estaba bien conservada además el jardín frontal lucía prolijamente cuidado. Estaba por despedirme pensando qué decirle para poder volver a verla cuando Marlene pidió como último favor le ayudase a entrar las bolsas y ponerlas sobre la mesa. Nos recibió la madre con ojos alarmados hasta que Marlene le explicó que era un amigo de la tienda ayudando con tantos paquetes.
La señora inmediatamente cambió la expresión ofreciéndome una silla preguntando si quería algo para tomar mientras agradecía que hubiese ayudado a su hija con el encargo. Preguntó si debía retornar pronto al trabajo y le dije yo no estaba empleado allí siendo solamente un amigo de la familia.

La mujer comentaba orgullosamente que su hija sabía tocar el violín y hace unos años ya sabía ejecutar temas complejos. Señalaba un mueble con infinidad de discos 33rpm y otros muchos CD mientras decía que tenían muchísima música clásica. En efecto un aparato reproductor estaba largando una dulce melodía que se integraba al ambiente, no la había percibido al entrar pero allí estaba: majestuosa.

Mucho tiempo después aprendería que era una pieza de Chopin llamada Tristesse interpretada en violín y piano. Lo descubriría recién cuando yo mismo ponía esos discos en mi reproductor para recordar a Marlene, para revivir el día en que la conocí, pero eso sucedería mucho más adelante que lo que estamos relatando. Yo recién estaba a las puertas del infierno sin tener idea de lo que el destino nos tenía preparado.

Al pedirle que me permitiese oírla con su violín la chica se animó diciendo que mejor en su dormitorio así no molestaba a su madre que prefería escuchar los discos a bajo volumen mientras confeccionaba.
Alargué el brazo como esperando me llevase de la mano ya que estaba mal acostumbrado con mis nenas que tironeaban para conducirme a cualquier parte. Marlene no caminaba con entusiasmo pero tampoco con pereza, todos sus modos eran una intriga que se agregaba a otra.
Cuando llegamos me hizo sentar sacando su instrumento, un precioso violín que parecía antiguo, la madera brillaba pero se le notaban los años.

Cuando apoyó el arco hizo llorar las cuerdas sacando una melodía melancólica, muy bien ejecutada pero transmitía esas sensaciones que percibí en su voz apenas conocerla. Entrecerraba sus párpados y cuando los abría tenía la mirada perdida en un lejano horizonte, las pocas oportunidades que podía fijar mis ojos en los suyos transmitía su profunda tristeza, no sé cuánto duró eso pero yo estaba petrificado en la silla con los ojos húmedos.

Tuve que confesarle que me habían conquistado sus expresiones tristes y contó a medias que se había peleado con su novio, yo no podía demorar mi estancia allí y estaba saliendo hacia la puerta de calle cuando le dije que era una magnífica violinista y me encantaría oírla alguna otra vez. Respondió sin risitas pero con un tono más alegre que venga cuando quisiera, que ellas estaban solas todo el día en esa casa, me despidió con un besito en la mejilla que no me animé a devolver, mi beso se depositó en su mano mientras doblaba una rodilla en reverencia.

Conduciendo de vuelta a casa pensaba qué contarle a Alicia, mi diosa estaría hambrienta de historias pero decidí borrar de mi memoria las experiencias en la casa de Martita, también decidí conservar secretamente lo vivido en la casa de Marlene, todo lo que se refiriese a Marlene.
No me imaginaba que conocería a Beethoven ni que temblaría oyendo a Mozart, mi vida había sido superficial y recién buscando aventuras con niñas creí haber logrado llenar el vacío que me aplastaba antes.

Apenas llegar a casa vino corriendo Alicia y me dio un beso disimulado informando que había llegado la madre que estaba preparando la cena. Dijo estar preocupada por la tardanza arrastrándome de la mano hacia la mesa para comer. Al sentarme les dije que ya había cenado, que había comido algo en casa de Martita y la madre me daba la lata hasta que logré escapar.

Me fui a la cama mientras mi hijita miraba extrañada cómo me atrevía a saltear los inevitables arrumacos que nos hacíamos en el sillón por la nochecita, llueve o truene; yo también hacía tremendo esfuerzo para no ir corriendo y alzarla llenándola de besos, sus labiecitos me eran imprescidibles para vivir pero ahora quería pensar sólo.
Me puse a buscar una estación de radio clásica en el aparato donde normalmente pasaba temas populares sin saber que ese tipo de música me acompañaría el resto de mi vida.
Cerré los ojos sin lograr dormirme, una y otra vez volvía la imagen de esa chica en ropa negra con su violín llorando gotas de sangre.

Al día siguiente, luego de dejar a Alicia en el colegio, caminaba sin rumbo fijo pensando que había sido cruel con Alicia, debería haberle contado de mis torturas mentales.
Sin advertirlo estaba frente a la vieja casona golpeando la puerta, salió la madre con cara preocupada preguntando si me sentía bien, notaba mi cara pálida. Le comenté que estuve en el negocio de mi amiga y había pasado a saludarla y agradecerle su amabilidad del otro día. La verdad es que no sabía qué decirle y no podía contarle que me torturaba pensando en su hija.
Tomada de mi brazo casi me empujó dentro de su casa, me hizo sentar y pidió a Marlene que trajese un vaso de agua despidiéndose simultáneamente: debía entregar unos pedidos de costura.

Tuve que pararme apenas Marlene se sentó, debía acariciar sus cabellos y enterarme qué la atormentaba. De pié tras su silla acariciaba su cabellera mientras ella se revolvía nerviosa, para cortar el ambiente tenso le dije que yo era el asesino de los periódicos y ahora la extrangularía. Mi loca frase logró que esbozara una sonrisa replicando que ella me perseguiría en espíritu.
Su boquita riendo era un imán y tuve que degustar esos labiecitos tratando de saborear su dolor. Al sentir que mi boca se acercaba a la suya tuvo una expresión de alarma pero se endulzó al cerrar los ojos y entrabrir los labios esperándome. Fué un beso largo con amor y dolor mezclados, me costó mucho separarme de su boquita tomándole las manos al pedirle que me contase sus penas.
Luego de mucha conversación confesaba que el novio la había abandonado, se conocían de chicos y fue su único amor. Vista de arriba sus hermosos pechitos se movían al ritmo de las palabras mientras relataba que ambos deseaban mantener relaciones sexuales pero ella quería llegar virgen al matrimonio.

Ya no pude resistir bajar mis manos a sus senitos mientras le susurraba al oído que igualmente podrían gozar ambos sin llegar a la penetración vaginal. Para Marlene sonaba algo novedoso explicándole que se podrían tocar y usar la boca para llegar al clímax, hasta tenían la opción del sexo anal.
La última parte le produjo un temblor por todo el cuerpo mientras preguntaba si eso era posible, con mucha calma y esbozando un tono médico me ofrecí enseñarle pero exigiendo que sea todo platónico y didáctico. Yo deseaba cojérmela ya mismo, mejor dicho hacerle el amor pero estaba consciente de la situación debiendo actuar mesuradamente.

Le expliqué que esas lecciones deberían ser progresivas y ella debería tratar de gozarlas como si fuese su novio. Caminamos de la mano hasta su dormitorio y ella ya estaba desabrochándose la ropa cuando le recordé que todo debería ser lento, casi como en la vida real.
Marlene suspiró aliviada, tal vez pensaba que le rompería el culito inmediatamente. Yo me devanaba los sesos tratando de no enamorarme de esta chica pero era tarde: su tristeza ya había calado profundamente en mi corazón pero ella estaba enamorada de su novio: debería tratarla como a un pedazo de carne para lograr olvidarla.

Recostándola en la cama unimos nuestros labios asombrándome su pericia al besar, se nota que el noviecito le había enseñado bien pero sin llegar a mojar la chaucha.

Bajando por su blusita masajeaba sus senos hasta desabrocharle la blusa y luego el corpiño. Tenía unas hermosas tetitas que chupé delicadamente mientras percibía su respiración acelerarse emitiendo leves gemidos. Con una mano deslizándose por sus piernas, llegué hasta su bombachita provocándole un brinco mientras ella avergonzada contaba que nunca había permitido que le tocasen sus partes.
Le comenté que debería irme pronto al empleo implicando que le estaba estaba haciendo un favor al enseñarle, nuevamente le tuve que sellar los labiecitos con mi boca mientras recorría suavemente su puchita por sobre la bombachita, recién cuando la sentí temblar nuevamente pasé la mano bajo su prenda íntima para sentir sus labiecitos vaginales en carne cruda. Tenía unos pocos vellos púbicos y mis dedos se humedecían con los jugos de su conchita, al meterle el índice en su vagina recordé que debería cuidar su preciada virginidad dedicando las caricias dactilares al resto de su conchita.

Cuando parecía que se estaba acercando al orgasmo me aparté disfrutando su expresión desencantada y le expliqué seriamente que eso era solamente el inicio, ahora le debería besar allí abajo; claro que yo no reconocería que tenía ganas de chuparle la conchita. Le pedí que se quitase toda la ropa, de hacerlo yo mismo parecería que eso me agradaba pero estaba en plan médico solamente.

No creo que se me notase la desesperación al zambullir la cabeza entre sus piernas comiéndole la chuchita, se me trabaron un par de pelitos entre los dientes mientras parecía un caníbal devorándome esa conchita virgen. Esta vez se acercaba rápidamente a su gozo, mientras le lamía el anito tratando de meterle la lengua para dilatarle el esfínter. Cuando sus suspiros se convirtieron en grititos de placer le dejé ir un dedo por el culito que me recibía dificultosamente pero entre palpitaciones le fue entrando lentamente.

El cuerpo sudoroso y agitado de Marlene quedaba como un trapito desparramado en la cama mientras yo le explicaba que esto había sido la primer parte de su aprendizaje. Callada y con sus ojitos cerrados tuve que besarla fuerte para obtener algunas palabras de ella, me decía que fue hermoso y que debería retribuírme el favor. Al recordarle que solamente le enseñaba para que luego lo practicase con el novio se convenció de mi honestidad.

Mi pobre monstruo se desesperaba tratando de romperme el pantalón mientras le explicaba que aún faltaban un par de sistemas para hacerla sentir bien, por suerte se había puesto de lado sin advertir mi lasciva mirada a esa colita desnuda que me ofrecía inconscientemente.
Mi carne enhiesta tuvo un alivio al quitarme los pantalones y recostarme contra su espalda, mientras le masajeaba las tetitas desde atrás tuvo un nuevo sobresalto al sentir el tubo carnoso apoyarse en su trasero, preguntando tímidamente si eso era mi pene. Dijo nunca habérselo visto al novio y tuve que aclararle que no le mostraría el mío por sobrepasar los límites de esta lección. Levantó una pierna pensando que le ensartaría el anito inmediatamente pero la bajé explicando que solamente se la pasaría por fuera para hacerle sentir lindo.

La pobre contuvo la respiración al sentir el glande deslizarse por su canalito posterior hasta su puchita, hasta yo temía metérsela en la vagina dada mi desesperación; al final inicié un movimiento coital solamente rozando su conchita y en cada pasada por entre sus nalguitas punteaba su arrugado culito. Un buen rato estuvimos con esa operación hasta su segundo orgasmo que fue apoteósico, ya no se moderaba con sus grititos.

Casi se dormía cuando me puse en mejor posición para apreciar su colita, estaba mucho más apetitosa desnudita de lo que dejaban apreciar sus holgadas ropas. Lentamente mi dedo masajeaba su asterico marroncito tratando de llevar humedad desde su puchita aún baboseante y al final tuve que convencerla que sería mejor aplicar humedad con mi boca. No era nada desagradable chuparle el culito mientras empujaba un dedo dentro de su intestino, tenía un anito dócil que se dilataba lentamente hasta aceptar un par dedos girando.

Al estarla tomando por la cadera para ensartarla por detrás, tuve que pedirle que doblase una pierna para separar sus nalguitas, su frondoso trasero impedía verle bien el asterico. Por suerte estaba desfallecida al apoyarle la punta del glande en el culito, la pobre no tenía idea de lo que estaba por entrarle a retaguardia.
Ese culito estaba duro, demoré un buen rato empujando para introducirle solamente una porción del glande.
La pobre Marlene pujaba suspirando duro, era su primera vez haciendo caquita en sentido inverso y supongo que la barra calentita metiéndosele en el culito era poco placentera. Tuve que masajearle el clítoris para mejorar sus sensaciones y lograr que aflojase el potito, al fin pasó la cabeza y largó el aire que contenía nerviosa; al fin tenía un pene entrándole por la cola y sería el regalo perfecto para complacer a su novio.

La dejé quieta por un rato mientras aceleraba el dedo frontal, Marlene ya suspiraba de placer mientras me hacía dudar si era por mi dedo en su conchita o por estar enculándola. Con suaves movimientos se la sacaba un poquito para meterle un trozo mayor mientras ella susurraba que ya no le dolía tanto la cola. Sus dulces palabras me acercaban a la propia explosión pero trataba de demorar, ya no tendría otras oportunidades para brindarle lecciones de amor. Al final tembló fuerte y entendí que era hora de llenarle el culito de leche, le enterré la pija profundamente por el ano largando ríos dentro de su tripita mientras le preguntaba si deseaba ser mi novia: creo que no me escuchó mientras disfrutaba gritando su orgasmo.
Quedamos descansando abrazados y besándonos suavemente, el curso habría finalizado pero nos debíamos un último recreo fingiendo ser novios.

Ya vestidos me estaba retirando y deseándole suerte en el reencuentro con su novio, me incliné para besarle la mano pero su mirada indicaba que las bocas deseaban saludarse, creo que me extralimité al estar besando a Marlene durante demasiado tiempo mientras la abrazaba apasionadamente como si desease cojérmela nuevamente…

De regreso a casa moría de vergüenza al ver a mi hijita, al venir corriendo a mis brazos y alzarla amorosamente la estaba llenando de besitos cuando algo activó su olfato femenino. Con la cabeza gacha preguntó: "¿ Estuviste con otra mujer ?"
Me recorrió un escalofrío al advertir su gran percepción, pero me cayó como un baldazo de hielo al pedirme prestado el diccionario diciendo que deseaba contestar una cartita pero sin faltas ortográficas. De a poco relataba que un compañerito del colegio le pasaba notas y cartitas insistentemente.

Parecía perdonarme mi infidelidad al confesar que estaba por iniciar el mismo camino. Nunca pensé que algún día mi nenita adorada estuviese en brazos de otro hombre, nadie la amaría tanto como yo, era como derribar todas las columnas que sostenían mi vida.
Enseguida advirtió la profunda tristeza abalanzándose sobre mi boca, parecía que me estaba sorbiendo el alma con su efusividad. Me enloquecía pensar en otro besando esos labiecitos de miel y hasta aprendiendo el código de miradas o apretones de mano, unas gotas caían sobre su mejilla mientras me comía su boquita, yo también quería desangrarme dentro de ella para estar siempre juntos.
Una cosa llevó a la otra y estaba devorándole la puchita lampiña mientras trataba de brindarle miles de orgasmos, esa conchita era para MI solamente, aún virgen y esperando la edad para hacerla mujer completa. Chupaba la conchita de mi hija desesperadamente deseando comérmela toda para incorporarla a mi cuerpo, quería hacerla gozar infinitas veces entregándole todo mi amor.

La pobre quedó desparramada en el sillón mientras me dirigía a mi escritorio. Estrujaba la bombachita que me gritaba desde el bolsillo pensando que la vida pasa demasiado rápido sin concebir el estar alejado de mi chiquita o que ella estuviese en otros brazos.

Luego de cenar y ya en soledad, nos acomodamos en el sillón y le confesé que sería tremendamente duro vivir sin besarla, que sus labios y toda su persona eran la razón de mi vida y solamente me retiraría cuando ella lo pidiese. Sin hallar las palabras exactas le estaba diciendo que busque a quién entregar su amor, tal vez un muchachito de su escuela.
Hablábamos con las manos tomadas mientras nuestros ojos nuevamente se humedecían y el beso que vino fue interminable, ya daba lo mismo si el planeta se partía.

Al otro día busqué un departamento apartado a muchos kilómetros de casa y fui llevando mis cosas de a poco, casi ni se notaban el par de maletas que transportaba cada mañana.
Al poco tiempo quise conocer el ánimo de Marlene y detalles de su reconciliación. Al tocar la puerta de la vieja casona me abrió un policía, había más gente y la madre estaba sentada con la cabeza gacha.
Me contó entre sollozos que sonaba muy fuerte la música en el dormitorio de su hija, cuando fue a pedirle que bajase el volumen y dirigiendo la mirada hacia la entornada puerta del baño pudo observar la bañadera rebalsando. Se escuchaban fuerte los sones de Chopin tapando los gritos de la madre.
Su hija ya había dejado caer la cuchilla que yacía en el fondo de la bañadera, oculta por el agua rojiza, también oculta por su lacia cabellera que flotaba en el agua.

Entre sollozos comentaba que al reconciliarse con el novio le confesó haber recibido algunos consejos para mejorar la relación. El muchacho se enfureció por haberse dejado tocar por un extraño llamándola prostituta. Al día siguiente todos la señalaban burlonamente luego de leer los ataques en las redes sociales provocándole la fatal depresión.

El sepelio fue solitario, no apareció familiar alguno, la tenue llovizna enmarcaba el momento en que percibía mi vida destruida. Cuando volvimos a su casa le dije a la madre que me llevaba los CD de su habitación. El violín ocupaba el centro de su cama pareciendo una persona acostada allí, o al menos eso sentí al besar la madera despidiéndome.

Al llegar a casa, Alicia creía que esos discos eran para ella y al llevarlas a mi escritorio preguntaba si me había peleado con "la otra" pero yo no lograba articular palabras, solamente abrazarla con fuerza pensando que podrían ser los últimos momentos de sentir su cálida piel, la última vez que podría beber de su boquita el alimento para mi alma destruida.

La mañana siguiente quedaba la última valija para llevarme, no había nadie en la casa y dirigiéndome al dormitorio de Alicia me dejé caer de cara en su almohada, podía percibir el aroma de mi tesorito inhalando fuertemente el trozo de tela que absorbía mis lágrimas mientras la abrazaba con deseperación.
Al salir dejé mis llaves sobre la mesa sin pensar que debería dar una explicación de mi actuar irracional.

Apenas entré a mi departamento nuevo, puse el primer disco en el reproductor sentándome en el piso como hipnotizado. Pasaron varios días sin probar bocado mientras dormitaba en el suelo para poner otro disco en los momentos de lucidez.
Uno de los temas era Tristesse y tuve que mirar nuevamente el envoltorio para memorizar el nombre antes de pasarlo a MP3 en mi reproductor portátil.

A la semana ya había escuchado todos los discos, se cumplían siete días y yo aún no había visitado su tumba.
Me puse delante de la computadora para eliminar todas mis cuentas de Internet y borré el disco principal, ya no quedaban rastros de mi vida pasada. Al menos había logrado relatar 25 partes…

Telefoneé a mi hijita informándole que partiría en un largo viaje, pidiéndole que viniese para tomar lo que guste y el resto se lo regalase al encargado del edificio. Con un nudo en la garganta agregué que la seguiría amando con locura durante toda mi vida; debí cortar la comunicación para evitar el impulso de salir corriendo para arrojarme llorando a sus piés implorando perdón.

Compré el ramo de flores más grande que tenían a la entrada del cementerio, amenazaba lluvia y estaba desértico depositando la ofrenda sobre la loza que exhibía el nombre Marlene y la fecha.
Subiendo al máximo el volumen del mp3 me arrodillé para besar su tumba y pude escuchar claramente el sonido de la afilada hoja cuando la dejé caer al piso, también escuché la lluvia que iniciaba, pero me perdí los últimos compases de un violín que se desangraba melodiosamente en los auriculares mientras apretaba una prendita blanca que llevaba escondida en el bolsillo.

El cielo también lloraba y nuestras lágrimas compitieron por caer sobre la piedra, por suerte la lluvia aclaraba la tonalidad de un charco: ya no se veía tan rojizo.
El sonido de las gotas parecía repetir constantemente Alicia, Alicia, Alicia...

(FIN ?)