Vuelve Alicia 01

(Saga de la serie "Mi hijita adorada Alicia", es recomendable leerla primero para conocer a los personajes y la razón de la ambientación sci-fi)

Fui despertando lentamente en la mañana, aún estaba oscuro y no lograba distinguir el dormitorio.
Quise encender la lámpara de mi mesita de noche pero los brazos no me respondían, pensé que estaba paralizado tal vez sufriendo un derrame cerebro vascular.

Trataba de recordar la noche anterior pero mi mente estaba vacía, ni siquiera sabía mi nombre.
Una tenue luz se incrementaba pudiendo atisbar unas borrosas sombras que se estaban definiendo, se estaba perfilando la pared del cuarto. O algo semejante ya que lo percibía cerquita, también el techo estaba a centímetros de mi cara.

Llegaban ráfagas de recuerdos confusos, me pareció que estaba de rodillas ante una tumba, sentía un frío viento mientras estaba aferrando una herramienta. Lentamente las imágenes se hacían más claras mientras un brillo me cegaba, el brillo de una afilada hoja que empuñaba con fuerza y estaba por aplicarla contra mi cuerpo.
Los recuerdos llegaron como un baldazo de agua fría, ahora tenía vívidas memorias de que estuve en el cementerio y preparando mi viaje para olvidar a Alicia y Marlene.

Eso me produjo un alivio pero inmediatamente puse atención a mi condición actual, estaba encerrado dentro de un acolchado féretro, debería estar oscuro y sin aire.
Me percaté que podía aguantar la respiración, tanto que no respiraba nada. Era extraño ya que me sentía igual y sin la necesidad de una bocanada de oxígeno. Le resté importancia para pensar que debería estar oscuro pero una luz de origen indefinido me permitía ver.

Otro helado baldazo de conciencia me hizo comprender que estaba muerto, me hallaba en una sepultura sin recordar quién me había metido allí, pero tenía la certeza del porqué: recordaba la filosa hoja enterrándose en mi carne.
Hice ademán de empujar el techo, esa tapa de madera a un par metros bajo tierra. No la pude empujar: mi mano pasó por dentro de la madera mientras parecía que estaba perforando eso que me tapaba.
Me incorporé lentamente mientras metía la cabeza através de la madera percibiendo todo oscuro, ¿ sería la tierra que estaba encima de mi féretro ?.

Trepé como si estuviese nadando en esa solidez hasta sacar la cabeza através de la loza.
Ya sentado sobre mi tumba podía ver una hilera de lápidas y a lo lejos una viuda, toda vestida de negro llevando un ramo de flores mientras caminaba lentamente.
Me puse a cavilar acerca de mi nueva situación, debería estar en el cielo o algún lugar semejante reunido con Marlene. Después de todo ella también habia partido de la Tierra utilizando un modo similar.

No, todo parecía normal, menos un hombre sentado sobre una tumba vistiendo un traje que no tenía cerrada la espalda.
Miré mis brazos y efectivamente vestía un saco que no recordaba haberme puesto nunca, la mujer de luto se estaba acercando por el caminito de ladrillos rojos y me levanté para cortarle el paso: la señora me atravesó como si yo no existiese.
Preocupado pensaba en que debería visitar a mucha gente pero que ellos no me verían ni percibirían mi presencia.

El primer impulso me llevó a la casa de Marlene pero en el camino recordé que ella ya no vivía allí, que ella ya no vivía.
Resignado me puse a recorrer la calle con la mirada, si yo estaba allí era probable que ella también estuviese caminando por la ciudad, cumpliendo en la Tierra los años que le restaban de vida biológica.

Tratando de decidir mis pasos, pensé que la persona más importante de mi vida era mi adorada hijita Alicia. Debería decir de mi anterior vida.
Me detuve ante un semáforo para esperar el paso cuando recordé que ya no debería esperar más, crucé la calle mientras un veloz automóvil me atravesaba el cuerpo.
Ante mi casa, o mejor dicho la casa de mi hija, estaba por oprimir el timbre cuando me percaté que sería inútil, que todo lo que hiciese desde ahora sería inútil.

Estaba llegando Alicia desde su colegio caminando lentamente y con carita triste. Al correr hacia ella para abrazarla la atravesé cayendo estrepitosamente, me dí cuenta que no tendría sentido: ella no podía verme.
Cuando estuvo cerquita estiré la cabeza pero terminé besando el aire, su carita pasó limpiamente por entre mis temblorosos labios.
Me cerró la puerta en la cara pero eso no era un problema, yo no necesitaba abrir esa puerta para entrar a casa.

Moría de deseos por sentir sus bracitos alrededor de mi cuello, pero realmente no me moría: ya estaba muerto.
Dejó su mochila en una silla sentándose ante la computadora, mi computadora que se había traído del departamento y muchos libros que pude reconocer. También estaba el reproductor de música a cuyo lado dormité la última vez mientras intentaba escuchar todos los discos de Marlene.

Sobre la mesa se apoyaba un cuadro con mi sonriente cara enmarcada. Mi rostro estaba estático y congelado en el tiempo con esos ojos que parecían estar mirando a Alicia.
Ella tomó el cuadro dándole un beso y cuando lo apoyó nuevamente rodaba una gota por su mejilla.
Me abalancé nuevamente sobre ella para abrazarla, pero pasé de largo quedando con la cara enterrada dentro del piso y observando al vecino de la planta baja mientras preparaba comida; esto no estaba funcionando bien…

Me quedé parado a su lado observando los dedos teclear mientras le acariciaba la cabellera con suavidad para no meter la mano dentro de su cerebro.
Cuando terminó de revisar su email se fue al dormitorio para sacarse el uniforme escolar y la seguí de cerquita, sin llegar a tocarle la espalda.
Se sacó la blusa arrojándola sobre una silla disponiendo a desabrocharse la falda. Cuando quedó en bombachita me quedé maravillado con ese cuerpito que mis manos habían recorrido tantas veces, con esa bombachita blanca que me hacía temblar de tan sólo verla.

Ahora también sentía temblores recorrerme fugazmente no pudiendo separar los ojos de su bultito mientras su manita bajaba para apretarlo un poco, parecía que se estaba acomodando la bombachita pero sus dedos dibujaban recuerdos sobre el tajito.
Me arrodillé a su lado cuidando de no acercarme demasiado: la atravesaría con mi cabeza pero igualmente simulé estar lamiéndole la conchita enfundada.

Era un bálsamo la vista de esa prendita blanca, muy similar a la que mordí muchas veces mientras pensaba en mi Alicia querida, la dueña de mi vida y ahora la dueña de un fantasma.
Inconscientemente pasé una mano detrás de su cuerpo para tocarle la cola, me detuve cuando casi salían mis dedos entre los de mi nena que continuaba con su lento masajear delantero. Estaba con los párpados cerrados y una gota descendía lentamente por su mejilla mientras su manita aceleraba los movimientos.
Me abalancé sobre ella para beberme esa gotita de sangre que le fluía desde el alma y nuevamente me encontré colgado en el suelo, estaba por pisar dentro de un plato de sopa que estaba tomando el vecino de abajo.

Al final se puso el camisón saliendo hacia la cocina para prepararse el almuerzo. Me senté observándola en su ajetreo hasta que se sirvió un plato y se disponía a tomar asiento. Interrumpió su movimiento para volver al lado de la computadora trayendo el cuadrito que tenía allí, lo dejó apoyado en la mesa del comedor y así quedó mi mirada estática, sonriente viéndola comer.

Cada rato miraba la fotografía y le comentaba que la comida estaba muy sabrosa, casi esbozaba una sonrisa cuando su mirada parecía comunicarse con esos ojos estáticos.
Necesitaba pasarme la mano por el ojo pero mi lágrima era incorpórea, no la podía limpiar cayendo silenciosamente hasta convertirse en estrellitas por el suelo.
Me dirigí hacia la oficina, mi ex-oficina ya que ahora era de Alicia. Allí había puesto la computadora en el mismo sitio que estaba antes y otras cosas de ella rellenaban el cuarto. No estaba el tablero de dibujo.

En ese momento entraba mi hijita para sentarse ante el teclado atravesándome mientras caminaba como si yo no estuviese allí. Me puse a mirar sobre su hombro mientras ella entraba a un site, parecía conocer personas allí al abrir un programa de chat y conversar. Claro que conversar con letras tecleadas.
Me pareció reconocer el nombre, mejor dicho el nick de su interlocutora.
Un frío me recorrió la espalda haciéndome temblar, Alicia también parecía sentirlo cuando vi sus temblorosos deditos atacando el teclado.

Estaba conectada con Martita y yo imaginaba a la rubia muñequita ante su computadora mientras el padre roncaba fuertemente.
Hablaban de temas escolares hasta que Martita le preguntó cómo se sentía, si ya estaba mejor.
Mi bebita adorada le contestó que siempre almorzaba junto a su papito, que tenía una foto que le hacía compañía y la mesa ya no rezumaba soledad, que el cuadrito hasta le leía un cuento antes de dormir.

Martita contestaba que debía ser terrible perder al padre, pero que ella también lamentaba una pérdida, la pérdida del hombre que le enseñó a besar. Recordé los momentos en que tenía su carita entre mis manos mientras mi boca no podía abandonar sus dulces labiecitos.
Le contó que la última vez estuve tocando su rajita por encima de una bombachita celeste y con transparencias, que había guardado esa prendita sin lavarla y escondida en una caja de cartón; raro que no comentase que también le había metido un poco de pija por la puchita.
Le confesó que aveces se oprimía el bultito para recordar mi dedo, yo sonreía pensando que también tendría recuerdos mi pene entrándole suavemente.

Alicia le preguntó que más hacía en ese momento y viendo que la respuesta fue "recordar a tu papito, que mas ?"
Mi nena le dijo que si dejaba el dedo allí y masajeaba la zona hallaría puntos anatómicos que le darían mucho placer, que eso se llamaba masturbarse.
Como no llegaba respuesta le dijo que era algo natural, ella lo hacía frecuentemente y algunas compañeritas del colegio también.

Cuando llegó la respuesta apenas podía entenderse el texto, al teclear con una sola manita a Martita se le escapaban muchos errores ortográficos.
El chat usado por la rubia muñequita no disponía de emoticones adecuados para expresar lo que sentía, solamente pudo escribir "tienes razón, se siente muy lindoooooo"

Leerla me despertó deseos de ir a visitarla, tiempo era lo que me sobraba ya que no necesitaba trabajar ni comer.


Cuando llegué a la tienda las campanitas de la puerta no sonaron, ni siquiera abrí la puerta, esa puerta que sostuve abierta para que saliese Marlene cargada de paquetes.
El empleado estaba ayudando a la nena para que no se cayese pero esta vez no se detuvo, no había nadie que lo estuviese viendo. Me acerqué para apreciar a la nenita, era hermosa como su hermana, rubia y con un rostro precioso, una copia reducida del original, aunque el original era más reducido que un adulto.

Estaba entretenida con sus juguetes pero su rostro indicaba estar también entretenida en sentir eso que la sostenía sobre el mostrador. No eran las manos que apretaban su cintura, estaban utilizando algo más para sostenerla por la colita mientras la sonrisa de la nenita no mostraba insatisfacción.

Pasé al dormitorio de Martita dejando que en el local pudiesen aprovechar la soledad, no me podía quedar allí espiándolos.
Marta, la muñequita de rostro hermoso, estaba sentadita ante la pantalla tecleando. Tecleaba con una sola mano, la otra manita se perdía bajo su pollerita tableada.

Me puse a sus espaldas y apenas me agaché un poco para olerle el cabello, en mi actual condición no podía hacer mucho más pero ya era un lujo poder ver a mis nenas.
Aún estaba chateando con Alicia quien decía extrañar mucho la compañía que había llenado sus días, tuve un ligero temor que le contase de nuestra relación especial pero mi hijita era muy cautelosa en sus expresiones.
Alicia se quedó esperando que llegase la respuesta en forma de letras digitales, parecía demorar…

Martita ya estaba usando las dos manitas para tocarse no pudiendo escribir en el teclado, la tableada pollerita estaba subida para que no se le arrugase.
Yo percibía una turgencia en el pantalón, hasta ahora ni había pensado en mi bicho o si tendría capacidad de erección, por suerte se me puso duro como siempre y daba gusto masajearlo. Me sentía un pervertido por estar con el pito en la mano delante de una niña y aproveché mi estado de invisibilidad para pasarle el glande por toda la cara. Pensaba cómo hacer para metérsela en la boca pero al pasar por su mejilla desapareció la punta, realmente ahora tenía el pene dentro de la boca de Martita.

Lo único terrible es que no sentía nada y supongo que ella tampoco. Tuve que sacársela de la boca y pajearme con la mano para disfrutar de la sensación.
Ella con los párpados entornados suspiraba cada vez con mayor intensidad hasta explotar ante mis ojos en una deliciosa sinfonía de sonidos, pude ser testigo presencial de su orgasmo aunque sin tocarla mientras yo me hacía justicia por mano propia deseando acabarle sobre la carita; solamente me salió un chorro de estrellitas cayendo en su cabello y desapareciendo mientras yo gritaba silenciosamente.

Cuando se recompuso mientras con una mano se acomodaba la pollerita, escribió que tuvo que atender al llamado de su hermanita, que ahora debería prepararle la merienda y más tarde se conectaba nuevamente. Cortó.
Se levantó para ir al local y el empleado casi se tropieza por la velocidad en abandonar la escena del crimen. Martita no se preocupaba de hallarlo infraganti con las manos en la masa, ya sabía de las travesuras del empleado y su hermanita no se quejaba.

Miré la hora en un enorme reloj que adornaba el local decidiendo que era tiempo de visitar a Margarita, quise darle un beso a la rubiecita que aún temblaba un poco con sonrisa feliz. No pude besarla, solamente estuve un rato observando su hermoso rostro.


Apenas entré en la mansión de Peñafiel lo encontré sentado ante su escritorio, tuve un impulso de saludarlo pero me contuve.
Cada rato elevaba la mirada como si me estuviese por hablar, hasta que entró la hija y ya no bajó la vista hacia los papeles.
Margarita seguía tan torpe como antes y se le caían las cosas de la mano, al agacharse para tomarlas le daba la espalda al padre, padre cuyos ojos aumentaban de diámetro cuando unos muslos desnudos aparecían y continuaban hasta una blanca bombachita.

Mi visión era mejor que la de él, siendo transparente yo estaba a centímetros de esa colita enfundada, de esa colita que ya había recibido supositorios.
Los deditos que conocí posándose sobre las teclas de un piano ahora acomodaban la bombachita que parecía metérsele en su colita, en esa canaleta que la divide en dos globos de carne.
El papito se levantó de su silla para ofrecerle ayuda, la torpe nena sostenía el libro que se le cayó antes y no lograba acomodarse solita la prenda rebelde.

Una mano varonil se apoderó de la tela que molestaba a Margarita y tampoco lograba hacerlo bien, mientras estaba luchando con el traserito de su hija, ella también lo ayudó librando al sufriente animal del hombre.
Cuando las manos varoniles se apoderaron de sus tetitas, la hija retrocedió la cintura para que el caliente chorizo paternal se acune entre sus nalguitas.

Me pareció indecente quedarme viendo si se la metería y me estaba yendo mientras una conchita se abría y su dueña suspiraba al sentir que le estaba entrando el pito del padre. Debí quedarme unos minutos más asombrado de la velocidad en escalar situaciones: hace poco tiempo apenas le mostraba la bombachita en descuidos intencionales y ahora el papito se la estaba cojiendo.
Yo suponía que Marga aun era virgencita, pero su carita de placer estando agachada para que le metiesen hondo la pija por el tajito disipaba mis dudas, a esta nena ya se la habían cojido mucho y no sería tan indecente mirarla mientras el padre le enterraba su barra carnosa hasta el fondo de la conchita serruchándola lentamente.
Ya se me estaba parando el pito de sólo ver el acto amoroso pero duró poco, Peñafiel se agarró fuerte de las caderas de su hija evidenciando que estaba eyaculando dentro de la nena que también se sacudía gozando.


Volví a casa, a la casa de mi Alicia.
Ella había terminado de cenar y se estaba estaba preparando para ir a dormir, en la mano llevaba un cuadrito que apoyó sobre su mesita de noche.
Me quité el saco para colgarlo en el placard pero se quedó colgado solito en el aire.

Sacando la almohada de su sitio la abrazó fuertemente con su mirada en la fotografía, me tuve que meter dentro de la almohada apenas asomando la cabeza para observar su mirada, para mandarle mensajes secretos como antes. No pude: se quedó dormidita mientras yo gritaba: Aliciaaa.

(continuará)