Vuelve Alicia 02

Pasé la noche arrodillado en el piso con los codos sobre la cama de Alicia.
La observaba dormir pero yo no sentía sueño, creo que no necesitaba dormir, otro ítem para agregar a la lista de cosas que ya no necesitaba hacer: trabajar, comer y ahora dormir. Lástima que la lista de cosas que ya no podía hacer aunque quisiese era más extensa.

Una de las cosas que no podía hacer era besar los labios durmientes de mi amorcito por más que me esforzase debiendo conformarme con mirar hacia el cuadro y tratar de imitar esa sonrisa estática, mi sonrisa. Por suerte Alicia no observaba las expresiones que ensayaba un fantasma.

Apenas amanecía fue despertándose abriendo los ojitos mientras se desperezaba demostrando sueño, daban ganas de lavarle la carita con la lengua así no necesitaría ir hasta el lavabo.
Se sentó al borde de la cama saludándome con un beso, a mi otro yo realmente, a mi sosías de papel.
Con pasitos demostrando que aún estaba medio dormidita se encaminó al baño y por supuesto la seguí, no podía estar lejos de mi amorcito.

Se quitó la ropa de noche dispuesta a darse una ducha mientras yo me sentaba sobre el inodoro para observarla, reflexionaba que mi hijita estaba modificando sus hábitos: antes no se bañaba por la mañana.
Cuando abrió el agua un chorro tibio cayó su cabecita despabilándola, me tuve que sentar sobre el borde de la bañadera para que el vapor no interfiriese mi visión. Tenía mis pies adentro, en el agua, pero por suerte no me mojaba.

Se lavó rápidamente el pelo pero mientras pasaba una esponja enjabonada por el cuerpo los movimientos parecían ralentizarce. En ciertas áreas de su piel parecía detenerse y eran exactamente las zonas en que yo estaba pensando, esas zonas donde yo también ralentizaba los movimientos de mi mano mientras la bañaba. Esas zonas donde quería frenar el reloj para adorarlas, para adorar a mi diosa, mi dueña y ahora dueña de un fantasma.

Ahora no podía decirle que la amaba con locura y moría por chuparle la conchita, solamente abrirme la bragueta para liberar el monstruo y mientras la miraba hacerme una vigorosa chaqueta imaginando que eran las manitas de Alicia pajeándome.


Estuvimos los tres en la mesa para desayunar, mi cielito y nosotros dos: ambos mirándola aunque el de papel no tenía mi ventaja de estar más cerquita.
Al salir para la escuela caminamos de la mano, realmente su mano apretaba carpetas contra el pecho, ya no usaba una mochila ni tampoco percibía mi mano que le ayudaba a sostener las cosas de colegio.

Esta vez pasamos juntos por esa gran puerta, antes me quedaba del lado exterior viéndola entrar o salir. Esa puerta que antes se tragaba a mi angelito y debía esperar hasta el mediodía para que la regurgite, pasamos por delante de un grupo de maestras que conversaban pero ninguna me impidió el paso. Ellas verían normal a un adulto entrando al colegio de la mano con su hijita.

El aula era un hervidero bullicioso, muchos chicos acomodándose en sus asientos y hablando simultáneamente. Yo creía que eso era un sitio pacífico mientras recorría con la vista todas esas cabecitas moviéndose frenéticamente mientras vaciaban mochilas sobre su pupitre.
Había muchas más nenas que varoncitos pero uno de ellos tenía la mirada perdida, embobado con los hombros de mi hija que ya estaba sentadita delante del pibe. Adivinando que sería su noviecito le di una tremenda bofetada en la cara pero fui yo quien se cayó estrepitosamente al atravesarle limpiamente la cabeza; pendejo de mierda… debería hallar el modo de castigarlo.

No pude sentarme a su lado por estar ocupado pero había un asiento vacío junto a una rubiecita, junto a una muñequita con cabellos dorados que era tratada como apestada, nadie se quería sentar junto a Martita.
Por suerte yo la conocía bien y me acomodé a su lado mirándole la carita, qué rostro hermoso, no podía refrenar los impulsos para besarla delante de todos, tampoco pude acariciar esas robustas piernitas que asomaban desde una pollerita tableada.
Lo lindo es que pude sacarme el pene delante de toda la clase para apoyarlo sobre el pupitre donde la rubia movía la mano escribiendo, nadie se percataba que la nena me tocaba la pija repetidamente.

Alicia escribía en su carpeta mientras el profesor de inglés se esforzaba por lograr silencio e iniciar la clase. Cuando se acalló el parloteo comenzó con las consabidas frases en su idioma mientras los alumnos se esforzaban por comprender lo que estaba diciendo.
En la primera fila se sentaba una nena con anteojos esforzando la vista para distinguir lo que estaba escrito en el pizarrón.

Me dirigí al frente para observar a la chiquita de cerca, abría la boquita en su esfuerzo para distinguir las letras de tiza, era más cegata que Margarita la pobrecita. Aprovechando que tenía el pito afuera y una boquita de nena abierta me posicioné para meterle un poco el glande: no sentí nada...
Levantando la vista percibí que desde el asiento trasero de mi cielito le estaban pasando una hoja de papel doblada.

Me azuzó la curiosidad yéndome a leer esa misiva mientras el pibe con cara de enamorado la soltaba. Alicia la desplegó sobre el regazo ocultándola de la vista del profesor. Decía: "I miss you darling, I love you".
Pensé que estarían practicando el idioma cuando mi hijita estrujó el papel dejándolo caer al piso pero igual le propiné una furiosa patada al chico, esta vez cuidándome de no caerme.

Al rato sonó el timbre del recreo y todos salieron en bandada al patio del colegio, la chicata estaba por acompañarlos cuando el profesor con cara enojada le ordenó quedarse.
Ya se podía disfrutar del silencio en un aula vacía mientras la nena se aproximaba al escritorio del profesor, con las manitas fuertemente agarradas tras la espalda y cabizbaja se paró cerquita de la persona con cara yankee, el hombre llevaba el pelo casi rapado y pese a su juventud parecía recio.

Le tomó el mentón a la chiquita para que lo mire bien mientras la amonestaba, le decía que su rendimiento escolar era un desastre y no podía seguir así sin reprobar el curso.
La llamó Laurita y me vinieron los recuerdos de una Laurita que había conocido hace mucho pero era una beba, sería otra Laura la actual.
Sollozando la nena le decía que ella quería aprender pero no lograba ver bien el pizarrón, el profesor la alzó de la cintura para sentarla sobre su escritorio. El hombre demostraba una fuerza muscular tremenda al levantar a Laurita como si fuese de papel maché.

Mientras le aconsejaba que prestase más atención en clases la sostenía de las piernitas para que no se cayese del escritorio, realmente no hacía falta sostenerla ya que estaba sentada sobre el sólido mueble. Pero el profesor seguía teniéndola afirmada por las piernas y parecía que ahora la estaba tomando más arriba, por los muslitos mientras sus manos estaban tapadas por la pollerita del uniforme.
La bobita abría la boca mientras entornaba los párpados, qué estaría pensando la pobre, no prestaba atención a las palabras del profesor que demostraba su enojo con la cara más colorada mientras le pasaba el dedo sobre la bombachita para acariciarle la puchita oculta.

El enojo del hombre llegó a su culminación cuando tomó a la nenita acostándola de pancita sobre sus rodillas, Sandrita llegó a quitarse los anteojos y dejarlos sobre el escritorio para que no se le cayesen los gruesos cristales. El hombre levantó la pollerita por la parte trasera dejando a la vista su bombachita y le aplicó unos cuantos chirlos.
Cuando terminó de castigar a la pequeña tuvo que acomodar la suave tela que se había enterrado entre sus nalguitas, los enormes dedos mostraban su torpeza cuando demoró en la tarea de prolijar esa bombachita cubriendo la sufrida colita.
La nena ya no sollozaba y se acomodaba la pollerita para salir al recreo, no lo lograba por la manaza del profesor que le estaba sobando el tajito con los dedos metidos entre la tela, al final el hombre la despidió con una palmada en el trasero mientras se apretaba una molestia en el pantalón.


La seguí hasta el patio y pude ver a las dos amiguitas sentadas en la base de mástil de la bandera, estaban pegaditas pero me senté al centro para poder abrazarlas a las dos.
Estaba cómodo rodeándolas con mis brazos y sintiéndome como si estuviese simultáneamente dentro de ellas.
Martita hablaba bajito pero pude escuchar la conversación: le contaba a mi hijita que había probado el experimento y había funcionado a la perfección. Alicia ponía una carita de no comprender por lo que tuvo que agregar "con los dedos, tocarse allí abajo"
Me corrí sentándome debajo de mi hijita pensando que así pondría mi erguido pene dentro de ella, ilusiones vanas... mi cielito no acusaba recibo de tenerla metida adentro.
Ya me estaba aburriendo en el bullicioso patio, salí a la calle para disfrutar del silencio y caminar vagando despreocupadamente.

Mientras pasaba frente a un gran edificio me pareció ver a la madre de Marlene que entraba.
La edificación ocupaba toda la cuadra con un enorme cartel informando que se trataba del centro psiquiátrico.
Una creciente curiosidad me impulsó a entrar al hospicio para dementes y nadie me impidió el paso mientras curioseaba por los larguísimos pasillos.

Los internados deambulaban por el establecimiento haciendo muecas extrañas o hablando solitos. Mientras caminaba observando el triste espectáculo sentí que me chistaban, un loquito sentado en el piso me estaba llamando con la mano.
Estaba por seguir de largo pero el hombre seguía haciendo gestos con la mano para que me acercase, parecía que el hombre lograba verme.

Me acerqué entusiasmado de que podría hablar con un humano encarnado, un poco temiendo que se tratase de otro fantasma como yo. Una taza que sostenía en la mano disipó mis dudas ya que un espíritu no podría sostener objetos físicos.
Pidió que me sentase a su lado para conversar diciendo sentirse muy solitario, nadie le prestaba atención y necesitaba hablar con alguien.

Le expliqué que yo estaba muerto, mi cuerpo estaba sepultado y ahora andaba en forma de fantasma. No le causó extrañeza alguna explicando que para él era normal hablar con los espíritus y por esa razón lo habían internado en el hospicio.
Me entusiasmé con las capacidades del hombre preguntándole si había visto una chica en ropa oscura, tenía el pelo lacio y se llamaba Marlene.

Frunció el entrecejo haciendo memoria pero no, no la había visto.
Me aconsejó que le preguntase a una nena que aveces venía a visitarlo. Relató que un día estaba sentado en la cama tomando su tazón de sopa cuando salió de la pared una nenita y pasó caminando con pasitos firmes.
Él la llamó y la criatura dio vuelta la cabecita extrañada que la pudiesen ver, se trepó a la cama del enfermo mental e iniciaron una conversación.

Le contaba al hombre que ya había asumido su nueva condición, en los primeros tiempos le costó muchísimo aceptar que ella le hablaba a las personas y nadie le prestaba atención, la trataban como si la criatura fuese transparente.
Su primer impulso fue hablar con la madre pero ella estaba acostada desnuda sobre una camilla metálica solamente cubierta con una sábana tapándola.

Estaba en un cuarto bien iluminado y en otra camilla yacía una nena, al acercarse se vio a sí misma, parecía que estaba en un sueño observando de lejos su propio cuerpo sin ropas.
En el cuarto estaba un hombre son cara temerosa que parecía no verla, solamente miraba el cuerpito que yacía quieto bajo la sábana.

El hombre la destapó acaricándole el cabello mientras besaba la inerte boquita, debería ser un amigo de la familia que la apreciaba mucho pero ella no lo recordaba.
Le pasaba las manos por todo el cuerpito demostrando mucho cariño, se notaba que amaba mucho a la nena pero no lograba ubicarlo en su memoria.
Al final dio vuelta el cuerpito y amorosamente le insertó su palito por detrás, ella observaba extrañada cómo manipulaban su cuerpo mientras una mano del hombre le tocaba el bultito y hacía movimientos con el dedo. Se miró la rajita pensando que allí le estaría manoseando pero no podía sentir las masculinas manos.

Al final entró otra persona y mientras conversaban entre ellos se dio cuenta que ella estaba muerta, la que yacía en la camilla solamente era su cadáver bien tapado con una sábana.
Intentó darle un beso a su madre pero no pudo hacerlo, la mujer permanecía quietita fingiendo estar sin vida.


Mientras estaba escuchando el relato pasó un médico saludando con la mano al demente sentado en el piso que hablaba solo, como si tuviese un interlocutor.
Al irme le dije que había sido un placer conocerlo, lo visitaría seguido y de paso que le diga a la nena incorpórea que me esperase para hablarle.

Retornando a la escuela de mi hija ya estaban todos los alumnos saliendo a la calle, Alicia se despidió de la rubiecita recordándole que se conectase al chat apenas llegase a su casa.
Desde un grupo de muchachos, uno con cara de enamorado la llamaba pero mi hija se hacía la sorda, esta vez le encajé al muchachito un puñetazo con mucha rabia, se le cayeron los cuadernos de la mano y quedé cavilando si sería obra mía.

Regresamos a casa tomados de la mano, realmente fue casi tomados de las manos.
Mientras apilaba sus carpetas sobre la mesa extendí mis brazos en ademán de abrazarla pero desistí. Me tuve que conformar con pararme tras ella mirándola mientras encendía la computadora y entraba al programa de chateo.
Martita le preguntó por su noviecito, decía que los dedos de él podrían ser un buen reemplazo de su propia mano bajando a la entrepierna para hacerse un dedito, el muchacho demostraba deseos de ayudarla en sus tareas.

Alicia le contestó diciendo que había intentado un acercamiento, el pibito dejaba caer saliva por la boca mientras leía una cartita bien escrita, sin errores ortográficos.
Cuando se enfrentaron y antes de las primeras palabras el pibe intentaba besarla delante de todos, durante los recreos presumía que él ya tenía novia mientras señalaba con el dedo hacia mi hijita.
Relataba que se fueron al baño para hablar con mayor privacidad y mientras estaba recriminándole que debían comportarse correctamente en el colegio el pibe ya se estaba bajando los pantalones y agarrándose el pito.

Contaba que casi largó una carcajada al observar la erección de la minúscula carnecita, la comparaba mentalmente con otras erecciones que había visto (no dijo que las había sentido) y tuvo que fingir sorpresa mientras el pibe largaba un chorrito de esperma ensuciándole la pollerita.
Tuvo que salir a escondidas del baño mientras el flamante noviecito permanecía jadeando con los ojos cerrados.

Se escapó del colegio tapándose con una carpeta y apenas llegó a casa estaba por meter su pollerita con la asquerosa mancha a la lavadora pero decidió tirarla a la basura. Ahora podría usar la hermosa pollerita tableada que se había comprado…

Me quedé todo el día en casa, no quería dejar solita a mi hija. Preparamos juntos la cena y hasta nos sentamos en el sofá para mirar televisión.
Cuando se fue a dormir la acompañé hasta el dormitorio decidido a que no me pasaría otra noche arrodillado al costado de su cama, esta vez me acostaría pegadito a su cuerpo.
Sentada al borde de la cama se sacó las chinelas y también la bombachita, me extrañó que quisiese dormir así medio desnuda pero abrió el cajoncito de su mesa de noche y se puso una que tenía allí.

La tela blanca no lucía muy nueva, parecía una bombachita vieja con muchas desgarraduras arrancadas a mordiscones. A mi cielito no pareció molestarse mientras se acostaba con una creciente sonrisa en sus labios que deseaba intensamente poder besarle.
Su manita bajó a la entrepierna y mientras se oprimía el bultito tenía la mirada fija en el cuadro donde una cara sonriente le devolvía la mirada, parecía estar enviando mensajes con los ojos quietos desde el papel.
Inicié el movimiento de mis dedos mientras tenía una mano sobre la suya y ella pareció comprender, también aceleró sus movimientos, con mi otra mano me sacudía el monstruo ferozmente, ya me estaba acostumbrando a vivir de pajas…
Cerré los ojos acostado a su espalda para no verle los huesos y músculos mientras trataba de llenarle el culito con estrellitas a mi adorada Alicia.

(continuará)