Vuelve Alicia 04

Despertamos juntos, realmente despertó Alicia pq me pasé la noche en vela viéndola dormir boca abajo.
Su ropa holgada de dormir se había subido bastante descubriendo las piernitas y la bombachita blanca acariciaba esa colita de ensueño, mis manos querían hacer eso pero debía conformarme con la vista. Por más que pasase mi enhiesta humanidad por su traserito ella no sentía nada, tuve que sentarme sobre ella y pajearme mirándola;
por suerte no se percató de la abundante expulsión de estrellitas que dejó sus nalguitas brillando.

Luego del tradicional desayuno donde ella comía tostadas y yo me comía su carita con la mirada, fuimos juntos al colegio. Estaba por sentarme junto a la rubiecita cuando la nena de la primer fila pidió permiso para ir al baño, recordando que ahora yo podría entrar a ese cuarto prohibido decidí seguirla para verla mear.
Presurosa se sentó sobre un inodoro mientras no le alcanzaban las manos para bajarse la bombachita, unas caritas de dolor parecían indicar que el trámite no era muy placentero. Al salir nos encontramos con el profesor de inglés que al ver a la nenita caminar raro le preguntó que le dolía, parece que la noche anterior había comido demasiado picante y ahora le ardía el hoyito posterior al hacer caca.

Muy naturalmente la tomó de la manita para entrar al cuarto de enfermería, allí le pidió que relatase sobre la cena anterior y cuándo comenzaron las molestias.
Arrodillado a su lado le sobaba las piernitas pasando la mano bajo el vestidito, supongo que le apretaría las nalguitas por los movimientos de su mano hasta que le pidió que se afirme sobre una silla dejando su espalda arqueada para aplicarle una crema.
Me gustaba que en ese colegio atendiesen tan solícitamente a las alumnas pero un bulto prominente en su pantalón me hizo dudar: creo que este degenerado solamente quería tocarle la cola a la niña.

La pobre nena mantenía su faldita alzada mientras esperaba con los ojos cerrados el tratamiento curativo, el profesor era bastante gentil al bajarle la bombachita para revisar a fondo esa colita dolorida, debía separar bien el canal que dividía las nalguitas y pasar la crema de modo concienzudo.
Hasta llegar al hoyito marrón que parecía algo irritado, allí dedicó más tiempo para aflojarlo con el dedo y hasta introducir algo de crema para curarla. Parece que la pomada estaba algo fría por las quejas de la pequeña, por lo que decidió agregar algo de crema tibia producto de su propia humanidad que sacó con destreza del pantalón.

Ya me no me quedaban dudas de que estaba a punto de hacerle el culo a la pequeña pero yo no podia intervenir, solamente mirarlos.
Pasando la jeringa de carne por todo el canal posterior le recomendó a la pequeña paciente que debería dejarse flojita para inyectarle el curativo líquido caliente, con mucha paciencia logró aflojarle bastante el culito para introducir la puntita de la pija y eyacular en las profundidades del intestino invadido. Realmente el desgraciado se la culeó a la alumna haciéndome dudar de la seriedad en este colegio al que asistía mi hijita.

El ser testigo invisible de esta operación me hizo recordar que podría tener sensaciones táctiles con otro fantasma como yo, que si bien no podría aplicarle un amoroso enema a mi Alicia, conocía a una nenita desencarnada a la cual podría tocar y brindarle el placer de sentir una tibia piel. Presuroso me encaminaba hacia el hospicio, esta vez sin utilizar las molestas puertas hasta la habitación del loquito.
El pobre estaba sentado al borde de su cama con el rabo en la mano, en ese ambiente casi parecía natural que un loco se estuviese tocando los genitales en público, menos a mí que apreciaba a una nenita envuelta en una sábana con los ojos muy abiertos observando esa carne tubular. Al verme se le bajó la erección del susto y no sabia como disculparse por hacer eso frente a una criatura inocente, recriminándole con la mirada me llevé a la nena de la mano hasta una habitación contigua que tenia cama desocupada.

Con tímida vocecita me contó que su amigo estaba tocándose al llegar ella y le confesó que estaba pensando en su cuerpo mientras se pajeaba, por lo que le permitió seguir mientras entreabría su sábana mortuoria mostrándole un poco la puchita. Al relatar se abría un poco la tela para graficar los acontecimientos, ayudándole le acaricié el plano pecho recordándole que aun no tenía tetitas o atributo femenino alguno para excitar a un hombre, salvo tal vez su colita que parecía deliciosa.
Estas palabras la derritieron arrojándola a mi cuello en un delicioso abrazo, realmente era lindo poder sentir esa pielcita tibia bajo mis manos que la acariciaban cada vez con mayor deleite. Le recordé que el loquito debía conformarse con verla pero no podía tocarla, no era capaz de darle placer alguno. Viendo que mi miembro estaba nuevamente inflamado le recordé que deberíamos hacer la curación pertinente uniendo ambas lastimaduras, su colita golpeada al caer del columpio con mi trozo de carne que se había lastimado en una confusa ocasión.

Pidiéndole que relatase nuevamente lo que vio hacer con su cuerpo cuando ya había desencarnado traté de reproducir sus palabras y pidiéndole que se acostase dándome la espalda dejé descansar mi espada entre sus nalguitas. Parecía natural la escena de la chiquita pasando a palabras sus borrosos recuerdos mientras le acariciaba la pancita, bajando lentamente hasta su tajito y tratando de que los dedos dibujasen el contorno de aquel bultito hermoso.
Cuando llegó con su relato a la inserción trasera le dije que esa sería una hermosa experiencia ya que ahora no hacía mas caquita, ese agujerito no sentiría más nada saliendo y tal vez el tránsito inverso le agradaría. Mientras le pasaba un dedo por la canaletita trasera recordando la curación que había presenciado en el colegio, imaginaba que esa colita era de mi Alicia y no pude resistir la tentación de bajar allí con la boca y humedecer mucho su culito con saliva mientras un dedo pugnaba por ensartarla.

Cuando no pude resistir más tiempo reemplacé el dedo por uno mayor sin uña bastante humedecido por sus propias secreciones, dejándolo en la puertita oscura mientras susurraba al oído de la fantasmita que debía aflojarse para poder entrarle por detrás. Lentamente el glande se deslizaba dentro de ese anito, su esfínter se resistía mucho más que el cuerpo inerte que había poseído antes y tuve que iniciar un lento bombeo sin metérsela más hondo. Entrar en ese culito apretado era hermoso, su esfínter cerraba y cedía por momentos debiendo aprovechar cuando se aflojaba para meterle la pija más adentro del ano.
Tal vez por imaginar que estaba aplicando un supositorio carnoso a mi Alicia, pude echarle una dosis de leche estrellada en el intestino.
Por su carita de dolor me percaté que en los últimos estertores orgásmicos se la había metido bastante adentro pero el tejido astral es más elástico que un anito de verdad. Reconocí no haberle brindado placer sugiriendo que le daría besitos en el sitio por donde hace pis.

No sabía si lograría llevarla a ver las estrellas cuando le ataqué la puchita con la lengua, al principio se reía por las cosquillas hasta chuparle la conchita bien a fondo. Cuando las risas se transformaron en suspiros supe que estaba logrando mi objetivo y me dediqué a comerle furiosamente la puchita, su anito aún estaba dilatado y húmedo por lo que le metí un dedo en el culito. La combinación de sensaciones la llevaron a temblar fuerte arqueando la espalda en un delicioso orgasmo, ya la estaba besando mientras ella aún resollaba y nos terminamos comiendo la boca mucho tiempo.

Comenté que deberíamos buscarle otra ropita, no se podría pasar la vida (o la muerte ?) envuelta con una sábana y recordé que también me vendría bien mudarme este saco abierto por la espalda.

Salimos caminando alegremente del hospicio, la nenita caminaba un poco rengueando mientras decía tener unas molestias en la colita. Preocupado decidí revisarla pero en medio de la calle quedaría mal si un adulto le está tocando el culito a una nena, por lo que entramos a un bar. Era muy lujoso, con sillones amplios para los comensales pero estaba todo ocupado. Decidimos que al ser invisibles no sería tan grave que le mirase la colita en presencia de unos pocos y elegimos una mesa donde una parejita joven tomaba chocolate caliente con masitas.
Aunque no sentía hambre instintivamente traté de agarrar una galletita de aquellas, sobra decir que mis dedos pasaron por dentro del platito… El muchacho parece que llevaba un teléfono móvil en el bolsillo dado un tremendo bulto que se le notaba en el pantalón, la muertita viva parece que se dio cuenta agachándose para ver eso de cerquita mientras que yo pensaba que si la novia se percatase armaría un escándalo.

Al menos la postura de la chiquita dejaba su traserito en pompa y me dediqué a levantar la sabana que oficiaba de vestido para revisar su dolorido anito. Estaba un poco agrandado, pensé que el tejido incorpóreo retomaría su estado inmediatamente pero parece que no. Tuve que aplicarle mucha saliva con la lengua y chuparle el culito por un rato hasta que mi propia inflamación me pedía más. Consciente de que no podría metérsela nuevamente hasta que se le curase bien el culito le dije a la criatura que podríamos hacer una travesura, su carita de felicidad me indicó que le dolía menos el trasero y también le entusiasmaba hacer algo prohibido.
Mientras la melosa novia hablaba tonterías le pasé el miembro inflamado por el pelo y aveces trataba de metérselo en la boca. La chiquita se percató de que eso no funcionaba y sugirió que ella sí podría saborear ese chupetín, parece que ya no sentía vergüenza por estar delante de unos desconocidos al tomar mi barra de carne y aplicarle unos besitos en la punta.
Le tuve que explicar que debería metérsela en la boquita pero sin morderme y mientras mover cadenciosamente la manita que oprimía el fierro candente. No puedo decir que era una experta chupando pijas pero el hecho de hacerlo en presencia de otros logró su cometido, recordando que tal vez las estrellitas eyaculadas no tuviesen buen sabor le dije que las metería en la taza con leche chocolatada de la chica.

Temí quemarme al meter el pene en la taza humeante pero no, el semen astral no debería tener sabor dada la cara de póquer que exhibía la chica que bebió eso con total naturalidad. En medio de la conversación de la parejita pude rescatar que ella trabajaba en el hospital de niños y se me encendió la lamparita: allí hallaríamos ropa adecuada para mi amiguita fantasma. Ahora ella ya caminaba normal, sin esas molestias en su culito recién abierto, parece que la saliva aplicada era buena medicina para un anito dolorido.
Entramos al hospital de niños pero me pareció que era un espectáculo poco adecuado para una criatura, aconsejándole que se quedase en la sala de espera donde había televisión me dediqué a caminar entre las camillas. No había una separación entre niños y niñas, parece que esa diferenciación de sexos solamente aplicaba para los adultos.

Caminaba bastante y ya me hacía a la idea que allí no hallaríamos las prendas deseadas, casi de regreso veo algo poco común: un enfermero estaba atendiendo a un niño mientras una nena de la cama vecina observaba atónita sentadita en la cama. Su carita parecía asombrada por lo que me acerqué para apreciar mejor el tratamiento: el enfermero le estaba sobando el pitito al nene que ponía caritas de placer. No comprendí como podría hacer eso a la vista de todos, era evidente que la nena a unos escasos metros los miraba.
Allí caí en la cuenta que su cuerpito físico reposaba en la cama y que aquella personita era un fantasma recién desencarnado, era invisible para el entusiasmado enfermero pero no para mí, recíprocamente ella también me podría ver. Se asustó un poco al ver llegar a una persona trajeada pero que la miraba dulcemente, yo no sabía cómo hacer para que no se percatase de su cuerpo inerte tendido en la camita, no podría asumir que estaba muerta sin crear un escándalo.

Le dije que venía a pedido de sus padres para llevarla a casa porque ya estaba curada, mientras armaba un relato creíble iba tomando sus prendas que estaban en una silla antes que ella abandonase la cama. Sabía que la contraparte astral de la ropa estaría vigente mientras ella no se apartase de su lecho de muerte. La llevé tomada de la manita hasta el baño mientras le recomendaba que se duchase para llegar limpita a casa.
Manifestó vergüenza para desvestirse delante mío y tuve que reconfortarla diciéndole que la esperaría en la puerta y de paso le cuidaba la ropa de calle.
Con mucho sigilo me escapé con un bollo bajo el brazo.
Mi muertita preferida daba saltitos de alegría mientras se quitaba la sábana quedando desnudita ante la vista de todos, por suerte nadie se inmutó cuando la alcé para chupar sus inexistentes tetitas. Parecía otra nena con esa ropa, una pollerita preciosa aunque casi largo una carcajada al levantársela para mirar debajo, la bombachita estaba por caérsele, parece que la donante tenía un trasero más voluminoso para llenar aquella prenda.

Por más que se la acomodaba parece que le quedaba flojita y la senté en la sala de espera para quitársela, así vestidita estaba muy bonita y no pude evitar la tentación de separarle las piernas para besarle el tajito, un anciano sentado cerca nos miraba intensamente y tuve que deducir que era otro fantasma y algo degenerado por la forma de mirar a una criatura. Este sub mundo se estaba complicando, ni siquiera lograba chuparle la conchita a una nena en paz.

Estábamos saliendo cuando le entró curiosidad por la dueña original de esas prendas y tuve que contarle que quedó bañándose en la creencia que iría a su casa. Con carita compungida me reprochó que eso era cruel, no podríamos dejarla solita que se enterase que era un fantasma y encima sin su ropita, nuevamente nos dirigimos hacia los baños. La nueva estaba paradita con cara de horror, pasaba la mano bajo el chorro de agua dándose cuenta que no se mojaba, le miraba su conchita seca pensando que se la podría mojar con saliva pero aún no teníamos tanta confianza como para lamerle la pochola.

Tuvimos que demostrarle cómo atravesábamos las paredes hasta que se convenció al pasar ella misma através de la puerta cerrada, decidimos que el nuevo hogar sería el hospicio donde al menos un humano nos podía percibir.

Al verla con su propia ropita le pidió que se la devolviese, casi se pelean las chicas hasta que intervine explicándole la situación y mostrándole la bombachita que llevaba en el bolsillo.
Accedió a ponerse esa prendita si me daba la vuelta para no verla pero mi fantasmita le aclaró que esas cosas de etiqueta ya no eran válidas, que ella hasta alojaba mi pajarito en su colita. Esto aflojó el temperamento de la nueva y entre risitas contaba lo que estaba haciendo el enfermero con el nene, como le manipulaba ese pitito del tamaño de un dedo, solamente para recibir una sonrisa de mi muertita mientras decía que el pitito adulto es mucho más grande y hasta duele sentirlo entrando por el culito.

Esta vez salimos por la puerta como gente decente vestida que éramos, salvo por una de las nenitas que llevaba un ligero camisolín pero tenía bombachita, mientras la mía podía sentir el aire en sus partecitas.
Mi muertita estaba mimosa pidiendo que la llevase alzada en brazos, los pies se me hundían un poco dentro del piso por el peso adicional pero no me importaba: ahora tenía dos nenas para jugar y mi mano tapaba una colita desnuda mientras un dedo le acariciaba la puchita.

Ya instalados en el hospicio estaba por despedirme mientras observaba la colita de la nueva, era realmente un traserito más grande pero seguramente nunca conoció hacer caquita hacia adentro como mi muertita o como mi Alicia, como mi tesorito divino dueña de un fantasma.

(continuará)