Vuelve Alicia 06

Estaba en el colegio, arrodillado delante de una chica desconocida recientemente desencarnada. Claro que no la maté, solamente le ayudé a salir del cuerpo para usarlo en préstamo para ver a mi Alicia, luego se lo devolvería.

De modo inconsciente levanté su pollerita para verificar el color de sus calzoncitos, no se para qué si de todo modos robaría su cuerpo físico pero no pude resistir tocarle la puchita mientras me despedía metiéndome dentro del cuerpo inerte que yacía en el suelo.

Tuve que encogerme mucho para hacer coincidir los pies y la cabeza simultáneamente, además de la sensación de mareo y debilidad que me azotaban. Creo que valió la pena, entre varias nenas trataban de reanimarme mientras me tomaban de las manos y me acariciaban la cabeza, me estaba sintiendo realmente bien hasta mirar hacia abajo y descubrir unas piernitas flacuchas que salían de una pollerita colegial.
Pero lo mejor de todo era que una de las manitas que me acariciaban eran de mi cielito divino, tuve que fingir mucha inestabilidad para seguir aferrándome a esos deditos que antaño sabía cubrir de besos.

Aprovechando mi estado de desconcierto revoleaba los brazos como si estuviese volando, todo para acercarme al pretendiente de mi hija y darle tremendo cachetazo, esta vez lo tiré al piso y quedó lloriqueando.

Aun mareado me dirigí al baño, inconscientemente entré al de varones pero dado que sentía ciertas urgencias fisiológicas me metí en un bañito trancando la puerta. También inconscientemente manoteé el monstruo para aliviar la vejiga, HORROR, no tenía mi monstruo ni monstruito, solamente un mísero tajito. Tuve que sentarme en el inodoro lamentando haber escogido un cuerpo femenino.
Al levantarme tenía las piernas salpicadas, esto de mear por un tajito no era nada cómodo...
Secándome con la mano me dio como electricidad al pasarme el dedo por el medio, me da vergüenza decir que me estaba secando la conchita pero el dedo paseando por allí se sentía muuuuy bien. Me dediqué a hacerme un dedito mientras mascullaba rabioso que otra vez era un onanista. Esta vez pude aprender que hay diferentes velocidades y presiones al tocarme el clítoris, yo creía ser un maestro al chuparle la conchita a mis nenas pero estas lecciones me ayudarían para hacerlas vibrar mejor.
Vibrar era lo que estaba haciendo yo mismo, estaba acabando como un cerdo (o sería cerda ?) al jugar con mi nueva puchita.

Al salir del baño estaba el maldito profesor de idiomas que me recriminaba haber ingresado al baño de varones, pero su rostro se dulcificó cuando me tranquilizaba diciendo que los episodios epilépticos desorientan.
Lo que no me tranquilizaba eran sus manazas pasando por mi espalda hasta tocarme el trasero, el degenerado quería tocarme el culo !!!, acercándome al lavabo ubiqué la mano para enviarle un chorro de agua que lo sacó de sus perversos pensamientos.

El tiempo restante de la clase pasó de modo anodino, eso en cuanto a la maestra que se desgañitaba para enseñar no se qué pavada, mis ojos solamente existían para admirar el cabello y la espalda de mi hijita un par de bancos delante.
En el recreo pensaba abordarla pero se dirigieron en grupo al baño, recordé la manía compulsiva de las mujeres para ir al baño en patota y también me encaminé detrás del grupito que me ignoraba.

Las chicas no utilizaban los servicios, no entiendo para qué diablos irían al baño entonces, solamente presumían delante del gran espejo arreglándose el cabello o el uniforme. Todas hablaban a la vez contando del chico que les gustaba, que a fulano se le notaba el bulto entre las piernas, que tal otro le había robado un beso. Me convencí que todas las chicas son unas putitas en desarrollo, algunas reputas.

Creo que tenía la boca abierta mirando embobado a mi hijita cuando siento que me toman del brazo arrastrándome dentro de un bañito. No podía creer la fragilidad de mi cuerpito actual que era manejado como un trapo.
Ya dentro también quedé mudo/a al reconocer a la chica que me había forzado hasta aquí: era María, la nena algo mayorcita amiga de Alicia y que hacia "cositas" con mi mujer (mi ex realmente)
Alborozada decía que resultaba evidente mi gusto por las mujeres, esa mirada lujuriosa que tenía mirando a Alicia delataba mis inclinaciones. Estaba por decirle que lógicamente me agradaban las mujeres, pero ahora estaba en un cuerpo de nena y no sería nada fácil hallar un rol adecuado.

Bajando la cabeza le dije en tono de confesión que siempre me ha gustado mucho Alicia pero nunca me había animado a hablarle, como me acariciaba la cabeza pensé que debería ser recíproco pasando a acariciarla a ella también. Me dijo que era un pícara y me plantó un beso en la boca que no era nada desagradable, definitivamente debería asumir un papel de lesbiano…
Preguntándome si deseaba un dedito rápido, tuve que pensar velozmente acerca del significado de su oferta pero ella ya estaba con la mano bajo mi pollera y con una habilidad pasmosa me acariciaba el tajito. SI, mi tajito y no mi querido monstruo, las sensaciones eran bastantes placenteras pero yo deseaba meterla en un agujerito calentito, tenía un cuerpo físico pero no el pedazo de carne tan apreciada.
La cretina era mucho más grande que yo no pudiendo zafarme, además ya no tenia ganas de escaparme de sus dedos expertos, me estaba haciendo un dedito con mucha calidad haciéndome ver las estrellas al acariciarme la puchita hasta que se agachó para chuparme; arghhhhhhhhhhhhhhhhhh, era genial sentir que me chupaban la conchita, al percibir un dedito acariciándome el ano nuevamente acabé como cerda mientras mis grititos eran absorbidos por la boca de Mary que me besaba furiosamente como si fuese su hembrita.

Me salvó el timbre del recreo de que me ensartase el culo pero acariciándole un poco su trasero le dije que se lo mordería de disponer más tiempo.

A la salida del colegio me devanaba los sesos tratando de adivinar cual sería mi madre esperando a la salida. Un hombre fornido vino a mi encuentro alzándome como si fuese una pluma y con palabras paternales me preguntaba acerca del episodio epiléptico. No me quedó alternativa al asumir que sería mi padre, de paso me llamó Susanita por lo que mi nombre ahora era Susana… son las cosas de la vida (y de la muerte).
Entramos a un automóvil rumbo a casa mientras cavilaba si no tendría hermanos mayores que hicieran cosas asquerosas con mi enclenque cuerpito. Cuando llegamos dejé que me alzase en brazos para no demostrar que todo aquello me era desconocido, fingiendo estar aun mareado (o debería decir mareadA ahora) me llevó a una habitación llena de ositos de peluche y muñecas, decidí que esa sería ahora MI habitación.
Muy naturalmente me sacó el buzo del colegio y estaba por quitarme la pollerita cuando le recriminé que yo podría hacerlo por mi cuenta, dijo que bajaría a preparar la comida mientras me cambiaba de ropas. También naturalmente me pasó la mano allí abajo preguntando si no me había hecho pis al descomponerme en el colegio, creo que era una actitud puramente paternal porque solamente me rozó el tajito con el dedo mientras mi cara se ponía roja de vergüenza.

Mientras recorría mi nueva habitación revisaba cada cajoncito cavilando que al menos podría hablar con mi Alicia, tocar sus manitas y tal vez confesarle cuánto la amaba.

Luego de mucho revolver prendas en mi nueva habitación pude hallar un buzo de gimnasia que parecía bastante varonil, estaba poniéndome eso cuando decidí jugar mi rol de nenita buena y me enfundé en un camisolín de esos que le vi a tantas nenas en mi vida (y en mi muerte).
Bajando las escaleras buscaba con la mirada a mi nueva madre, pero un cuadrito cruzado con una cinta negra me comunicó la realidad: solamente tenía padre.
Ya devorando la comida me tranquilizó descubrir que tampoco tenía hermanos y que aquella casa solamente poseía dos habitantes.

Tenía un hambre de caballo pero a los pocos bocados la saciedad me hizo apartar el plato, parece que era el comportamiento normal de Susanita ya que el hombre (mi padre ahora) solamente me pasó un flancito de postre y me arrastró de la mano hacia un sofá para ver televisión.
Era bastante normal que un padre abrace a su hija cuando están relajándose y viendo la tele, pero sus manazas paseaban por mi brazo y al llegar a los hombros dijo que tenía mucha tensión. Fue hasta un mueble trayendo un tarro de crema y yo no podía frenar los temblores aterrorizado que viniese lo peor, recordaba otras ocasiones cuando un tarro de cremita era sinónimo de encular a una de mis nenas queridas.
Parece que la intención no era tal, solamente se embadurnó las manos y acostándome de panza masajeaba lentamente mis hombros. Parece que mi holgada prenda era molesta para masajear más abajo y con gran lentitud y maestría fue subiendo el camisolín hasta dejar toda mi espalda desnuda.
No podía rebelarme a ese tratamiento que parecía rutinario en casa de Susanita, así que apretando fuertemente el culo me dejé llevar por la sesión de masajes que estaba muy buena.

Al terminar respiré con alivio viendo que no existían intenciones secundarias, solamente una palmada en el trasero mandándome a dormir. Al incorporarme tenía humedad en la parte delantera de la bombachita y nuevamente el dedazo de mi padre riéndose me decía que era una meona mientras su dedo me apretaba la rajita.
Tuve que reconocer que la sensación de un hombre tocándome allí abajo era placentera, por más asco que me causase en la anterior vida.

Esa noche dormí como un tronco hasta la mañana cuando entró mi padre sin llamar a la puerta y muy naturalmente me llevó al baño abriendo la ducha. Con cierta brusquedad me bajó la prendita blanca llevándome alzada hasta la bañera demostrando apuro por ser tarde para el colegio, procedió a enjabonarme y a tallar rápidamente mi esquelético cuerpo femenino. No sabía si sentir vergüenza o dejarme llevar por el placer de esas manazas enjabonando mis piernas y partes íntimas.
Tenía los ojos cerrados por el jabón sintiendo esos dedos expertos recorriendo mis puntos flojos, sentía su grave voz diciendo que en un futuro tendría pelitos allí abajo mientras su dedo me limpiaba la conchita prolijamente, me quedé con las ganas de correrme mientras me enfundaba con el uniforme colegial.

Ya en clase, mediante una mirada le pedí permiso a María para sentarme en la banca vecina, de paso me quedaba justo a la espalda de mi tesorito. Ya no necesitaba disimular mis inclinaciones ante Mary y aprovechaba cualquier ocasión para acariciar el pelo de Alicia que no se percataba de esas maniobras. Deseaba enterrar mi nariz en esa cabellera para aspirar sus efluvios divinos pero debía conformarme con tocarla un poquito.
En el recreo Alicia me ignoró totalmente y fuimos en patota a los baños, esta vez entré al privado con Mary arrastrándola a ella. Como no podíamos alzar la voz le dije quedo al oído que estaba muerta por Alicia, que deseaba besarla hasta dejarla desmayada sin respiración, que moría por chuparle la conchita y beberme hasta la ultima gota de sus jugos.
Estas palabras calaron hondo en Mary que me aplicó un chupón dejándome sin respiración y diciendo que la podría chupar así a ella imaginando que era Alicia. No me hice rogar y le pedí que se afirmase con las manos contra la pared para lengüetearla desde atrás.
Mientras ella se subía la pollerita mis manos no daban abasto para bajarle la bombachita y enterrar mi nariz en ese trasero. Con la lengua repasaba su canaleta posterior haciendo que arquee la espalda para chuparle el chumino, por suerte mi dedo era pequeño y humedeciéndolo en la puchita se lo enterré en el culito. No tendría monstruo para meterle por el culo pero al menos le daba dedo para que goce y de paso me salvaba el culo propio que logré conservar virgen.

Cuando sonaba el timbre para volver a clases aún estaba dedeando a Mary luego de sacarle varios orgasmos. Muy contenta al volver al aula se la pasó hablando con la rubia rompe corazones Martita y luego me diría que siendo amiga de Alicia me ayudaría allanando el camino para mis sueños.
La cuestión que entre la charla se animó y la rubiecita hasta me prestó el celular para avisar a mi padre que iría a casa de ella a merendar.
Nuevamente estaba traspasando ese portal con campanitas, esta vez sonaron al abrir la puerta y el dependiente no estaba haciendo nada sospechoso.
Lo único desagradable era el borracho en el sillón con el pito fuera del calzoncillo, muy pícara la rubia me preguntó si deseaba ir para acomodarle la carne muerta y no pude mostrar que me daba asco, por suerte vino corriendo la hermanita y la alcé para saludarla.

Parecía increíble pero esa criaturita ahora era pesada para mí, tuve que hacer fuerza sosteniéndola por la colita para que no se me cayese. La escuincla me había tomado cariño y no bajaba de mi falda, quería hacerle sentir el monstruo bajo su colita pero eso sería imposible debiendo conformarme con acariciarle las piernitas y cada tanto disimuladamente tocarle el tajito por encima de la bombachita.
Marta se disculpó por la criatura pegajosa contándome al oído que el dependiente de la tienda se la apoyaba en el potito y tal vez algo más, que la nenita parecía una putita de tanto buscar algo carnoso y tibio por detrás solamente que aun no sabía que a una putita le meten eso por sus agujeritos.
Parece que escuchó la mocosa al decir que no tenia nada de malo tocarle el pitito a un hombre y que ella ya sabía un modo de que se les ponga dura. La rubiecita infernal que pude sodomizar dormida hace un tiempo se ponía colorada con las palabras de su hermanita, mientras yo recordaba como le metía la pija por el culito mientras dormía plácidamente.

Haciéndome la extrañada le dije a la nenita que eso no se podía hacer, que los pititos siempre eran fláccidos y que deberían meterle un alambre para que quedasen tiesos, con un gesto nos invitó hasta donde dormía el padre aun con el pito por fuera. No comprendía pq los borrachos se duermen con esos ridículos calzoncillos que dejan escapar al gusano.
En puntitas de pié se acercó al durmiente, como si éste se despertase con algún sonido. Apenas a su lado le tomó el miembro y acercando la cabecita se lo metió en la boca, la escena era desagradable al ver a un hombre mientras le chupaban la pinga pero la nenita tenía razón, aquella cosa estaba incrementando volumen.
La tomé de la manito para llevarla nuevamente al dormitorio mientras recriminaba a la hermana que esas cosas deberían evitarse dada la temprana edad de la chiquita que veía eso como un juego.

Mientras la hermana estaba en la cocina preparando nuestra merienda aproveché para tocar un poco más a la nenita que tenía sentada en la falda, antes me parecía demasiado chica para algún juego sexual pero ahora debía considerar mi reducido tamaño para gozar de una pequeñita menor que yo. Mis manos pensaban lo mismo mientras recorrían sus piernitas suavemente y un dedo travieso permanecía más tiempo sobando su hachazo. Cuando volvió Martita con las tazas humeantes le comenté que ya se le notaban los pezoncitos, unas lindas tetitas estaban asomando.
Esto le causó gran satisfacción y le pregunté si le habían chupado mucho allí, que los pechitos se desarrollan más rápidamente aplicando succión. Parece que era renuente a comentar del tema por lo que sugerí que podría ayudarla en ese menester, siendo ambas chicas el secreto quedaría asegurado. Quedamos en ir a su habitación para aplicar el tratamiento y verle quitar esa blusita colegial me erizaba los pelitos que no tenía y se me mojaba donde debería estar el inexistente monstruo.

No podía decirle aún que me agradan las mujeres, preguntándole a Martita si había tenido experiencias sexuales confesó que unas pocas pero muy placenteras, que había tenido un pedazo de carne en la mano y se la habían metido un poco. Sus últimas experiencias eran con un consolador pequeñito que consiguió en el colegio y lograba metérselo bastante adentro. El jueguito me gustaba y le ofrecí que también podría hacerle eso, a la rubiecita infernal le parecía que era un jueguito íntimo pero se dejó convencer acostándose de lado pero sin quitarse la bombachita, solamente se subió un poco la falda escolar.
Parece que le daba vergüenza que otra chica le viese la cara, así dándome la espalda sería responsabilidad mía trabajarle el traserito adecuadamente. No haciéndome esperar inicié pasando el tubito plástico por su enfundada colita lo que hizo que Martita moviese la pierna dejándome libre un mayor campo de acción, alternando entre su tajito y entre los cachetes fui desplazando su bombachita sin quitársela, sólo corriendo la tela un poquito para llegar a sus partes sensibles.
No se sentía muy cómoda al meterle el consolador por la puchita, apenas un centímetro y su respiración denotaba molestia, por lo que dediqué mayor atención a su cola.

Chupando un poco la punta para mojarla bien, apunté el instrumento al agujerito marrón, parece que eso sí le agradaba y movía la cola hacia atrás para insertarse un poquito de consolador. Una vez distendido el esfínter pude atacar ese hambriento anito con mayor ahínco, era delicioso observar como ese agujerito se comía el consolador, metérselo por el culito no era tan difícil como parecía al inicio.
Estábamos muy absortas en nuestra operación secreta cuando una tocesita nos advirtió que la hermanita estaba mirando parada al lado de la cama, presuroso le saqué el aparato del culito escondiéndolo bajo la almohada. Por suerte la chiquita solamente se quería acostar a dormir un poco y se metió entre las dos quedando frita.
Yo aún tenia una calentura sin desahogar y mis manos se debían entretener acariciando suavemente a una criaturita indefensa, parece que Martita se percató que la tocaba de modo indecente revelando mi gusto por la geografía femenina. Susurrando me pidió que no le meta nada a su hermanita pero que le podría acariciar la colita si eso me gustaba, estaba bajando la mano para manotear el monstruo pero solamente hallé mi propio tajito. Supongo que habré puesto expresión de frustración cuando la mano de la rubia se apoderó de mi zona genital para ofrecerme eso que no me animaba por mi cuenta.
Con voz bajita me preguntó si quería sentir el consolador entrando por allí pero azorado le dije que su manita alcanzaría porque deseaba seguir virgen. La condenada lograba arrancarme suspiros con sus dedos en mi puchita, no pensé que el vulgar tajito fuese tan sensible y logré tener unos placenteros estertores con la mano de la rubia dedeándome la conchita mientras mi propia mano acariciaba el potito durmiente.

La visita llegó a su fin debiendo retornar a casa y esta vez el dependiente me saludó con un beso pegajoso que casi me da en la boca, esperaba que para las nenas de verdad no fuese una sensación tan asquerosa. No imaginaba lo que sería sentir algo penetrándome las entrañas, ahora tenía dos agujeritos y gran curiosidad por conocer sus sensibilidades.

Esa noche en casa le espiaba el bulto a mi padre tratando de adivinar su tamaño, me corrían escalofríos al admitir que estaba pensando en el pito de un varón, pero era solamente con fines didácticos.
Me dormí pensando que me haría daño dejarme meter algo tan grandote y al día siguiente hallé la víctima perfecta, el pretendiente de mi nena, de mi amorcito divino que no lograba imaginar en brazos de otro.

Calculando que un clavo sirve para sacar otro clavo (no creo que funcione en carpintería pero sí en males de amor) me propuse sacrificarme para salvar a mi nena de este desgraciadito. Durante toda la clase le rozaba la mano y le dejaba ver mis escuálidas piernitas, hasta a mí me daban lástima las flacuchas extremidades. No pensé que pudiese competir con la hermosura de mi diosa Alicia y cerrando los ojos del asco le apreté el pitito.
Ahora sí reaccionó con interés pero yo deseaba quitarle esa sonrisa rompiéndole la cabeza de un fierrazo, quedamos hablar en el recreo y María miraba estupefacta cómo me llevaba el pibito al baño.
Me quería besar desesperado pero casi vomito del asco, le pedí que me hiciera un dedito y luego que me la metiese por el tajito. Lo último lo comprendió pero lo de hacerme una pajita rápida no.

Yo no sabía como ponerme, ni loco le mostraba el culo a este cretino para que me la meta desde atrás. Bajándome la bombachita puse un pié sobre el inodoro y tratamos de que me la metiese en esa posición. Mientras cerré los ojos para no ver ese pitito asqueroso que se acercaba a mi entrepierna, pero sentir que me entraba la puntita de la pija miniatura era lindo y me maldije por tener pensamientos de puto.
Sentí su pancita tocarme y al mirar hacia abajo la tenía toda adentro, ni siquiera había roto mi himen el pitito de mierda de tan chico. Quise salirme enseguida pero el degenerado me agarró de la cintura para bombearme, tenía más fuerza que yo y me cojió hasta largar un poco de leche.

Al mirarme la conchita con semen saliendo me dio tanto asco que vomité y al correr el pié para no vomitarme los zapatos le metí una patada en los huevitos que cayó desmayado. Temí haberlo matado pero respiraba apenas por lo que vomité otro poco sobre su ropa; respiré con alivio sabiendo que había salvado a mi reina adorada de este pibito de mierda.
Igual seguí preocupado por no haber aprendido nada, necesitaba un pito de verdad para completar mi experiencia.

En clase miraba avergonzado a mi Alicia, cómo podría explicarle que me había dejado cojer por su noviecito para que la olvidase, quería arrodillarme a su lado para llorar sobre su falda implorando perdón. Solamente pude ir hasta su pupitre para pedirle algo prestado y rozarle la mano; moría por besarle esos deditos gritando a toda el aula que la amaba con locura pero solamente me salió una voz de flauta al decirle gracias, por suerte no vio las lágrimas que bajaban por mi mejilla mientras repetía mentalmente su nombre adorado: ALICIA ALICIA

(continuará)