Vuelve Alicia 07

Apenas llegar a casa mi padre me alzó en brazos inquiriendo sobre el colegio, yo no salía nunca de casa ni tenía amigas parece… Dado que ya estaba cansado de este cuerpo con tantas limitaciones pensaba cómo deshacerme del mismo pero debería usarlo sexualmente antes para averiguar qué sentían las nenas, qué cosas sentía mi adorada Alicia cuando estaba sentada en mis piernas percibiendo una barra carnosa en la colita.

Me puse un poco de perfume luego de elegir una bombachita vieja y floja, no podía creer que estaba planeando seducir a mi padre para que me la meta por la conchita. Al tocármela estaba algo mojadita y reflexioné seriamente si no estaría convirtiéndome en homosexual, igualmente me acaricié el tajito hasta ver las estrellitas para estar más tranquilo luego.

Después de la cena fuimos al consabido sillón para ver tele y al manifestarle que sentía frío en las piernas me subió a la falda friccionando mis escuálidas rodillas para que entrasen en calor. Mientras recordaba el fenomenal dedito que me había hecho recién, movía el trasero buscando alguna reacción paterna, la misma no se hizo esperar cuando sentí una protuberancia que crecía debajo de mí.
Sus manos me apretaban el pecho jugando con mis pezones, yo me reía pensando que no tenia tetas hasta darme cuenta que eso era lindo, un hombre me estaba manoseando las tetitas y eso me gustaba, puajjjjjjj.
No sabía si dar rienda suelta al asco o aguantarme para aprender un poquito más, pero una gran manaza tibia reptando por mis piernas me sacaba sensaciones que no conocía, parece que este cuerpito femenino tenia otra sensibilidad y los tremendos dedos no tardaron en acercarse al centro. Parecía pedir permiso para tocarme la puchita por lo delicado que me pasaba el dedo y haciendo a un lado la bombachita procedió a acariciarme en carne viva, ya no era algo accidental o puramente paternal: aquel hombre me proporcionando placer sexual.
El cretino me estaba llevando a otro clímax con sus asquerosos dedos, el desgraciado me estaba pajeando con mucha calidad y grité un poco al acabar viendo estrellitas hermosas.

Me preguntó bajito si deseaba darle besitos en la punta de carne, eso sí ya me asqueaba profundamente por lo que respondí quedamente que me conformaría con sentirla en mis partecitas privadas pero sin mirarla. Sin prisas pero sin pausas la sacó de su encierro para sentarme encima suavemente, ahora podía sentir el calor que emanaba de su coso directamente en mi piel, aun con la bombachita puesta pero corrida a un lado para que ingresase el dedo paterno. Con mucha suavidad acomodó el glande en mi puchita y como no me quejaba empezó a meterme el pene, debo confesar que no era desagradable si lograba olvidar que eso entrándome era un miembro masculino ajeno, solamente rememoraba esa misma situación cuando la tenía a Alicia en esa pose.
Sentí un poco de ardor mientras me penetraba, nada de romance mientras mi padre me estaba cojiendo, era una experimentación que no volvería a tener en mi vidas (o muertes) hasta que me metió la chota llegando a mi sello de virginidad, supuse que sería el momento crucial y me senté con fuerza para romper esa barrera lo más rápidamente posible.
No tenía nada de lindo eso, un agudo dolor punzante hasta la barriga mientras me enterraba la pija paterna hasta el fondo, creo que debí permitirle eyacular ya que la tenía metida muy hondo pero me levanté con suavidad para sacarme su poronga de adentro y fui corriendo hacia mi habitación.

Unas lágrimas me mojaban la mejilla por el dolor, me dolía la conchita y aun más mi orgullo masculino ultrajado, pero al menos ahora sabía qué sentían mis chiquitas cuando se les metía el pito en sus huequitos. Debió ser a causa de mi rabia y mis ojos empañados que resbalé en lo alto de la escalera rodando hacia abajo como una pelota para terminar golpeándome fuerte la cabeza.

Creo que me desmayé del dolor, al despertar lentamente por los gritos de una nena que me increpaba por robarle el cuerpo.
Aún no lograba asumir que no habitaba el cuerpito tendido en el suelo con un charco de sangre bajo la cabeza, hasta percatarme que nuevamente era un adulto desencarnado y la chiquilla que me gritaba era Susanita: la dueña de ese cadáver. Contaba que estuvo todo el tiempo siguiéndome y viendo como hacía cochinadas con su cuerpito, llegando al colmo de robarle la virginidad con su propio padre.

Mientras escuchaba la interminable diatriba de la pequeña que me pegaba puñetazos enfurecidos en las piernas, tuve que arrodillarme en el suelo para abrazarla confesándole que le había pedido prestado el cuerpito solamente por unos días, para poder hablar con mi hijita querida. No había calculado tener experiencias sexuales dentro de un envoltorio femenino, solamente poder tomar las manitas de mi Alicia adorada y decirle mil veces que la amaba con locura.

Estar parado al lado de un cadáver y escuchando a una nenita decirme barbaridades mientras se acercaba una sirena de ambulancia me tenía en estado de shock. Estimando que sería un espectáculo desagradable para la niña le tomé la manita y subimos la escalera, ya en su cuarto (nuestro cuarto realmente) nos tumbamos en la cama mientras la chiquita sollozaba resignada a no recuperar nunca su cuerpo físico.
La abracé dulcemente explicándole que le buscaría otro y que mientras aprovechase esta sensación ya que los fantasmas no tenemos sensaciones físicas, solamente con otros fantasmas. Aún vestía su uniforme de colegiala y le quité los zapatitos para que estuviese más cómoda, me sentía algo desubicado ya que debí dejar mi traje cuando tomé su cuerpito y ahora me debía conformar con la desnudez.

Quedaba un poco obsceno el espectáculo de un hombre desnudo en la cama con una colegiala, pero nadie nos vería para reprocharnos. Luego de un rato acariciando su cabello y muchos besitos en la carita amainaron los sollozos y pudimos hablar casi normalmente, le expliqué que conocía a otras dos fantasmitas de su edad y que la vida desencarnada no era tan mala como la pintan. Quiso saber qué sentí al desvirgarme, y mientras obviaba los ardores punzantes relaté que era una experiencia hermosa sentir cómo una barra de carne se mete dentro de una.
Debí decir UNO ya que nuevamente tenía mi atributo carnoso colgando entre las piernas, no tan colgando ya que lentamente adquiría consistencia ante la mirada atónita de Susanita.
Le dije que podría acariciar tranquilamente aquella barra de carne ya que nadie vendría pero mientras la pequeña tomaba esa cosa calentita entre las manos se abrió la puerta entrando el padre. El pobre lucía acongojado al sentarse ante la cómoda de su hijita muerta observando su propio llanto ante el espejo.
Lentamente iba abriendo los cajoncitos y revolviendo el contenido, hasta llegar a uno donde se guardaban las bombachitas.

Esas prenditas le cambiaron la expresión del rostro mientras tomaba una y se la pasaba por la cara oliendo ferozmente, yo reía recordando que me largué algunos pedos dentro de esa prendita. Como sabía que en toda la casa no había nadie procedió tranquilamente a abrirse el pantalón y sacar la macana enhiesta, su hija asombrada se levantó de la cama para mirar de cerca y me puse tras ella hablando en su oído mientras el pobre hombre se masturbaba con aquella prendita.
Le expliqué que ese pedazo de carne estuvo dentro suyo, metido profundamente hasta romperle el himen pero sin llegar a eyacularle dentro, seguro la excitación interrumpida y el desenlace horrendo lo habían dejado con las ganas.

Mientras el hombre se la sacudía le apoyé mi querido monstruo en la espalda diciendo que podría sentir algo semejante mientras observaba a su padre. Ante su silencio asumí permisividad para proceder y metiendo la mano bajo su arrugada pollerita colegial corrí la bombachita de lado para pasarle el miembro por allí.
Con la otra mano le aplicaba dedo en el tajito, ya conocía por experiencia propia el punto exacto para estimular a la pequeña, la única diferencia era que este fantasmita aún estaba virgen. Luego de sentir algo de humedad en su puchita apoyé el glande en su tajito haciendo un poco de presión para metérsela, la pobre tenía los ojos abiertos grandotes entre la visión del papito cascándosela con su prendita íntima y la sensación de un pitote entrándole en la puchita.

Fui mucho más suave que otras veces al bombearla lentamente mientras se acostumbraba a tener un intruso en la conchita, con cada embestida se la metía un poco más hasta ver que las sacudidas del padre indicaban estar llenando esa bombachita de leche. Era el momento culminante para terminar de desvirgarla sin hacerle doler demasiado, se la enterré casi hasta la mitad mientras el hombre se retiraba y mi chiquita se doblaba sobre una silla. Ahora tenía mejor acceso a su traserito flaco, pensaba que sobre eso me sentaba yo mismo hace poco y hasta hacía caca.
Por suerte mientras usaba ese cuerpo jamás dejé que me metiesen nada en el culo y era doblemente virgen del trasero. Ya era hora de que un dedo hurgase en aquellas latitudes y sin más miramientos le metí un dedo en el culito. El respingo asustado de la chiquita ante esta intromisión posterior causó que le meta la pija más profundo, la tenía casi toda enterrada en la puchita y con un lento dedeo en su ano llené esa vaginita de estrellas.
La pobre quedó cansadita y desmadejada, alzada en brazos la llevé a la cama y quedamos dormidos abrazados.

Nos despertamos ya oscureciendo y me comencé a preocupar por no tener ropa, la chiquita quería bajar a comer y tuve que convencerla de que no tendría hambre nunca más, mejor nos íbamos a la funeraria a conseguirme ropa y de allí al hospicio donde estaban las nenas extrañando mi larga ausencia. Le demostré que ahora ni los percheros funcionaban quitándole la blusa escolar y dejándola colgada en el aire, la pequeña se reía a carcajadas con el truco y comentaba sentir escozor en su cosita. Sabía que no había necesidad de lavarse luego de acabar pero decidí bajarle la bombachita para inspeccionar de cerca su vaginita recién ultrajada.
La pobre estaba un poco irritada por lo que metiendo la cabeza entre sus piernitas me puse a chuparle concienzudamente la conchita. Recordaba cuando Martita me había dedeado allí arrancándome sensaciones placenteras y creo que lo estaba logrando al sentir que Susanita me tomaba del cabello para dirigir la velocidad.
Unos grititos acallados me hicieron saber que había logrado el cometido, la pequeña había acabado con mi lengua en su panochita y al desparramarse en la cama la besé apasionadamente reconociendo que yo era el responsable de sus cuitas.

Nos dirigimos hacia la casa de los Wittkop, hacía un poco de frío pero aun estando desnudo no sentía nada, solamente viendo a otros peatones vestidos con ropas gruesas pude adivinar la temperatura. Temía ser arrestado por caminar desnudo de la mano con una colegiala pero no pasó nada, llegamos a la funeraria y ni abrimos la puerta para entrar.
Estaba el cuñado de Peñafiel maniobrando con un cadáver y Susanita se dio vuelta horrorizada para no ver aquel espectáculo, su movimiento repentino le dejó la carita pegada a mi miembro muertito y ella no sabía que vista sería mejor, tuve que disculparme por andar desnudo mientras miraba mejor la labor mortuoria. El funebrero había destapado un cuerpo yaciente de lado y se la estaba cojiendo por el culo, quiero pensar que era de mujer el cadáver ya que no vi su fantasma rondando, quizá aun estuviese dentro del cuerpo mientras la sodomizaban.

Al fondo había una camilla metálica con un hombre de mi estatura y muy contento me dispuse a leer la ficha de defunción ya que no quería ponerme la ropa de algún degenerado.
Ya conforme con los antecedentes procedí a tomar las prendas que estaban a su lado viendo con asombro como el muerto tenia una terrible erección, al menos era consistente con su suicidio por ahorcamiento y aún estaba sin despertar en su cuerpo astral. Susanita dijo que quería darle al difunto su último placer asiendo la carnosidad inflamada que se movía, parecía tener dos pingas mientras se decidía a abandonar el cuerpo.
Estaba por meterse eso en la boquita pero le dije que era una cochinada, una nena decente no le chupa el pito a cualquier desconocido pero podría meneársela como vio haciendo al padre.
No quería dejar solita a esa criatura inocente en medio del tétrico ambiente de una funeraria por lo que me arrodillé tras ella susurrándole al oído que en la otra camilla se la estaban metiendo por el culo a una muerta.

Para graficar mi relato le acariciaba la colita por debajo de la pollerita hasta que no pude más y corriendo la bombachita le metí un dedo por el culito. Estas sensaciones detuvieron la mano que masajeaba al empalmado muerto y cerrando los ojitos se dedicó a disfrutar las nuevas sensaciones. Me preguntó la razón de nunca usar el ano de su cuerpo cuando aún lo manejaba y tuve que confesarle que a los varones no nos agrada que nos metan cosas por el culo pero a las chicas les encanta.
No quería estar presente cuando el muerto saliese de su cuerpo estando yo allí metiéndole el dedo por el culito a una nena, por lo que salimos raudamente mientras me abotonaba la camisa.

Llegando al hospicio estaban mis dos amiguitas sentadas en la cama del loquito y corrieron para abrazarme de alegría, les presenté a Susanita explicando las peripecias vividas y con la buen nueva de que podríamos tomar cuerpos ajenos. El pobre demente no veía con buenos ojos a la flacucha, pero había sido mi cuerpo por unos días y me parecía bonita.
Nos encaminamos los cuatro hacia una sala con camas disponibles, el establecimiento estaba lleno de gente... una desgracia hasta que hallamos un cuarto donde guardan los muebles en desuso. Era perfecto ya que las camitas estaban una pegada a la otra, solamente que no había baño pero ya no necesitaríamos eso.

Mis dos amiguitas anteriores se sentían superiores en rango al conocerme de antes, aparte ser más bonitas que la flacucha, debo reconocer que sus colitas era mucho más tentadoras. La edad curiosa de las chiquilinas llevó la conversación hacia temas de sexo, Susanita contaba que lo más que había hecho fue besar el póster de un cantante que tenía en la pared de su cuarto, pero que este degenerado (yo) había estropeado su cuerpo y además había hecho cosas reprochables.
La mayor le preguntó si se la había metido por el culito, ante su negativa preguntó si al menos me había chupado el pito. Ante las negativas se rieron de la recién llegada ocasionando su ira para demostrar que la había desvirgado y estaba a punto de contar que casi se mete en la boca la pinga de un muerto cuando la besé con pasión a fin de acallarla.

Esta vez me saqué la ropa para no arrugarla y poder jugar con las nenas debidamente, solamente me dejé el slip ya que sería indecente retozar desnudo entre 3 nenitas. Susanita había quedado con la intriga del sabor que tendría una barra de carne, por lo que sacándola por un costado se arrodilló en la cama para engullirla con fruición. Tuve que explicarle que casi me mordía, no podría usar los dientitos mientras me chupaba la pija.
Las otras dos mientras le bajaban la bombachita pero sin quitarle el vestido, parece que le metían los dedos por todos lados por las expresiones de la mamadora, cuando estuve a punto de acabar le dije que tal vez no tendría buen sabor y podría probar metérsela por detrás como a las otras.
Su excitación no la dejó pensarlo mucho al darse vuelta para darme la grupa mientras besaba a las otras nenas, ese culito flaco ya había probado mi dedo por lo que no sería tan dificultoso. Por suerte no había permitido que me la metiesen por detrás mientras habitaba ese cuerpito, sería un anito virgen para abrir con mi monstruo.

No era nada fácil meterle el glande en el culito, tuve que darle un rato con el dedo y luego agregar otro para agrandar el esfínter de la flacucha, por suerte las otras le daban dedo por delante arrancándole suspiros que mitigaban la tortura que azotaba su potito. Al final y luego de lengüetearle el ano un rato logré que penetre la puntita, Susanita era realmente estrecha por detrás pero valió la pena, la sensación de un guante calentito aprisionándome el monstruo suplía todos los inconvenientes. Mi muertita mayor se ponía nerviosa al ver que no entraba en la cola de la recién llegada y ofreció solícitamente su ayuda para llenar la barra con saliva, casi le acabo en la boquita de lo bien que me chupaba el pito, parece que escuchó lo de no usar los dientitos y me hacía una felación maravillosa.
A punto de explotar se la tuve que sacar de la boca y apuntar derecho al ojito marrón que me esperaba palpitante, esta vez la cabeza del glande entró bien, al fin tenía enculada debidamente a la flacucha Susanita, el terror de que algo me entrase por detrás lo estaba presenciando al ver mi picha entrando en su culito. Ese cuerpito ya no me pertenecía y además a las chicas les encanta que se la metan despacito por la cola.
Para acelerar el proceso una de las niñas me acariciaba por detrás masajeando a los mellizos colgantes, un dedito travieso jugaba con mi orificio posterior amenazando entrar y tuve que enterrársela profundamente en el culito para evitar que algo entrase al mío. Un gritito de dolor fue acallado por una boca solícita que selló esos labios de modo apasionado mientras me dedicaba a bombearla despacito para evitar eyacular tan rápido. Al final le dejé un río de estrellitas en el intestino y el anito dilatado por metérsela tan fuerte y hondo.

Nos quedamos los cuatro en la cama para descansar un ratito mientras la nenitas contaban sus andanzas recorriendo el hospicio, como no tenía fuerzas para levantar a mi pobre monstruo tuve que conformarme con una mano en cada colita que me esperaba, al menos dos dedos traviesos les daban placer al no tener esos agujeritos sucios con caquita.

Por la mañana tenía curiosidad por el proyecto secreto de Peñafiel, por suerte recordaba bien la dirección al no disponer de lápiz o papel para tomar notas. La culoncita quiso acompañarme pero tuve que recordarle que ella solamente vestía una bombachita, no podría recorrer la ciudad así sin producir escándalo por lo que vino la otra que si bien no tenía bombachita sí lucía un hermoso vestidito.
Era mi muertita preferida y sus pasitos se demoraban apretándome la mano, entendí que deseaba unos mimos en privado fuera de la vista de la otras y me arrodillé para besarla tiernamente. Esta chica más que mimosa estaba caliente demostrándolo por el modo que me besaba apasionadamente, luego de comernos la boca largo rato le pregunté si deseaba unos besitos allá abajo.
Reprochándome por la demora en ofrecerle eso me arrastró a una placita cercana tirándose al pasto abierta de piernas, no perdía el tiempo mi muertita cuando le picaba el tajito…
Yo tampoco quería perder tiempo metiendo la cabeza entre sus piernitas para atacarla con la lengua, la chiquita se retorcía de gusto mientras le chupaba la conchita pidiendo que se la metiese un poco para acabar. Ya era tarde debiendo decirle que otro día y ahora solamente le haría ver las estrellitas con la lengua, de todos modos ya estaba temblando de tanto chupársela y solamente hizo falta que le metiese un dedo en el culito para que se sacudiese en un hermoso paroxismo orgásmico.

Al llegar al sitio lo hallamos fuertemente custodiado por militares y cámaras de video, la nena estaba nerviosa por la gran seguridad del lugar por lo que tuve que calmarla chupándole nuevamente la conchita. La pobre suspiraba nerviosa por estar a metros de los soldados armados con la pollerita alzada para dejarse lamer la puchita pero igual disfrutaba mucho de mi lengua haciendo malabares. Logró su segundo clímax gritando fuerte y por suerte nadie la escuchó.

Luego de elaborar un cuidadoso plan decidimos entrar por la puerta principal y logramos pasar sin que nos detuviesen.
Unos inmensos galpones albergaban maquinaria e instrumentación variada, tras mucho vagar entre las diferentes secciones hallamos a Peñafiel discutiendo con unos militares mientras algunos estaban dentro de unos aparatos con el cuerpo lleno de cables.
Parece que el experimento no funcionaba hasta que el jefe autorizó a usar la gragea para emergencias, no sé que sería eso pero trajeron un frasquito y uno de los militares ingirió la pastilla de marras. El pobre comenzó a convulsionar mientras salía del cuerpo trastabillando y cayendo muerto al piso, era la primera vez que observaba a un muerto muerto pero allí estaba, un cuerpo etérico que lentamente desparecía mientras el cadáver aún estaba conectado a esa máquina.

Me pareció una buena oportunidad para tomar ese cuerpo recién liberado comunicando mi intención a la muñequita que se aferraba a mi mano con temor. Me reprochaba que de tomar un cuerpo ya no volveríamos a vernos y me había extrañado mucho durante los días que estuve dentro de Susanita. Nos tuvimos que sentar un ratito mientras la acariciaba consolándola y preguntándole si no le gustaría sentirme dentro suyo como despedida, la pobre no tenía mucha alternativa ya que mis dedos acariciando su puchita desnuda ya presagiaban que estaba por cojérmela. Por suerte no traía bombachita ya que la operación debería ser rápida, mientras que el cuerpo inerte aún me sirviese para habitarlo.

Mientras me sacaba el monstruo del pantalón recordaba escenas similares con mi adorada Alicia, donde la tenía sentada en la falda a punto de metérsela cariñosamente por el culito, a punto de llenarla con amorosa lechita.

(continuará)