Vuelve Alicia 09

Desperté con el sonido de una dulce voz llamándome, Martita enfundada en su uniforme colegial pidiéndome que la acompañase hasta el colegio ya que la madre estaba ocupada. Su falda tableada le quedaba preciosa y daban ganas de comerla a besos, este cuerpo joven se despertaba empalmado y sus ojitos no se despegaban de la carpa que se pronunciaba.
Le recriminé que debería llamar a la puerta antes de entrar a mi habitación y que no se escandalice al verme así, apenas pude peinarme y sin desayunar partimos rumbo al colegio. La llevaba de la mano, o mejor dicho ella me llevaba a mí como demostrando un trofeo.

Cuando llegamos estaba Alicia en la puerta y nos saludamos formalmente, pero la rubia me plantó un beso en la boca como si fuese mi noviecita. Con la mirada le hice entender a mi tesorito que no era culpa mía si la chiquilina era tan dominante, aunque realmente deseaba besar de ese modo a mi hijita, besarla con locura hasta morir en sus labios. Solamente le pude hacer una reverencia mientras le tomaba la mano besando sus deditos, un temblor en su cuerpo le hizo recordar al padre cuando le besaba cada dedito y se metía en la boca cada uñita.

Estaba por entrar a un bar para desayunar pero recordé que tenía casa, con madre, hermana y seguro algo para comer. Antes de ingresar, en medio del jardín vino corriendo mi hermanita Mónica para colgarse del cuello, muy preocupada preguntando por mi ausencia desde ayer. Le tuve que explicar que pernocté en el cuartel mientras ella decía que mamá ya se había ido al trabajo hacía una hora y estaba solita. No la bajé al entrar, la abrazaba fuertemente confesándole que yo también la había extrañado cubriéndole su cara de besitos hasta llegar a la cocina donde le comí la boquita.

Desayunamos con ella sentadita en mi piernas y cada tanto le limpiaba la boquita de mermelada como pretexto para saborear sus labiecitos, una mano descansaba en sus piernitas, realmente no descansaba al reptar lentamente por debajo de su pollerita hasta llegar al centro tapado con una suave bombachita. Le pasaba un dedo por el tajito susurrándole que deseaba darle besitos allí abajo mientras la chiquita se movía nerviosa denotando que su hermano nunca le había chupado la conchita como se debe. Recostándola en un sofá procedí a besarle las rodillas hacia arriba, al meter la cabeza entre sus piernitas puede apreciar el dulzón aroma a pis junto a otros efluvios de nenita.
Bajándole la bombachita le pasé la lengua lentamente por su tajito, esto le producía cosquillas placenteras continuando con un concienzudo lengüeteo de su puchita pero no logré arrancarle un orgasmo; era demasiado chiquita para eso pero al menos quedó muy feliz con una sonrisa de oreja a oreja.

Preguntada si debía tomarse la temperatura dijo que la madre ya lo había hecho por la mañana, pero era agradable sentir algo entrándole por el culito. La picarona le había tomado el gusto y de paso sería una oportunidad para usar el pañuelo. No tenía el termómetro a la mano pero había cubiertos cuyo mango era cónico y lisito, le pregunté si se animaba a sentir eso dentro suyo y como toda respuesta se dio vuelta sobre el sofá entregándome su traserito. Ya no vestía bombachita y al besar sus nalguitas pude notar mi saliva que había dejado al chuparle el chochito recién.
Debía humedecer el centro de esas carnosas montañitas y más aun el valle con su respectivo agujerito marrón. Sobra decir que no me alcanzaba la lengua para chuparle el culito al tratar de ablandar la entrada miniatura, ya con el cubierto en la mano procedí a puntearle el ano pero sin metérselo aún, tarea algo difícil ya que mi otra mano sostenía una barra de carne ansiosa.

Lentamente fue entrando la puntita cónica en el esfínter que apenas se abría, mientras me sacudía el monstruo pensando que pasaría mucho tiempo antes que esos agujeritos aceptasen algo de ese tamaño, cuando estaba cerca de eyacular le pasé el glande entre las nalguitas haciendo un poco de presión sobre el culito recién profanado. Estaba un poco dilatado pero no bastante para meterle el pene, algo de esperma le entró al intestino pero la mayoría en su gorda colita. Había enchastrado a mi querida hermanita y tuve que usar el pañuelo para limpiarla bien.
Nuevamente la tuve que alzar para comerle la boquita, Moni era una criatura deliciosa que me llevaba al paroxismo.

Yendo a lavarme la picha pegajosa dejé el baño abierto mientras sostenía al moribundo bajo la canilla para dejarlo limpio, Moni observaba desde la puerta preguntando si necesitaba ayuda. Claro que le respondí afirmativamente, me hacía ilusión sentir aquellas manitas lavarme el miembro, normalmente tardaría horas para reponer la rigidez pero esos deditos inocentes enjabonando amorosamente mi humanidad le devolvió la vida ante la mirada feliz de mi hermanita, estaba orgullosa que ella podía lograr eso.
Al enjuagarme movía lentamente la piel del monstruo arriba y abajo, ya no quería hacerme un trabajo manual y unas gotitas asomaban por el ojo único de la barra. Le pregunté si conocía el sabor de eso y sacudiendo la cabecita acercó los labios para degustar mis juguitos, diciendo que el sabor no era desagradable le propuse que se metiese un poquito en la boca.
La pobre abría grande la boquita pero no lograba introducirse más que el glande, suficiente y demasiado para mí el espectáculo de mi hermanita chupándome la pija, tomándole la cabecita la movía para darle el ritmo adecuado y antes de explotar nuevamente le sugerí largar el chorro en el lavabo.

Luego de dos acabadas fenomenales no tenía ganas de nada, solamente de abrazar y besar aquella criaturita preciosa capaz de darme tanto placer sin poder retribuírle. Pude saborear de su boquita mis propios jugos y costó soltarla para que respirase normalmente.

Era hora de salida del colegio, tendría oportunidad de ver a mi Alicia. Se regocijaron al verme llegar y parece que competían por mi atención, le dije a Alicia que necesitaba uno de los libros de su padre para estudiar y nos encaminamos a su casa, a Martita no le gustaba mucho que tomase la mano de mi prima llevándole la mochila, no logró acertarme su beso de despedida en la boca ante la mirada atenta de mi hijita satisfecha por el desaire.
Al llegar a casa comentó que le dolían los pies por el calzado nuevo, me senté en el piso y procediendo a descalzarla inicié un suave masaje a sus piecitos. Deseaba besarle cada dedito para quitarle el cansancio del camino pero me debía limitar como buen primo, ella entornaba los párpados del placer y pude atisbar bajo su tableada pollerita colegial un triangulito blanco, era una bombachita como las que había mordido furiosamente antaño.

Ya no podía demorar el tratamiento en sus piecitos y le ofrecí un masaje relajante en la espalda, se dio cuenta que le estaba mirando allí abajo y presurosa juntó las rodillas pero aceptando la oferta se acostó de panza para que le aplicase el tratamiento prometido. Acuclillado sobre ella fui masajeando lentamente sus hombros, se notaban en tensión tal vez por estar solita con un muchacho atractivo que le sobaba la espalda. Tuve que apartar varias veces su cabello para tener un pretexto de tocarla, lentamente me fui sentando sobre su trasero y fingiendo cansancio me dejé caer sobre ella enterrando la nariz en su pelo.
Las emanaciones de su cabellera eran divinas tal como las recordaba, creo que Alicia sintió crecer algo en su baja espalda cuando se levantó nerviosa preguntando si quería café.

Hojeando uno de los libros comenté que mi especialidad era justamente esa, la misma de su fallecido padre. Dijo conocer alguien que trabajaba en el tema y tal vez conseguiría empleo, no tuve que deducir mucho para concluir que era Peñafiel.
Comentó que el fin de semana irían de visita y podría acompañarla, mientras me pasaba otro libro no podía soltarle la mano mirando embobado su rostro, me zambullía en su mirada con unas ganas locas de besarla hasta que tosió un poco preguntando si me sentía mal. Tuve que confesarle que su carita era idéntica a un chica que amé mucho en mi pueblo natal, hacía varios años para justificar que estuviese enamorado de una niña.

Al despedirme con el libro bajo el brazo me dio un fugaz piquito, mis labios deseaban algo más prolongado pero era señal que tal vez había un futuro prometedor con mi adorada Alicia, con la dueña total de mis vidas y muertes.

Llegué silbando a casa de Martita, a mi pobre habitación alquilada y la rubiecita infernal me disparaba preguntas como una máquina, le mostré el libro diciendo que debería estudiar un rato pero ella llevaba la conversación hacia las relaciones amorosas dejando entreveer que podríamos ser novios. Le tuve que explicar que no podríamos ser novios formales, la sociedad no aceptaría semejante diferencia de edad pero podríamos noviar en secreto.
Su carita se iluminó y esta vez no aparté la cara cuando me ofreció sus tiernos labiecitos, era una hermosura y no cerré los ojos al besarnos como hizo ella.

Se apartó presurosa aduciendo que debía usar el baño, intuyendo que su excitación la llevaba a tocarse allí abajo le susurré que desde ahora ya no necesitaría pasarse un dedito, tenía novio para eso. Como estaba paradita mirando hacia la puerta, la abracé desde atrás masajeando sus incipientes tetitas mientras ella aceleraba su respiración. Sin muchos preliminares pasé la mano bajo su vestidito directamente hacia su centro que ya denotaba humedad, me encantaba que estuviese mojadita allí abajo demostrando su excitación. Por sobre la bombachita inicié un lento paseo dactilar, quería tenerla expectante todo el tiempo posible hasta que desplacé la suave tela para tocarla en carne viva. Esto ya no pudo resistirlo más tiempo y luego de acariciarle suavemente la puchita se desarmó en gemidos de placer.
Esta vez tomé la iniciativa de besarla debidamente con su carita entre mis manos, nos devorábamos mutuamente como si este momento estuviese largamente esperado.

Por suerte escuché los pasitos de la hermana acercándose y la recibí alzándola y haciéndole cosquillas. La mirada de Martita me quería decir algo pero recién lo comprendí cuando me tocó el bulto para indicarme que tenía una erección visible y una criaturita alzada en brazos que no debería ver eso.
Muy naturalmente le daba besitos en la boca mientras con una mano me acomodaba el monstruo para que no fuese tan evidente, el nerviosismo de la mayor no le dejaba ver que tenía a su hermanita sostenida por la colita y uno de mis dedos se paseaba por la zona prohibida.
Marta se fue hacia el local de ventas pero la chiquita quería que le hiciese más cosquillas, era una diablita inquieta y entre pasarle los dedos por todo el cuerpito arrancándole carcajadas aproveché para tocarle la puchita varias veces, la pequeña no se inmutaba ante los dedos traviesos en su rajita pero decidí estudiar un poco en preparación para un posible empleo.

Era un manual explicando teorías sobre el viaje en el tiempo, nada se había hecho aún pero las conclusiones sonaban bastante lógicas, tal vez se lograse. Al par de horas me recosté algo cansado y en medio del sueño apareció nuevamente la chiquilina para jugar, no me quedó más remedio que permitirle que se trepe a la cama y hacerle algunas cosquillas pero al final nos quedamos dormidos los dos.
Al rato desperté y la primer visión fue un traserito infantil con la pollerita levemente alzada, quería morderle las nalguitas pero decidí que necesitaba un pañuelo para hacerme justicia por mano propia.
La inocente criatura durmiendo daba un espectáculo morboso, sus piernas gorditas subiendo hasta una colita enfundada con una bombachita suave, deseaba acariciar todo eso pero solamente liberé el monstruo para que sea receptor de mis caricias.

Estaba en plena faena masturbatoria cuando se abrió la puerta y sigilosamente entró Martita, con su mirada me reprochaba que hiciese eso a espaldas de su hermanita dormida pero socarronamente me susurró que ya no necesitaba hacérmelo, para eso tenía novia. Tomando la barra de carne envuelta con el pañuelo continuó con el movimiento cadencioso mientras mis manos se perdían debajo de su pollerita, quería meterle un dedo en la conchita pero la cretina me estaba ordeñando demasiado de prisa y exploté en su manita experta.

Ya tranquilizados se acostó dándome la espalda, en el centro de los 3 para tapar a su hermanita. Susurrando le pregunté si ya había tenido relaciones sexuales y meneando la colita contra mi derrotada humanidad se negó alegando que apenas tuviese tetitas podría hacerlo.
Pensé que era una picarona mentirosa pero pasando el brazo sobre ella le repetí que no necesitaba tener grandes tetas para ello, y mientras le apretaba los pezoncitos dije que podría probar por la colita al ser más elástica, una pena que mi monstruo estaba dormido, quería cojérmela por el culito pero me conformé con dedearla hasta su orgasmo confesándole que recién miraba el traserito de su hermana reconociendo que en un tiempo sería tan precioso como el de ella.

Salí para comprar una computadora, la necesitaba como herramienta de trabajo si lograba el empleo, al terminar de armarla sobre la mesa vino contenta Martita para probar el chiche nuevo. Luego de ver algunos games le mostré una página web con imágenes fuertes, parado a su espalda y acariciando sus hombros y cada tanto sus deseadas tetitas que tardaban en crecer. Con eso se hizo a la idea de que un trozo grande de carne cabría tranquilamente en sus agujeritos, las protagonistas femeninas de escasa edad demostraban tragarse con placer todo aquello. Le estaba por pedir que ejercitase el trasero con un dedo pero recordé que ya le había metido la pija por el culito estando sedada.

Aproveché que era amiga de Alicia para agregarla a mis contactos y apenas dejó la habitación le abrí un chat a mi tesorito para saludarla comunicándole que tenía conexión. Conversamos de temas variados hasta que se me escapó que tenía ganas de verla y pensaba mucho en ella; unos instantes de silencio me hicieron temer que se le hubiese cortado internet pero tecleando con errores ortográficos confesó que ella también. Quedamos que iría a cenar a su casa y revolviendo el armario parecía un adolescente buscando ropa acorde a la ocasión decidiéndome por un sport formal.
Estaba la madre en casa (mi ex) y durante la comida acaparaba la conversación comentando cosas de su esposo fallecido, con miradas furtivas entre mi hijita nos comunicamos el fastidio pero debíamos aguantar. Esto me recordaba nuestra comunicación secreta de antaño y el rozar nuestras manos al tomar el mismo pan desde la mesa.
Por fin terminó la tortura anunciando que se iría a dormir y pidiendo a su hija que lavase los platos, al ayudarla en ese menester miraba extrañada cómo yo conocía la alacena exacta para guardar cada cosa.

Al terminar tomé la toalla para secarle las manos yo mismo como hacía cuando era chiquita, solamente faltaba que le cubriese los deditos a besos para completar la escena. No lograba soltar sus manitas y así fuimos hasta el sofá para mirar algo de televisión, claro que el aparato solamente servía para enmascarar nuestra conversación con el sonido alto.
Recostando la cabecita sobre mi hombro aproveché para abrazarla y lentamente hundir la nariz en su cabellera aspirando su perfume que me hacía temblar, este momento era tan ideal que deseaba que fuese eterno, tener a mi angelito divino tan cerca y abrazada. Besando su frente y bajando por su naricita me acercaba peligrosamente a su boca. Sus párpados entrecerrados vaticinaban un beso y nuestros labios se unieron suavemente, era el primer beso que lograba darle a mi Alicia en mucho tiempo y creo que ella advirtió la tristeza y espera acumuladas respondiendo de igual modo.
Creo que sentía que estaba besando a su papito tanto como yo sentía que era mi hijita adorada, mi Alicia divina.

(continuará)