Vuelve Alicia 10

Estábamos sentados en el eterno sofá, testigo mudo de tantas aventuras con Alicia, con mi tesorito adorado.

Al reponernos del beso casi apasionado, pude observar através de su blusa que ya usaba sostén, era algo chico pero asumo que ya tenía atributos para llevar aquella prenda. Deseaba estrujarle las tentadoras tetitas que habían conocido mis labios antes de aflorar en la piel de mi nena pero debía llevar el asunto con mesura.
Al escuchar la puerta del dormitorio materno nos sentamos prolijamente y al unísono estiramos el brazo para tomar el control remoto, era deliciosa la sensación de revivir pasadas situaciones y Alicia se asombraba ante cada nueva coincidencia. Mi ex pidió que bajemos el volúmen para poder dormir y ambos teníamos asido el remoto sin percatarnos de la mirada cómplice que aprobaba el noviazgo de su hija.

Esta vez no pude resistirme a tomar su mano besando cada dedo, cada falange, con dedicación y amor infinito tal como hacía su papito antaño. Parece que comprendió la diferencia de conductas entre un adolescente despistado y un adulto que demostraba amor verdadero al abrazarme apoyando la cabecita sobre mi hombro sollozando quedamente.
Supongo que comparaba las relaciones fugaces recientes y daba por perdida definitivamente su experiencia como hijita especial, tal vez se solazaba que ahora podría tener una relación normal con alguien no tan mayor. Al retirarse no pude resistir ver una gotita rodando por su mejilla y tuve que sorberla dulcemente mientras mis propios ojos sangraban un poco mojando su carita.

Muy temerosamente le pregunté si querría ser mi novia y esta vez su boquita se estrelló contra mis labios en elocuente respuesta, al fin pude comerle la boca como tanto tiempo había soñado. Creo que nunca la había besado con tanta desesperación deseando sorberle el alma y entregarle la mía a la vez.
Reflexionando que no debería asustarla la primera vez traté de reducir la pasión haciendo un gran esfuerzo para despegarme de sus labios, eran un imán irresistible.
Quedamos en que vendría temprano por la mañana para ir a casa de Peñafiel y no lográbamos soltarnos las manos durante la despedida.

Regresé a mi casa materna a pié, era bastante lejos pero caminaba sobre las nubes necesitando del silencio para lograr ordenar los pensamientos. El recibimiento apoteósico de mi hermanita ayudó a que volviese un poco los pies a la Tierra y llevándola alzadita le acariciaba las piernitas dándole besos cariñosos.
Mamá le había encargado que se duchase y me llevó arrastrando al cuarto de baño, con vocecita de bebita me pedía que la desvistiese ayudándole a lavarse. Llevaba un vestidito liviano y se lo saqué lentamente por la cabeza, quería admirar ese cuerpito femenino en miniatura demorando para bajarle la bombachita. Era muy delicioso el espectáculo que ofrecía descalza y vistiendo solamente una prendita íntima.

Para no mojar mis ropas me desvestí quedando solamente en slip, era más decente no estar desnudo ante una criatura pero Moni se reía de la gigantesca carpa que me delataba. Abriendo la canilla y luego de comprobar la temperatura la llevé alzada bajo el agua tibia, virtiendo algo de shampoo en su cabecita procedí a refregarla concienzudamente mientras me deleitaba observando las cascadas de agua en su cuerpito desnudo.
Lavarle cada centímetro fue otra experiencia deliciosa, con una mano en su entrepierna y otra en la colita repasaba lentamente aquellos agujeritos prohibidos, como tenía la mano enjabonada probé su anito fruncido y casi sin querer le metí el dedo en el culito, un respingo indicaba que aquello era más grande que el termómetro pero no doloroso.
Pidió lavarme a mí sacándome el slip pero lo único que le interesaba era refregar los mellizos colgantes y el erguido mástil central que parecía gigante comparado con su frágil anatomía, estos manoseos me llevaban cerca del orgasmo y temí acabarle en la carita. Le pedí que se diese vuelta mientras me sentaba en la bañera y tomándola por la cinturita la senté encima mío acomodando mi chorizo entre sus nalguitas.
Con tanto jabón resbalaba deliciosamente y Moni reía a carcajadas con el nuevo jueguito, sentía el pene deslizarse por toda su colita y seguir por su puchita, parecía estar masturbándome con su potito.

Al sentir el cosquilleo de mi próxima venida la acomodé hasta ubicar el glande en la entrada de su culito, no quería metérsela pero hice presión sobre su esfínter. Por la abundante lubricación del momento se introdujo el glande arrancando un profundo suspiro a Moni. Me quedé quieto hasta que se acostumbrase a tener mi pene en su culito e inicié un lento movimiento hasta llenarle las tripitas de leche.
No podía dar crédito que me había cojido por el culo a mi hermanita tan pequeña y le revisé el anito detenidamente para comprobar que no hubiese daños: solamente una dilatación que estaba remitiendo al estado fruncido de siempre.

Esta vez nos abrazamos de frente con ella sentada sobre mis piernas, toda mojadita su cuerpo resbalaba al besarla por todos lados y su pícara sonrisa atrajo nuestros labios para comernos con deleite.
Al final tuve que secarla y vestirla nuevamente, no lograba acomodarle la bombachita que se le metía entre las nalguitas debiendo reconocer que no lograba soltar a Moni. Al fin le quité nuevamente la dichosa prendita para meter la cabeza entre sus piernas y chuparle ansiosamente la conchita, esta criatura era como una droga imposible de dejar y quería hacerle de todo. Luego de lengüetearle el anito y puchita docenas de veces logré vestirla mientras mis manos se paseaban por sus piernas hasta llegar a sus nalguitas desenterrando la obstinada bombachita una y otra vez.

Aproveché para embalar más ropa y pertenencias varias, no quería demostrar que me estaba mudando y debía llevar las cosas en varios viajes. De vuelta en mi habitación alquilada, estaba preparando unas cosas en la computadora cuando entró mi noviecita secreta, Martita tenía la costumbre de no llamar a la puerta; sería su casa pero esta habitación era mi reino privado.
Saludándome con un beso en la boca quiso saber dónde estuve, comenté que buscando trabajo y mañana tendría una entrevista, claro que obviando que iría con Alicia a la casa de Peñafiel. Pidió que con el primer sueldo le comprase un soutien y ella se encargaría de rellenarlo con algodón para aparentar pechitos, la nena estaba obsesionada con sus bultitos carnosos y nuevamente le expliqué el tema, no necesitaba esos atributos para lucir deliciosa pero la ayudaría chupándole los pezoncitos para acelerar su crecimiento.
Su blusa tenía pocos botones para descubrir esos pechitos con puntitas sugestivas, luego de succionarle mucho la zona dije que podría darle besitos allí abajo para hacerla sentir bien.
Recostada en la cama y bajada la bombachita hice que levante las piernas para dejar toda la zona bien expuesta, mientras le chupaba la conchita punteaba un dedo en su culito fruncido ya húmedo por tanta saliva, cuando llegó al éxtasis le enterré profundamente el dedo que tenia en la puerta del anito.

Su carita hermosa hacía desear cojérsela toda, quería meterle el pene por todos sus agujeritos y mirarle la carita mientras me chupaba el pito pero debía jugar al noviecito atento.
Quedó molida por la sesión amatoria anunciando que le había dado hambre y se prepararía algo de comer. Ya en la cocina me encantó su figura al agacharse en la alacena dejando a la vista su potito desnudo, no pude resistir apoyarle el traserito pero justo sonó la campanilla de la puerta. Tuvo que salir para atender y mientras la clienta revisaba unas mercaderías me paré detrás de Martita con el miembro en la mano, la rubiecita infernal no podía decir nada, ni siquiera suspirar sin levantar sospechas pero su carita de póquer delataba la excitación.
Apenas se retiró la cliente la doblé sobre el mostrador levantando su pollerita por detrás, algo nerviosa miraba hacia la puerta mientras sentía el trozo de carne recorrer su colita y puntear ambos agujeritos, quería metérsela por el culito pero entre los nerviosos movimientos fue su puchita que recibió al intruso.
Estaba bastante resbaladiza por sus propios jugos y por la chupada que le dí antes facilitando a mi pene entrar hasta llegar a su telita virginal, preguntándole al oído si se la seguía metiendo más profundo ella misma se hizo hacia atrás rompiendo la barrera que la separaba de una mujer completa.
Tuve que quedar quietito hasta que se acostumbrase a la nueva sensación e iniciando un suave bombeo luego, por suerte había acabado en el potito de mi hermanita y pude sostener la situación hasta su orgasmo espectacular, era su primer venida con un pene real bien metido en la conchita y le solté un río tibio en las profundidades vaginales.

Con la distracción momentánea no oímos llegar a su hermanita menor y no llegué a desenterrar el miembro, solamente le bajé la pollerita para disimular, riendo comentó que de ese mismo modo la apretaban a ella cuando estaba el dependiente, claro sin saber que ahora le estaban metiendo la barra de carne a su hermana.
La situación era morbosa, no podía sacarla de la puchita sin delatar que tenía mi pantalón abierto y la carne erecta a la vista, esto mismo hacía que no se ablandase y Martita también disfrutaba del monstruo enterrado en su conchita por lo que no se extrañó que la hermanita se trepase al mostrador pidiendo jugar también.
Le reproché que era muy chiquita para esos juegos, pero su pequeña pollerita dejaba descubierto parte de su potito y con la mano tuve que emular a un hombre apoyándola indecentemente, la chiquita se divertía sobremanera con el jueguito prohibido por lo que pasé un dedo bajo su bombachita para tocar esa colita tentadora.
Martita no veía esos acercamientos carnales por tener los ojitos cerrados en espera de otro orgasmo. Bombeándola lentamente me acercaba a otra explosión con un dedo en el culito de la pequeña, claro sin metérselo entero: solamente un centímetro dentro del anito. Esta vez tuvimos un orgasmo simultáneo y la rubia tuvo que fingir un ataque de tos para disimular sus gemidos.

Dormí como un tronco para despertar ilusionado con el viajecito de hoy, dándome un reconfortante baño entró la chiquita diciendo que se hacía pis y necesitaba el baño con urgencia, parece que en esta casa no era costumbre llamar a las puertas…
Escuchar el chorrito de pis cayendo en la loza del inodoro me dio curiosidad y envolviéndome con un toalla me arrodillé en el piso para verla mear, no era algo pervertido ya que mi desnudez estaba tapada y preguntándole si se lavaba el tajito luego de hacer pis la alcé sobre el lavabo procediendo a lavarle bien la chuchita y ya que estaba dedearle un poco el culito.

Al llegar a la casa de Alicia, ésta aun no se había cambiado y estaba con su camisolín de dormir con el pelo revuelto. Dijo estar avergonzada que la viese así desarreglada pero le confesé que estaba mucho más hermosa al natural y sin maquillajes de adulta, al prepararse para desayunar le tomé la mano pidiendo que se sentase en mis piernas y recordé infinitas ocasiones comiendo así, inseparables y deseando la proximidad del otro.
Unos trocitos de tostada en sus labios sirvieron de excusa para retirarlos con mi boca y terminamos en un dulce beso mientras le acariciaba las piernas suavemente.

Tomamos un taxi para evitar el transporte público y de paso podía abrazarla transmitiéndle todo mi amor largamente callado, su mano en mi rodilla iba subiendo lentamente pero sin animarse a llegar al monstruo, me gustaba ese recato y tampoco la toqué mas allá de las rodillas mientras nos besábamos suavemente, solamente le rozaba las tetitas por accidente.

En la casa quinta estaban los dichosos gemelos y aun tenían esa pileta de lona en el medio del jardín, no entendía la demora para construir una piscina convencional. Margarita corrió a nuestro encuentro secuestrando a mi nena hacia su habitación, supongo que tendrían cosas para contarse mientras el padre inició una conversación formal para evaluar mis capacidades laborales quedándose asombrado por dominar el área requerida.
Al rato entró la hija pidiendo que venga mirar sus pinturas, tenía carita pícara y ya no era la nena triste que había conocido antaño, tenía nuevas obras de su autoría y debo reconocer que su técnica mejorada ostensiblemente, mientras observaba los cuadros las dos cuchicheaban y logré captar
-- está bueno, me lo cojería en cualquier momento --
Era un lenguaje impropio para Margarita pero parece que así hablaban las chicas hoy día…

Preguntándole si tenía novio respondió sonriendo que mejor que novio tenía un esclavo sexual, creo que me ruboricé ante semejantes palabras adivinando quién sería el afortunado esclavo pero ella dijo que durante el almuerzo nos daría una demostración pública. Mi nena se sentía incómoda con la conversación explícita y tomándome de la mano nos fuimos hasta el asador.
Ya sentados a la mesa dispuestos a devorar aquel manjar, Martita se levantó para susurrarle al padre que deseaba sentarse en su falda, el pobre hombre estaba colorado de vergüenza temiendo que un desconocido advirtiese ciertas conductas impropias, por suerte la mesa tapaba la acción pero pude adivinarla cuando levantó un poco la cola para volver a sentarse lentamente con los ojos entornados, era notorio que el papito se la estaba metiendo no se por cuál orificio.
Para Alicia era evidente lo que estaba sucediendo pero me hice el tonto observando las caritas de la artista mientras se clavaba bien hondo el paternal miembro. Para desenfocar su atención procedí a tomar la mano engrasada de Alicia y chuparle cada dedito, se removía en la silla y estaba por pedirle que también se sentase en mi falda pero me contuve. Un leve gemido me hizo saber que la chica traviesa había logrado su orgasmo apenas moviéndose sobre el pene que tenía ensartado, seguro el pobre hombre se quedó con las ganas.

Al terminar llevamos a los hermanitos para que durmiesen la siesta, la dueña de casa les recomendaba no hacer travesuras ya que había visita y ante mi asombro preguntando por esa disciplina explicó que hacían cochinaditas entre ellos. Persistí con mi cara de ignorancia total hasta sonsacarle que se metían mutuamente cosas por el culito, para demostrarlo les autorizó a jugar un ratito antes de dormirse y éramos tres observando el espectáculo infantil. Marta le susurraba al oído de mi reina que deberíamos hacer eso pronto, que los muchachos huyen si no logran cojer en las primeras citas, creo que hablaba un poco fuerte para permitirme escuchar sus consejos mientras me miraba de soslayo.
Ya dormidas las criaturas y con los deditos algo sucios de caca ajena, preguntó si habíamos percibido cuando su esclavo se la metía sentados a la mesa, quedaba evidente quien era el esclavo en esta casa. Contó haber perdido la virginidad de ambos agujeritos con su propio papito, y era tan delicioso que no deberíamos privarnos de eso.
Me molestaban sus confesiones tan crudas, pero eran íntimas con Alicia y yo ya era miembro de la familia, más cuando sugirió que nosotros vayamos a dormir una siestita pero con una voz tan insinuante que implicaba que tuviésemos relaciones carnales.

Cuando estaba en el cuerpo original, esta misma chica me había afeitado la gallina (ver saga Alicia) pero ahora debía guardar compostura ante mi novia oficial. Me preguntó si quería usar el frasquito de vaselina en clara alusión a metérsela por el ano pero me negué sugiriéndole que vaya a dormir la siesta con su padre, que yo no hacía esas cosas con mi novia y la adoraba demasiado para pedirle algo así.
Estas palabras la enternecieron llevándome de la mano hasta la habitación con cama, era de Marga pero la misma estaría dándole gusto al papito que no logró llegar al orgasmo hace un rato.
Nos acostamos en posición de cucharita y meneando el traserito confesó que un novio anterior se la metía por allí, pero era historia antigua además era virgencita por delante.
Creo que estaba pensando en los consejos de la amiga para satisfacerme sexualmente antes de que me perdiese de su vida, le susurré al oído que la amaba de cualquier manera, no importaba si fuese virgen o tuviese un turbio pasado, esta vez le masajeaba las tetitas notando su volumen que si bien no llenaban mi mano eran unos tentadores conitos de carne tibia.
Al rato y estábamos dormitando cuando entra Marta cantando y con cara de haber estrujado a su esclavo nuevamente, preguntando si habíamos terminado ya que tenía mi pantalón bien puesto pero con un gigantesco bulto apoyado en la colita de Alicia.

Mi nena se llevó los mellizos para bañarlos y cambiarles la ropita, mientras yo le pedía a Marga que no fuese tan agresiva. Como toda respuesta me apretó el monstruo despierto diciendo que podría calmarme eso ya que el padre solamente se la había metido por el chochito y tenía el ano sin trabajar hace unos días. Ya no pude contenerme tirándola boca abajo sobre la cama y bajándole el shorcito con bombacha y todo, pensaba ser rudo ya que ese anito conocía visitas hace rato y mojando el glande con saliva se la metí bruscamente por el culito. Entre el miedo que aparezca el padre o mi reina, la bombeé furiosamente introduciéndole profundamente la barra de carne por retaguardia, luego de aplicarle el enema lechoso bien dentro del intestino le pregunté si le gustaban las relaciones violentas. Parece que su papito la trataba como una criaturita cojiéndosela muy suavemente por miedo a causarle daño pero ella deseaba algo más apasionado.

Al menos había logrado el empleo y podría despreocuparme del futuro económico, además tenía varias nenas dispuestas a jugar y lo más importante: el amor de Alicia, mi cielito divino.

(continuará)