Vuelve Alicia 11

Estaba de visita en casa de Peñafiel, habíamos llegado con Alicia en el papel de mi novia y ya no hijita como antaño.
Margarita había logrado cumplir sus fantasías sexuales incitando sexualmente a su papito hasta lograr tenerlo a disposición de sus jóvenes huequitos y yo mismo colaboré empujándole la caquita.

La que no había cambiado casi nada era Alicia, a pesar de su mayor edad fui testigo en cada momento de su crecimiento y amando cada etapa, riendo pensaba que faltaría retornar como su hijo.

Por suerte Marga salió de la habitación antes de retornar mi tesorito, me avergonzaría si se percatase que recién estuve visitando el culito de su mejor amiga, pero debería contárselo en algún momento: no podrían existir secretos para mi ángel divino. Bueno algunos tal vez…
Cuando llegó dispuesta para cambiarse y retornar a casa, no tuvo pudor para quitarse la ropa en mi presencia, creo que hasta quería que la viese en bombachita y soutien de señorita.
Su sonrisa indicaba que ya teníamos una relación más íntima como para exhibir su piel y no pude resistir arrodillarme a sus pies confesándole que la amaba con delirio, lo que parecía un corto período de conocerla me parecía media vida (debí decir varias vidas) besándole la pancita y acariciándole la preciosa colita.
Le dije en voz queda que deseaba besarle cada milímetro de piel y enterrando la nariz en su entrepierna dí a entender que TODA ella. Estaba por aplicar mi lengua en su centro divino pero estábamos en casa ajena y si bien Margarita hubiese aprobado cualquier cosa yo deseaba que estuviésemos en privado.

Estábamos por retirarnos cuando Peñafiel ofrece que tome alguno de los automóviles de su garaje, el cretino tenía una colección. Cuando pidió que llevase a sus sobrinitos a casa ya no pude negarme, tenía auto y empleo.
A medio camino una de las criaturas tenía que hacer sus necesidades y recordé el atajo al pastizal que habíamos usado hace un tiempo, era el nene y no sentía deseo alguno de verlo cagar pero recordé que a mi tesorito le gustaba jugar con flácidos pititos. Le pedí que lo llevase mientras me quedaba sentado en el auto con la nena, tocándole la puchita disimuladamente le pregunté si quería hacer pis y ante su negativa tuve que quitar la mano de allí. Al volver el nene le contó alegre a la hermanita que Alicia le estuvo estirando el pito y mostró su carnecita infantil, mi noviecita se puso colorada y debí cortar el ambiente enrarecido diciendo que eso no era un pito, un pito de verdad era así: procediendo a descubrir mi monstruo ya despierto por la situación indebida.

Los chicos tenían la boca abierta del asombro y mi nena recobró su compostura al notar que yo también gozaba con las situaciones raras, para no decir que también estaba entusiasmada con el pedazo de carne que se comería siendo mi novia. La chiquita contaba que se metía el pitito del hermano en la boca pero nadie sería capaz de hacerlo con ese gigante gusano, Alicia la animó que probase si lograba meterse la puntita al menos y se tocaba la puchita por la excitación que le producía la morbosa situación. Mientras ella le tironeaba la carnecita muerta al nene, su hermanita gemela procedía a besarme la punta del glande y esforzando su boquita para que le cupiese. Estaba por acabarle en la boca cuando pensé que sería algo indebido para esas inocentes criaturitas y les pedí que se diesen vuelta parando el traserito, mi excitación bajaba hasta que Alicia auxilió con su mano. Era indecible la sensación de sus dedos pajeándome lentamente hasta hacerme acabar sobre esos potitos.

Íbamos hacia el lúgubre hogar encima de la funeraria, pero no importaba pq tenía a mi lado a la personita de mis sueños, a mi adorada Alicia pasándose un pañuelo por la mano para limpiar un poco de lefa que le había caído.

El señor Wittkop estaba por atender a un recién llegado, no era necesario darle mucha conversación pero sí vestirlo bien antes del rigor mortis. Pidió a Alicia que acostase a los hijos invitándome a conocer su lugar de trabajo, con cara de horror entré a ese lugar conocido observando como quitaba la ropa de hospital a una jovencita muerta.
Estrujaba sus pechos comprobando la rigidez cuando sonó su teléfono móvil, parecía que la historia se repetiría cuando se marchó dejándome allí, de paso comprobé también la rigidez de esos senos que ya habrían sido chupados por un hombre cuando apareció mi hija. No le gustaba nada el ambiente pero la abracé con fuerza besándola apasionadamente, había una camilla mortuoria vacía y la tumbé allí besándole las rodillas, subiendo lentamente hasta su glorioso centro de placer hundí la cara en su bombachita para pasar la lengua desesperadamente.
Tuve que bajarle la prendita para tener completo acceso a su rajita pudiendo apreciar una fina pelusa apareciendo, era hora de chuparle bien la conchita antes que se llenase de pelos y de paso retribuírle la mano que me había dado en el auto.
A pesar de lo tétrico del lugar, bromeé que habrían fantasmas mirando como le besaban la chuchita y si alguna era mujer seguro que sentía envidia, la distensión le permitió lograr el orgasmo mientras sorbía cada gota de sus juguitos vaginales.

Ya en el auto saqué la bombachita que aún tenía en el bolsillo y estaba por devolvérsela pero aspirando aquella prendita transpirada, le pedí que me la obsequiase para tener siempre algo suyo para adorar.
Se acomodó bien la pollera sabiendo que ahora estaba desnudita allí abajo, y tuve que detener el automóvil tres veces para besarnos con furia, la última no resistí recostarla en el asiento y nuevamente chuparle ansiosamente la puchita, esa conchita virgen que ahora sería definitivamente mía. La puchita de mi diosa es un afrodisíaco, cuanto más se la chupaba más deseaba comérsela nuevamente mientras la pobre se retorcía en el asiento ya fatigada de tantos orgasmos. El último recién se lo pude ofrecer al meterle el dedo casi entero por el culito.

La luz de casa (la de Alicia) estaba encendida y no me sentía de humor para ver a mi flamante suegra, hice notar que mañana temprano iniciaba el nuevo empleo y debía llegar descansado. Mi cielito feliz de tanta atención vaginal me despidió con un beso interminable.


El local ya estaba cerrado con la familia cenando y al entrar a mi habitación me siguió la nenita con un plato de lentejas, realmente no tenía hambre pero la habían enviado con eso. Arrodillándome en el piso le agradecí la atención ofreciéndole unos caramelos que tenía para no fumar, el sabor de la menta era muy fuerte para la criatura y se lo estaba por sacar de la boca cuando lo tomé con mis labios. Era como estar besándola suavemente y sus ojitos cerrados indicaban que la sensación era placentera, no pude resistir tomarle la carita entre las manos y besarla de verdad, mi mano tampoco pudo resistirse a bajar hasta sus piernitas debajo del vestidito para acariciarle el infantil tajito.
Le dije en voz baja que en un futuro los nenes querrían meterle su palito por allí, algo como lo que le apoyaban por la colita cuando el empleado la tocaba indebidamente, justo apareció Martita mandando a su hermana a dormir mientras me plantaba un beso en la boca.

Tuve que relatarle que había logrado el empleo y comenzaría mañana, la rubiecita estaba muy melosa y creo que necesitada ya que mencionó ver que estaba tocando a su hermanita entre las piernas pero era hora que la chiquita aprendiese esas cosas.
Para esto la enana aun estaba en la puerta mirándonos y burlándose: "tiene novio, tiene novio".
Debíamos callarla y le tomé la manito indicándole que era un secreto no debiendo comentarlo con nadie, enseguida preguntó si la apoyaba a la hermana por detrás y sonriendo dijimos que sí y muchos jueguitos más que ella no comprendería a su edad.
Prometió guardar silencio a cambio de que le mostrase el pito y no tuve más remedio que quitarme los pantalones para que la escuincla saciase su curiosidad. Agarraba la barra de carne como si fuese un juguete, me hacía doler un poco hasta que quiso sentarse sobre eso para sentirlo bien. Levantándose la pollerita estaba por acomodarse pero Sandrita le aconsejó quitarse la bombachita por si algo la enchastraba, la picarona ya estaba previendo que acabe sobre la cola de su hermanita.

El monstruo se alojaba entre sus nalguitas asomando la punta por delante, parecía una criaturita con gigante pito. Luego de refregarle el guerrero carnoso por un rato sin lograr que tuviese un orgasmo o se excitase siquiera le dije que el jueguito había finalizado, sus lagrimitas me impulsaron a besarla nuevamente y eso ya no le gustó a Martita mandándola a dormir. Mientras ella cerraba la puerta me paré detrás apoyándole la macana y preguntando si deseaba sentirla también, con un dedo en su puchita dándole rítmico placer le dije al oído que deseaba metérsela por el ano. Bajándose la bombachita se dejó el vestido puesto argumentando que podría venir la madre imaginándome el escándalo si me pescaba enculando a su nena.
Ella misma se levantó el vestidito para dejarme su posterior desnudito a la vista, su potito firme por los ejercicios de baile era muy tentador, más aún ese centro fruncido que había visitado antes.
Decidí que necesitaba algo de lubricación y debía aplicarla con la lengua, o sea chuparle el culito hasta dejarlo ablandado y húmedo. Un dedo delante y otro detrás casi la llevan al paroxismo y decidí metérsela en el ano antes que ella llegase al clímax. Costó un poco introducirle el glande en el culito pero el resto entró casi solito, ese anito no era tan difícil como lo recordaba y exploté en su intestino al mismo tiempo que ella.

Esa noche dormí como un ángel redimido y me levanté antes que todos para bañarme tranquilo, al salir envuelto en una toalla estaba la señora esperando entrar al baño y una miradita de deseo me hizo comprender que hace tiempo el marido no le daba leña pero no me atraía una mujer grande, aparte ya tenía a sus hijas para atenderlas debidamente.

Estaba por tomar el transporte público cuando recordé que ahora tenía automóvil propio, además de empleo y noviecitas. Me recibió Peñafiel satisfecho de que llegase tan temprano y nos dirigimos hacia la casita del jardinero, había convertido eso en un laboratorio completo y me pasé un rato curioseando todo mientras él explicaba los problemas a resolver.
Cuando se retiró me puse a leer los manuales y hacer una experiencia propia, sentado en un pequeño cubículo me abroché el cinturón de seguridad apretando temerosamente el botón start. Esperaba que eso se moviese pero no pasó absolutamente nada, el invento no servía.

Luego de mucho releer los manuales me percaté que el tiempo se medía en microsegundos, en las mismas unidades del clock y CPU. Cuando mis ajustes habían sido para un par de días podría haber viajado una fracción de segundo resultando imperceptible.
En la segunda prueba quedé shockeado, no hubo movimiento alguno, solamente oscuridad y un sonido extraño para quedar sentado en un pupitre de colegio. Mirando hacia abajo vi unas delgadas piernas y un pantalón cortito, estaba muy confundido hasta percibir la carita de una nena, era mi amor imposible en mi tierna juventud y jamás me había acercado a ella.

Otra cosa evidente era que los ajustes del timer estaban mal, debí desplazarme un par de días como máximo y había realizado un salto de muchos años. Temí que el timer para volver tuviese el mismo defecto debiendo quedarme aquí por tiempo indefinido.
La maestra, mi antigua maestra y otro de mis amores imposibles estaba explicando algo pero pedí permiso para salir al baño. La arquitectura me era casi desconocida, había idealizado el lugar en mi niñez pero ahora era un colegio común, lo único grande era el patio.
Temeroso revisé mi monstruo por si no se había convertido en tajito o algo así, pero era mi monstruito bebé, del tamaño de un dedo pero ya se ponía durito al masajearlo. Recordando que más de tres sacudidas eran paja, lo guardé nuevamente yendo al patio.

Al sonar el recreo una marea de criaturas gritonas invadieron el patio, no recordaba que fuese tan ruidoso eso. Mi ex amor imposible estaba en grupito con otras nenas y tomándola del brazo le dije que debía hablarle, ni recordaba su nombre y tuve que llamarla "linda".
Le confesé que me gustaba mucho pero no le hablaba por temor a que la maestra le contase a mi mamá, conté que pasaba la noche besando mi mano mientras imaginaba que era ella. Para graficarle la situación tomé su propia manita para besarla amorosamente y la retiró presurosa indicando que nunca le habían hecho eso pero le agradaba.
Me resigné que de todos modos no tenía mi monstruo para cojérmela, aunque era un palito a medida de sus tiernos agujeritos y al soltarla se fue corriendo. En eso parecía que el sol se apagaba, una oscuridad total me envolvió y nuevamente me encontré sentado en la máquina del tiempo.

Al menos había comprobado que la idea funcionaba, solamente le faltaban algunos ajustes. En eso se abre la puerta entrando Margarita con una bandeja de desayuno, socarrona preguntó si podía darle un besito al novio de su amiga y sin más me plantó un chupón para quitar el aire. Esta chica se estaba desarrollando demasiado de prisa…
Le pedí disculpas por haberla culeado tan bruscamente el otro día y respondió que no le contaría nada a Alicia siempre y cuando que no la rechace a ella cuando deseaba, parecía una vil extorsión pero acepté en nombre de la paz.

Se sentó sobre mi falda para desayunar juntos cuando le pregunté por el show de ayer, cuando se metió la pinga del papito delante de todos en la mesa. Riendo confesó que le excitaba hacer cosas prohibidas en público aunque el padre no compartía sus gustos, pero el solo tocarle la carne muerta la hacía despertar lista para introducirla y saciarla.
Amasando sus tetitas desde atrás le dije que podríamos repetir ahora el jueguito y con más testigos desconocidos, mirando incrédula a todo lados dijo que allí estábamos solos pero con gusto se sentaría en mi enhiesto mástil.

Preguntándole la fecha exacta de nacimiento, introduje los datos en el algoritmo recién creado calculando cuándo ella era muy chiquita aún. Tomándola de la mano me senté en la máquina del tiempo con ella sobre la falda, estaba por levantarse el vestido cuando le pedí quedase quietecita y sin asustarse, cuando la luz se estaba atenuando me apretaba las manos con algo de temor y aparecí en un parque de juegos con una nenita en la falda.
No sabía si la conciencia de ella sería la misma preguntándole si deseaba un helado, helada era la voz de ella al preguntarme dónde la había traído y porque tenía ese cuerpito infantil.

Le expliqué someramente el experimento recomendando que era un alto secreto militar y la mandarían a matar si alguien se enterase. Era un día nublado y el parque infantil estaba desierto, de todos modos un padre con su nena en la falda no parecía sospechoso.
Esta vez tenía calculado el tiempo de retorno y sincronizado el cronómetro de mano, teníamos tiempo para ir a comprar un helado, recordé que en esa época no llevaba mucho dinero pero un par de billetes alcanzaron. De vuelta al parque ella degustaba lentamente el helado mirándose la manos y piernitas minúsculas, le recordé que para esa época ella todavía no había seducido al padre, ni siquiera tenía una colita linda para provocar.
Viendo que un poco de helado ensuciaba sus tiernos labiecitos le lamí cuidadosamente la boquita, ella tal vez sentía sensaciones de nena grande pero ver su cuerpito pequeño me levantaba la temperatura.

Mis manos como resorte le agarraron las piernitas y subiendo levanté su pollerita de jean, sus piernas eran flaquitas pero el bultito que marcaba bien su bombachita era muy tentador, con el dedo dibujaba su tajito tratando de hacerle una pajita rápida pero estaba muy nerviosa.
Como no había nadie le sugerí que ahora se ensartase con mi pene pero ella se dio cuenta que sus agujeritos también eran chiquitos entonces, hasta era virgen y jamás la habían besado.

Pensé que algo así podría hacer para encontrarme con Alicia pequeña y me comí esa boquita infantil pensando en mi diosa, la dueña absoluta de varios cuerpos y fantasmas, mi adorada Alicia.

(continuará)