Vuelve Alicia 12

Estaba sentado en un parque infantil con Margarita sobre mi falda. Sería una imagen común de no ser que Marga aún estaba en su más tierna niñez dado que vinimos en la máquina del tiempo.
Bromeaba con ella desafiándola que ahora estábamos en un lugar público y sería excitante tener algunos jueguitos sexuales, la pobre tenía el mismo estado de conciencia para su edad pero habitando un cuerpito miniatura, era imposible pensar en introducirse mi humanidad carnosa en esos tiernos orificios aún sin estrenar.

Le confesé que me excitaba terriblemente tener sentadita en la falda a una criatura tan pequeña y sus labiecitos me llamaban para ser besados. Me comí su boquita con fruición mientras mi mano reptaba por su pierna hasta perderse bajo la minúscula pollerita, aún tenía un bultito gordito sin los contornos de una vagina desarrollada pero ese tajito me enloquecía y le ofrecí chuparle la conchita allí mismo.
Eso la puso muy nerviosa argumentando que sería riesgoso en un lugar público y mejor que solamente le pasase un dedo, me tuve que resignar corriendo de lado su bombachita inspeccionando de modo táctil su tajito miniatura. El tiempo de visita temporal llegaba a su fin cuando le sugerí que sintiese mi miembro en carne viva bajo su colita, desde lejos podía observar como tres agentes policiales venían al trote.

Supongo que alguien se percató que un adulto estaba haciendo cosas indebidas con una nena y nos denunció, la cara de Margarita estaba demudada de terror cuando me abrí el pantalón y le acomodé el cuerpito para metérsela, dedeando su imberbe puchita y besando esa boquita tentadora apunté el monstruo al centro de su colita infantil haciendo leve presión para ensartarla en el culito. Cuando ya escuchaba a los agentes gritarnos, la iluminación decrecía mientras la tomaba fuertemente por la cinturita con la punta del glande en la puerta de su anito fruncido.
Apenas volvimos a estar en la cápsula le enterré la pija profundamente en el culito mientras ella permanecía temblando con los ojitos cerrados y casi sin respirar por mi boca acallando sus gemidos.
Yo también tenía los ojos cerrados para imaginar que aún era una nenita pequeña ensartada, le acariciaba el cabello mientras me la cojía suavemente por el culo imaginando que era su primer sodomización, su culito profundamente relleno de carne recibió ríos de leche que deposité sin dejar de besarla.

Reconoció que la experiencia fue fantástica, se imaginaba la cara atónita de los agentes policiales cuando nos desvanecimos y la tremenda excitación por la situación peligrosa. Nuevamente recomendé que guardase absoluto secreto de la vivencia agregando que otro día podríamos ir a los momentos cuando ella aún estaba seduciendo al padre para mejorar la técnica. Recordaba cómo la nena pianista pasó de exhibir su bombachita a garchar con su padre, tal vez habíamos viajado pero no tenía recuerdos del hecho; son las paradojas de los viajes temporales…

La situación me dejó con las ganas de tener a un nenita de verdad entre los brazos, y nada mejor que mi querida hermanita que admitía ser manoseada y algo más. Aduciendo que debía buscar unos papeles que guardaba en casa me subí al coche partiendo raudamente.

Moni estaba algo triste por quedarse solita en la casa y no pude evitar llenarla de besitos mientras la alzaba percibiendo su escaso peso y tamaño, sería un degenerado pero con buenos gustos: esta nenita estaba para comérsela cruda.
Llevándola en brazos hasta el dormitorio le confesé que la extrañaba mucho y quería besarla todita, ella casi no podía hablar mientras le comía la boquita acariciando la suave piel de sus piernitas. Quitándole el calzado procedí a besarle los piecitos mientras ella estallaba en carcajadas por la cosquilla, al meterme sus deditos en la boca ya no se reía tanto: le estaba gustando.

Subiendo lentamente por sus rodillas metí la mano bajo su vestidito para sacarle la bombachita, un tentador tajito apareció ante mis ojos y resignado a que no lograría brindarle un orgasmo de todos modos ataqué su puchita con la lengua. Era la concha de mi hermana y merecía todas las atenciones posibles además era terriblemente placentero chuparle el tajito infantil y elevé sus rodillas, por suerte a esa edad son muy elásticas y quedaron sus dos huequitos expuestos para que se los llene de besos.
El fruncido culito recibía un dedo ensalivado mientras mi lengua pugnaba por entrarle profundamente en la chuchita, el pobre anito quedó algo dilatado de tanto serrucharlo y le pregunté si aguantaría que le metiese el miembro allí, solamente la puntita.
Sus manitas tironeándome el cabello indicaban que el jueguito sería placentero y previo aplicarme crema al pene hice presión en su anito, mi excitación crecía desmedidamente y temí acabarle entre las nalguitas antes de meterle la pija en en culo.

El glande palpitaba al empujarlo delicadamente en la puerta del anito hasta que su esfínter cedía paso al intruso, saber que ese culito que estaba por cojerme era el de mi hermanita pequeña acrecentaba el morbo y empujando un poco más entró otro centímetro, no podría metérsela completamente pero el estrecho culito me apretaba el monstruo como un guante de látex y con suaves movimientos le apliqué el enema lechoso. Permaneciendo quieto para que el mástil se relajase dentro suyo, el monstruo moribundo fue saliendo del estuche posterior de Moni que dejó escapar un pedito entre gotas de esperma.
Le limpié bien el potito con un pañuelo procediendo a darle besitos en la zona que parecía dolorida por la reciente invasión, otra chupada de conchita tratando de llevarla al orgasmo resultó infructuosa pero mi hermanita estaba radiante de felicidad.
Nos dormimos abrazados mientras con una mano le tapaba la colita evitando que se le enfriase.

Recordando que aún estaba en horario laboral, retorné presuroso al laboratorio y por suerte Peñafiel aún no había vuelto. Marga me recibió con un besito tierno, tal vez recordando cómo la había besado cuando habitaba su cuerpito chiquito, también le causaba morbo jugar a ser bebita nuevamente y contaba sus reales experiencias siendo pequeña. Cómo le agradaba que el padre la bañase en los pocos momentos que lograba estar a solas con él, si bien aún no tenía deseos sexuales definidos sentir los dedos paternos recorrer su piel enjabonada la hacían volar. Ahora podía entender porqué el abnegado padre era tan suave en sus caricias, si bien escondía su evidente excitación sería delicioso pasarle el dedo por la entrepierna infantil chorreando agua mientras la bañaba.
El pobre no se animaba avanzar más allá y nunca le metió un dedo por el culito, pero la manera tan prolija de lavarle el anito denotaba la intención. Yo quería conocer más detalles de su morbosa iniciación filial pero el sonido de un auto entrando al garaje nos hizo separar y me hice el disimulado leyendo un manual.

Le comuniqué a Peñafiel que el sistema no funcionaba, pero sería capaz de lograrlo mediante algunas modificaciones. Sabía que apenas el sistema estuviese operativo ya no podría utilizarlo personalmente, además que el ejército lo usaría para propósitos violentos, a ellos no les interesan las nenas ni los placeres que nos pueden brindar.
Marga se hacía la tonta leyendo un cómic mientras abría la piernas para enseñarme la bombachita, la cretina gozaba con las actitudes riesgosas ya que si el padre descubriese que le tocaba la hija me hubiera sacado a patadas de allí. Dejando caer la revista se agachó para levantarla exponiendo el potito enfundado, por suerte el padre abría grande los ojos para disfrutar del espectáculo sin percibir que estaba destinado a mi desgraciada humanidad que en ese momento no podía hacerle nada.
Cuando me levanté para buscar unas herramientas en la gaveta pude apreciar de reojo como le apretaba la entrepierna al padre y éste nervioso le sugirió que vayan a preparar la comida.
Caminando detrás de su papito se levantó la pollera por detrás para enseñarme la colita, la muy cretina sabía que no podría reaccionar pero recordé que recién me la había cojido por el culo, por muy tentadora que fuese esa bombachita el oculto anito aún rezumaba mi esperma.

Decidí trabajar en el aparato preparando un control remoto con varias funciones adicionales, no solamente un contador de tiempo así podría retornar a voluntad en caso de peligro.
Nuevamente en la cápsula y con mejor dominio de las fechas, procedí a saltar a la época cuando mi ex esposa aún era la mujer de mi vida. Creo que acerté al salir de la oscuridad parado delante de un tablero de dibujo, estaba en mi antigua casa pero sólo, creo que calculé mal el tiempo…
Estaba por apretar el botón de retorno cuando escuché el claxon de un automóvil, se bajó una mujer joven y me costó reconocer que esa tremenda hembra era mi flamante esposa. Me quedé sin habla cuando bajó su hijita, mi adorada hija postiza pero ella no me conocía aun, caí de rodillas con los brazos abiertos para verla aproximar con pasitos tímidos. Mi mujer hizo las presentaciones formales "--esta es mi hija Alicia--", supongo que debí saludarla normalmente pero la abracé con fuerza alzándola del piso mientras besaba esa carita divina.
Mi señora retornó al auto para bajar unos bolsos de ropa y debía ayudarle, pero no lograba desprenderme de la criatura en brazos, era la razón de mi vida aunque ella aún no lo supiese. Llevándola alzada hasta el comedor le pregunté si quería chocolatada mientras la miraba embelesado, sentía la tibieza de sus piernitas y quería besarla toda pero no podría asustar a la nenita recién llegada.

Mi esposa entró con los bolsos agradeciendo que no rechazase a su hijita, era importante para ella ser bien recibida y evidentemente nos llevaríamos bien los tres. Se fue al baño para ducharse mientras Alicia apenas lograba tomar su merienda con una manita, la otra la tenía yo sin soltar mientras con la mirada le comía la carita. Era un criatura divina además que la amaba con locura, moría por besarla pero reconociendo que sería imposible, salvó la situación percibir que tenía un bigote de chocolate y con una sevilleta por la boquita no logré limpiarla bien hasta pasarle los labios por allí, la chiquita reía por la ocurrencia pero yo temblaba por la emulación de un beso.
Cuando terminó su refrigerio pidió pasar al baño, la llevé hasta la puerta pero no la podría acompañar, desde fuera escuchaba caer un hilito de pis imaginando su chuchita descubierta mientras aliviaba sus necesidades fisiológicas.

Apenas abrirse la puerta Alicia aún se acomodaba la bombachita, no tenía sentido del pudor a esa edad. Alzándola nuevamente reconocí que no podría soltarla nunca más, si fuese por mí la pobre ni hubiese aprendido a caminar. Le pregunté al oído si le molestaba la bombachita en la cola y pasando un dedo por la zona comprobé que la tenía algo enterrada entre las nalguitas, con mucha dulzura la puse bien acariciando amorosamente la enfundada colita de mi angelito.
Mi mujer admiraba la habitación que tenía preparada para su hijita y feliz que nos entendiésemos tan bien, parece que el padre biológico no le llevaba el apunte a la pobre criatura.
Comentando que mañana la inscribiría en un colegio, le insinué que conocía a los directivos del mejor de la zona y sería conveniente llevarla personalmente.

Debía hallar un modo de estirar mi permanencia en el pasado y fui hasta el cuarto de baño para accionar el botón de retorno.
Peñafiel e hija estaban en la mesa comiendo cuando entré sin llamar para comunicarle que me pasaría la noche allí haciendo pruebas y estudiando. Margarita tenía expresión traviesa y no me costó adivinar que se estaba ensartando el miembro paterno, el pobre hombre tartamudeaba por el temor a ser descubierto cojiéndose a su propia hijita y muy alegre asintió al pedirle que no interrumpiese mis estudios. Cuando volví al laboratorio aun trataba de adivinar cuál huequito estaría recibiendo la barra carnosa, pero no me importaba mucho ya que soñaba con volver a ver a mi tesorito divino y cerré la puerta del laboratorio con pasador.

De nuevo en la máquina temporal hasta salir del cuarto de baño, mi esposa comunicaba que debía partir hacia el trabajo pidiendo que atendiese a su hija. La besé recordando que en esa época nos revolcábamos apasionadamente y atribuyó mi tremenda erección a su presencia sin advertir que era producto de pensar en su hija Alicia.
Se escuchaba la cerradura de la puerta principal al retirarse mi mujer y ya tenía a mi tesorito en brazos, quería hacerle su primer día en una casa desconocida todo lo agradable posible, preguntando si quería salir a pasear un poco tal vez al parque de diversiones, sus ojitos se iluminaron y tuve que bajarla al piso ya que no podría caminar con Alicia alzada como una bebita, ya era bastante grande para andar por su cuenta.
Lo que no podría es caminar sin tomarla de la manita, parecía natural para los transeúntes un papá llevando de la mano a su hijita y caminábamos lentamente mientras cada comentario estaba acompañado por una diferente presión de los dedos, iniciaba la comunicación secreta con mi tesorito y la tibieza de sus deditos me producía escalofríos.
Elegimos una atracción en forma de rueda con carritos que subían dando la vuelta, siendo tan pequeña la llevaba sentadita en la falda y sus manitas me aferraban con algo de temor en el descenso de la rueda cuando parecía que nos estábamos cayendo al vacío. Esta vez mi boca tuvo que besar aquellas manitas y recorrer cada dedito con los labios, ella estaba muy concentrada en la experiencia de la rueda gigante no percibiendo algo fuera de lo común, debí contenerme mucho para no bajar de allí exhibiendo una tremenda erección.

Salimos rumbo a una heladería y saboreando su golosina nuevamente tenía la boquita enchastrada, ahora estaba en público y no podía limpiarla con mi boca, parecería que estaba besando a la chiquita, tuve que conformarme con limpiarla a mano muy lentamente para sentir sus labiecitos. Cuando llegamos a casa estaban los bolsos aun llenos, me ofrecí para acomodar su ropita y asignamos una cajonera para cada tipo de prenda, la que contendría sus bombachitas fue la más atendida doblando cada prendita con cariño y cuando ella no miraba pasándome una por la cara para aspirar su aroma a nena.
La pobre quedó cansadita por la caminata y le sugerí dormir una siesta, luego podríamos mirar dibujitos animados en la tele, le quité el vestidito aguantando el escalofrío de verla en bombachita. Arropada en su camita leía un cuento para arrullarla mientras le acariciaba la cabecita, esos cabellos divinos que pude aspirar cuando se quedó dormidita. Apenas rozándola para no despertarla la besaba toda y destapándola un poco pude admirar su cuerpito, le acariciaba suavemente la espaldita hasta llegar al elástico de la bombachita. Tuve que deslizar un poco más el cobertor para descubrirle las carnecitas prohibidas, tenía la prendita íntima enterrada en la colita pero no le podría meter los dedos en la cola sin despertarla.
Resignado a sólo mirarla extraje el monstruo y envolviéndolo con un pañuelo procedí a hacerme justicia por mano propia, casi eyaculo de entrada debiendo reducir la cadencia para disfrutar la esplendorosa vista de mi nenita durmiendo, de mi Alicia adorada.

(continuará)