Vuelve Alicia 13

Arrodillado en el suelo al costado de la camita de Alicia la observaba dormir plácidamente, en otras ocasiones estuve de rodillas ante su lecho pero ahora mi tesorito recién llegaba a casa, yo revivía una época venturosa gracias al experimento militar con la máquina del tiempo.

Destapándola un poco para admirar sus piernitas, con la otra mano me sacudía el monstruo babeante deseando enterrar la cara en su colita divina, me tuve que conformar con la vista hasta llenar el pañuelo de leche.
Quedé a su lado viéndola dormir un largo rato hasta que se despertó repentinamente y con voz llorosa decía estar haciéndose pis.
La destapé presuroso y efectivamente tenía la bombachita con signos de humedad, la llevé en brazos al baño donde le bajé la prendita mojada sentándola sobre el inodoro. Entre sus llantitos me pedía que no se lo contase a la madre, la retaría mucho como pasaba antes.
Mientras le acariciaba los bracitos besé su frente prometiendo que sería nuestro secreto, luego le lavé bien la colita para quitar las señales del accidente, no podía volver a ponerle la prendita mojada y tampoco dejarla a la vista, mi bolsillo fue el mejor escondite. Al llevarla alzadita pude notar que tenía la colita fría por el agua y le acaricié la zona para darle calor, al llegar a su habitación manifestó que sentía escozor en su conejito y la acosté de espaldas para comprobar la vaginita algo irritada por los orines diciéndole que podría ponerle una cremita pero le molestaría menos si le pasaba la lengua, me dijo que sería un cochino si le lamía el tajito para hacer pis respondiendo que haría cualquier cosa para hacer sentir bien a mi reinita.

Separándole las piernitas zambullí la cabeza en su centro glorioso percibiendo sabores de jabón y meadita, no la había enjuagado bien y parece que le ardía la zona. Iniciando con besitos suaves para comprobar su reacción solamente se reía por las cosquillas y pasé a lamerle el chochito debidamente, me quedaba en la boca el sabor de su puchita y me tragaba eso con deleite, no había nada más hermoso que chuparle la conchita a mi adorada Alicia.

Cuando dijo que ya no le ardía tuve que detener la operación lamentando que no logré chuparle el culito, solamente el tajito que ahora se presentaba brillante de saliva. Buscamos otra bombachita y se la puse delicadamente observando admirado como se le marcaba el tajito, esta vez le toqué bien la colita para comprobar que no se le enterrase la prenda íntima.
Nos sentamos en el sofá para mirar cartoons con ella en la falda tapados con una manta, estaba refrescando. Podía enterrar la nariz en el pelo de mi nenita adorada para aspirar su divino perfume, no cesaba de besarle la cabecita y el costado hasta las orejitas, con la mano recorría sus piernas y en los momentos que una situación graciosa le hacía largar carcajadas aprovechaba para pasarle un dedo por el tajito enfundado.

Me había quedado demasiado caliente por metérsela un poquito, pero no sería tan imposible ya que ahora era mi novia apenas regresase del viaje temporal. No sería la nenita divina que tenía en la falda pero era mi Alicia adorada de todos modos, la dueña de mis vidas y muertes.
Comunicándole que debía salir a ver un trabajo, me despedí con un piquito en sus labios, deseaba besarla adecuadamente pero todo a su tiempo... Ya en el jardín apreté el botón de retorno y respiraba agitado en la silla del cubículo temporal.

Saludando a Peñafiel estaba por retirarme cuando escucho a Margarita llamarme quedamente en la oscuridad de la cochera, me reprochó escaparme sin el besito de despedida y tuve que explicarle que no podía besarla en la boca a la vista del padre, me mataría el cretino. Dijo comprender la situación pero en la oscuridad de la cochera podríamos besarnos y hasta algo más, no comprendí ese algo más hasta sentir su mano apretándome el monstruo mientras la besaba, estaba oscuro y podía imaginarla en su cuerpo infantil, la situación sonaba más morbosa si esa mano era inocente.
Me gustó la idea alzándola por la cola mientras ella me atenazaba la cintura, la cochina estaba sin bombachita tal vez previendo o tal vez se la había quitado el degenerado padre para hacerle cosas indecentes, la cuestión es que liberando al prisionero la dejé caer lentamente para ensartarla por la conchita. Ya tenía humedad propia y le entró la pija como hierro candente en manteca, se la enterré profundamente y alzándola reinicié el movimiento para clavarla bien, esto le encantaba ya que casi se la sacaba totalmente para volver a metérsela hasta las bolas, la chica se tragaba el pene entero sin protestar y con violentos espasmos le acabé dentro imaginando que era la conchita de mi Alicia.

Tarde recordé que debería guardarme para mi tesorito, pero a esta edad era una fábrica de semen y podría con todas. Alicia estaba solita escuchando música, luego de besarla adecuadamente me comentó que la música clásica era deliciosa y no conocía los gustos de su padre al respecto. Me senté en el piso al lado del equipo musical recordando otra ocasión similar, mientras ella me usaba de sillón apoyando la espalda en mi pecho y mis dos manos quedaron en sus tetitas. Me pareció que a esta altura ya teníamos la confianza necesaria para esas cosas y le susurré al oído que tenía unos pechitos deliciosos, quedé con una sola mano sobándole las tetitas mientras la otra bajaba por su pancita hasta la entrepierna.
La respiración agitada indicaba su reconocimiento que se avecinaban cosas mayores, y riendo comentó que había soñado conmigo comiéndole la conchita como hicimos en la funeraria mientras unos fantasmas aplaudían el espectáculo.

Por suerte vestía solamente una camiseta larga y al acostarnos en el piso pude levantarla fácilmente para pasarle un dedo por el tajito, pensaba que desvirgar a mi hijita ya no sería tan pecaminoso ahora, ya le estaban saliendo pelitos en la puchita y hasta tenía tetitas visibles.
Recordaba minutos atrás cuando la tenía alzada en su cuerpito infantil y la desesperación por chuparle la conchita, con la misma prisa incontenible sumergí la cara sobre su puchita y ella misma se quitó la bombacha, obvio explicar que esa conchita deliciosa fue chupada hasta brindarle varios orgasmos. Acostándome sobre ella le tomé la carita entre las manos para besarla y pasarle algo de sus propios sabores boca a boca, cuando abrió un poco los ojos dejé el glande apuntado a su vaginita y su mirada parecía rogar que se la metiese de una vez.
Sabía que esta era una ocasión única, estaba por quitarle la virginidad a Alicia y quería percibir en sus ojitos cada sensación.

Tembló fuerte al sentir el glande a la entrada de su vagina y demoré muchísimo entrando en su conchita, deseaba hacer eterno este momento de poseerla totalmente.
Muy lentamente se la fui metiendo en la puchita hasta sentir aquella barrera intacta, realmente era virgen todavía y estaba por robarle esa separación de su niñez, me besó furiosamente mientras con rápida estocada le atravesé el himen. Sabía que eso ardería un poco quedándome quieto hasta que se acostumbrase a tener el pene alojado en su cuerpito, cuando dejó de asfixiarme con sus bracitos estimé que ya no dolía y era hora de cojerme a Alicia debidamente.

Por suerte había tenido un par de eyaculaciones en el día y pude aguantar bombeándola lentamente, se la metía cada vez un poco más profundo hasta que la tenía toda adentro de la puchita, ya no más la puntita como antes cuando era su papito. No me la estaba cojiendo a mi hija: estábamos haciendo el amor con todas las letras y ambos temblábamos de la emoción.
Su conchita al fin estaba invadida totalmente y no se hicieron esperar sus estertores que indicaban un orgasmo aún mayor que los provocados con mi lengua. Me sentía feliz por haberle podido proporcionar placer a mi angelito divino y besándola reinicié el bombeo para lograr mi propio clímax, la lentitud la exasperaba demostrando que también se acercaba a otro paroxismo y esta vez nos vinimos al unísono, depositaba cantidades de semen en las profundidades de la conchita de Alicia mientras ella me mordía el labio inferior.

Recordaba múltiples relaciones anteriores con nenas varias pero jamás algo tan delicioso como con Alicia, sentirla vibrar bajo mi cuerpo era inenarrable, aun me dolía el labio recién mordido pero la besé con todo mi amor acumulado, era mucho tiempo deseando besarla y sentirla tan mía. El monstruo pasó al estado durmiente deslizándose fuera de su cuevita pero seguía besando a mi amorcito como si fuese la primera y última vez.

Por suerte ya estábamos vestidos decentemente cuando la cerradura frontal indicaba el regreso de su madre, ella sabía de nuestra relación pero sin intuir que terminaba de desvirgar a su hija, tal vez imaginaba los noviazgos de antaño donde tomarse las manos era lo más atrevido posible.

Volví a casa para ducharme calculando la hora de regresar con mi hijita recién conocida, recapacitando que al ajustar la fecha también podría hacerlo con la hora, ya no me preocupaba hacer coincidir nada, podría hasta volver y repetir algo ya hecho.
Saludé a Martita que estaba haciendo los deberes del cole, pero con un recatado besito en la mejilla: la madre estaba presente y la rubiecita temblaba nerviosa por la situación.

Al entrar al baño no observé que la luz estaba prendida topándome con la hermanita sentada en el inodoro y con caritas de estar pujando. Estaba por salir pero la nena haciendo fuerza para cagar era muy excitante y no podía dejar pasar la ocasión. Haciéndome el tonto procedí a desvestirme para luego "descubrir" que no estaba solo, prestamente me cubrí con las manos pero la chiquita tenía la vista clavada en mi erguida humanidad, tuve que desistir de esconder eso.
Tomando un poco de papel higiénico le ofrecí limpiarle la colita, se agachó tranquilamente ofreciéndome el potito desnudo y casi se cae por tener la bombachita bajada hasta la rodilla, al mirar dentro del inodoro no daba crédito al diámetro de los zoretitos, si eso le salía por el culito debería estar bien distendido. Soltando agua para limpiar la loza, le aconsejé que mejor bañarse ya que tenía la colita sucia.

Paradita bajo el agua tibia, mi monstruo le pegaba en la orejita, de darse vuelta un poco se la metía en la boca. Le hice apoyar las manitas en el borde de la bañadera para exponer bien el traserito a lavar, al principio el agua corría algo marroncita pero al final tenía el culito limpito. Diciendo que aún podría tener olor feo acerqué la nariz a su potito para ver de cerca ese agujerito fruncido, claro que no olía a nada pero me aseguré con la lengua que estuviese limpita, de paso medía la elasticidad de su anito que permitió que le entrase la traviesa lengua. No se podría decir que le estaba chupando el culito, solamente midiendo como buen técnico si esa tuerca aceptaría un tornillo de mayor tamaño.

Sugiriendo que el otro día no pude enseñarle bien las sensaciones de que la apoyasen por detrás, dejé que mi pito se pasease entre sus nalguitas, al puntear el orificio fruncido le expliqué que de ese modo se la meterían los muchachos en el futuro y sería conveniente que ya fuese practicando algo. Ante su silencio cómplice dejé la punta del glande apoyada en su anito y la chiquita hacía fuerza hacia atrás para que le entrase un poco pero debía controlar la presión para no lastimarla. Enjabonando bien la punta volví al ataque recordando el tamaño de su caquita, debería poder cagar hacia adentro del mismo modo.
Logró entrar parte del glande y no quise abusar de la chiquita, ya alcanzaba con encularla a medias y con suaves movimientos le llené la tripita con semen.
Se tuvo que sentar nuevamente en el inodoro para soltar el reciente enema y el paso siguiente fue chuparle debidamente el culito hasta que retornase su tamaño fruncido.
Temía que viniese la madre procediendo a secarla y vistiéndola prolijamente, con un besito en la boca le recomendé que no contase nada ya que la retarían por mirar a un hombre desnudo.

Estaba cansado con tanta batalla en un sólo día y quedé dormido apenas tocar la almohada.
Realmente estaba pensando en Alicia al dormirme, recordando su mirada mientras sentía mi pija desvirgándola. Soñé que aún habitaba el cuerpo de Susanita despertando sobresaltado cuando mi padre postizo me la metía del mismo modo, lentamente pero hasta el fondo.


Al otro día, ya en el laboratorio y calculando con exactitud la hora, aparecí ante mi antigua casa a escaso tiempo de haber partido, paradójicamente no tenía llave de mi casa y tuve que tocar el timbre. Alicia sin abrir la puerta preguntó quien era, al identificarme y pasar la alcé en brazos alabando su conducta de no abrir la puerta a extraños. Esta vez traía una bolsita de chocolatines y caramelos para obsequiar a mi reinita, con una sonrisa de oreja a oreja tomó las golosinas y no se extrañó nada cuando al agradecerme con un besito incliné la cabeza para recibir sus labiecitos en mi boca.

Estábamos sentados viendo algo de tele y Alicia tenía la boquita enchastrada de chocolate, el sonido de una llave nos hizo saber que retornaba la madre y velozmente limpié su boquita con mis labios, se podría decir que casi besándola descaradamente.
Comimos como una familia unida y feliz mientras le daba miraditas cómplices a mi nena, aun debería aprender mucho acerca de las comunicaciones secretas…
Al terminar la cena, mi señora comentó que la habitación de la nena aun olía a pintura fresca y si no me molestaría que durmiese un par de noches con nosotros, puse cara de fastidio pero saltaba por dentro. Al desvestirse pude admirar su cuerpo de hembra deseable recordando que antes cojíamos como conejos.

Mandó a su hijita a lavarse los dientes y vestirse con la prenda para dormir, agarrándome fuerte el monstruo mientras se disculpaba por la intrusa, en un par de día me recompensaría debidamente. Pensé que mejor recompensa que dormir junto a mi cielito no podría existir, el solo pensar en Alicia hacía que tuviese una erección.
Temiendo que se cayese de la cama, la acostamos al centro y quedó hecha un emparedado. Tenía la carita hacia el lado de la madre que le acariciaba la cabecita, yo tenía mi mano en su cinturita y parecía que competíamos por acariciar a la nena.

Sus piecitos coincidían con mi doliente garrote y cada tanto me pateaba sin querer, o tal vez curiosa queriendo palpar esa carnosidad que la madre no tenía entre las piernas. La situación me mantenía con un empalme rabioso, cuando la criatura al fin se durmió sentí la mano de mi esposa tanteando el pene, se asombró por su férreo estado susurrando que me la podría chupar para calmarme sin que la criatura se percatase, respondí que podríamos cojer calladitos para no despertar a la inocente nenita.

Era gracioso ver a mi esposa bajarse la bombacha sigilosamente y separar la piernas, realmente mi mujer estaba muy apetecible y le oprimía los pechos mientras le metía la pija lentamente.
Por suerte ella tenía los ojos cerrados mientras cojíamos para poder espiar a mi tesorito durmiendo, pensaba que de esta vagina había salido ella siendo bebita. La serruchaba con extrema lentitud hasta que mi mujer tuvo un orgasmo mordiendo la sábana para no suspirar ruidosamente, esta vez tenía los ojos fuertemente cerrados y pude mirar la carita durmiente de mi cielito mientras le llenaba la concha de leche a mi esposa.

Estaba cansado y me dormí como un tronco, solamente para despertar sintiendo que mi propio tronco era masajeado, temí que fuese Alicia recordando de inmediato que era demasiado chiquita para saber de esas cosas. Era mi mujer preparando su totem para el sacrificio bucal, con gran maestría se lo metió en la boca para darme una mamada de maravilla mientras yo recordaba cómo me chupaba la pija estando dentro del automóvil cuando recién salíamos como novios.
No pude evitar venirme en su tibia boca y se tragó todo sin dejar caer una gota en las sábanas.

Vistiéndose de prisa para ir al trabajo me recordó que llevase a nuestra hijita para buscarle un colegio. Apenas cerró la puerta de calle me volteé para observar el sueño de Alicia, su boquita entreabierta era demasiado tentadora para no besarla, con extrema suavidad acerqué la boca para aspirar su aliento depositando suaves besitos en sus labiecitos dormidos.
Aun no era hora de preparar el desayuno y salir hacia el colegio, aproveché para acariciar sus cabellos y adorarla en silencio mientras ella se removía tal vez soñando que corría por floridas praderas.
Fue despertando lentamente y desperezándose preguntó por la madre, al comunicarle que ya se había ido al trabajo la tranquilicé que le prepararía el desayuno y su ropita diaria. Bajando la mano hasta su tajito le pregunté con cara preocupada si no se había hecho pis en la cama, sonriendo se levantó la ropita de dormir para enseñarme que su bombachita estaba seca.
Abrazándola la acosté sobre mi cuerpo, sentir el peso de mi angelito producía un placer indescriptible, le sostenía la carita para darle muchos besitos, tuvo que cerrar los ojitos mientras mi boca le recorría cada fracción de piel y jugaba a morderle la naricita. Deseaba tremendamente besarle la boquita pero eso serían juegos indebidos para mi inocente Alicia, por suerte acariciarle la espaldita y pasar las manos por sus piernas y colita estaba dentro de lo aceptable.

La llevé en brazos al baño mientras ella protestaba que ya era grandecita para ir sola, le tuve que aclarar que no hallaba sus chinelas y estaba en brazos para evitar el frío suelo. Con naturalidad le bajé la bombachita para sentarla sobre el inodoro, pensaba dejarla allí solita mientras preparaba el desayuno pero recordé que estaba descalza y no permitiría que sus piecitos toquen el piso.
Dijo que debía lavarse allí abajo luego de hacer pis, pero recordando que por la mañana tardaba en calentarse el agua corriente sugerí que mejor era hacerlo con saliva tibia. Nuevamente me dijo que era un cochino al pasarle la boca por allí pero llevándola a la cama le pedí que se quitase la bombachita, sería indecente si lo hacía yo mismo.
Separándole las piernitas me dediqué a su centro meón, esta vez tenía un sabor más fuerte a pis pero le comí la chuchita con fruición, Alicia temblaba bajo mi ávida lengua chupándole la conchita, supongo que solamente sentía cosquillas pero le gustaba dados los grititos felices.

Me recordó mantener en secreto que no se lavase convencionalmente, claro que prometí llevarme a la tumba esa información. Esta vez hallé sus chinelas y fuimos hasta la cocina, en un ratito preparé todo mientras ella hojeaba un cómic. No podría desayunar de otro modo que sentando a Alicia en mi falda, y ella muy feliz por sentirse atendida con amor.
Nuevamente no pude resistir unas miguitas que sobresalían de su boquita y tuve que quitarlas suavemente con los labios, mi tesorito reía fuertemente por esos jueguitos, tal vez adivinando que tenían algo de prohibido al contar que la madre nunca le hacía esas cosas tan cariñosas.
Le puse su ropita formal, parecía una muñequita en ese minúsculo vestidito, creo que lo elegí pequeño sabiendo que mostraría la colita al agacharse un poco y quería deleitarme con esa vista.

Fuimos caminando al colegio de la mano, sus deditos ya cambiaban la presión al ritmo de sus palabras mientras me deleitaba comprobando el rápido aprendizaje de códigos secretos, llegaría un momento en que no necesitábamos pronunciar palabra, el solo contacto de nuestros dedos comunicaba todo.
Luego de inscribirla formalmente, averigüé que el odiado profesor de idiomas aún no trabajaba en ese colegio, detestaba la idea de sus degeneradas manos toqueteando a mi angelito. Iniciaba las clases el lunes y fuimos a comprar el uniforme requerido, zapatitos y todo lo necesario. Al entrar al probador y quedar en bombachita me rechinaban los dientes del deseo, su cuerpito expuesto era para cubrir a besos pero debía jugar mi papel de padre normal.

Regresamos a casa con las bolsas de compra y acomodé la ropa nueva en su sitio, tenia un shorcito de gimnasia y zapatillas que no se había probado, la hice descalzar y esta vez la desvestí personalmente para enfundarla en el short deportivo. No importa cómo vistiese siempre lucía como una muñequita para comérsela a besos, tal vez para otros ojos era una nena como todas pero era mi Alicia, mi angelito divino a la que todavía no podría confesarle que la amaba con locura pero al menos lograba demostrarle todo mi cariño paternal.

(continuará)