Vuelve Alicia 14 (fin)

Me encontraba en mi antigua casa viviendo con mi esposa y Alicia, puede sonar extraño a menos que consideremos que esta situación era producto de un salto temporal, la investigación y tecnología me permitían el lujo de estar un rato con mi hijita cuando aún era pequeña.
Recién terminaba de inscribirla en el colegio y comprar su uniforme reglamentario que se estaba probando ahora.

Mientras le decía que lucía preciosa ella se miraba al espejo con actitud coqueta, ya afloraba su instinto femenino de verse bonita. La llevé alzada hasta la sala para mirar alguna película, buscamos unas bolsas de papas fritas y gaseosa acomodándonos en el sillón a disfrutar. Al tomar el control remoto lo teníamos agarrado entre los dos haciéndome recordar situaciones semejantes cuando era un pretexto para rozarnos las manos ante miradas indiscretas; pasando canales había una película romántica donde salía su actor preferido pero me parecía aburrida, igualmente mi cielito deseaba mirar eso. En una escena donde se besaban por primera vez preguntó si no era como los furtivos besitos que le daba aveces en la boca. Me devanaba los sesos buscando respuestas coherentes con su mentalidad infantil pero era mi Alicia adorada quien preguntaba, no podía inventar mentiras inocentes pasando a demostrarle prácticamente como se sentía un beso de verdad.

Tomando su carita con ambas manos susurré que la amaba muchísimo acercándome a sus labiecitos infantiles, simultáneamente deseaba y temía besarla, era muy chiquita aún y podría asustarse por lo que usando extrema suavidad deposité los labios sobre su boquita. No era el beso apasionado que recién mostraron en la peli, era un acto puro de amor; quería estar de rodillas ante ella al besarla por primera vez y en esa posición le entregué toda mi alma en ese beso.

Debía volver al trabajo, y nuevamente apreté el botón Return con mucha pena, deseaba estar con mi adorada Alicia pero el proyecto peligraba si me dejaba estar demasiado. Por suerte llegué a tiempo cuando se escuchaban golpes en la puerta del laboratorio, era Peñafiel y dije haberme quedado dormido por estudiar hasta tarde.
Me comunicó que tenía una reunión importante con los militares y que lo esperase unas horas.
Yo estaba entusiasmado deseando mostrarle todos los avances logrados con la máquina del tiempo pero me dejó solo en su mansión, deseaba castigarlo y pensé que el mejor modo sería cojerme a su hija.

Dirgiéndome a la sala estaba Margarita practicando en el piano y me puse a su espalda admirando sus tetitas que se apreciaban desde arriba dado su flojo escote. Le dí un beso en la cabeza saludándola mientras masajeaba sus pechitos, ella se sacudió farfullando que el padre andaba por la casa y sería mortal si me viese haciéndole cositas. Quise jugar sin decirle que estábamos solos susurrándole al oído que igual deseaba apretarle las tetitas o podría esconderme entre sus piernas para chuparle la conchita.

La pobre miraba para todos lados muy nerviosa evaluando la riesgosa propuesta. Me senté en el piso para meterme bajo su camisón y Margarita tironeaba la prenda para ocultarme bien mientras le acariciaba las piernas mirándole la bombachita. Se estaba humedeciendo la cretina calentona cuando le pasé un dedo suavemente por el tajito enfundado, ella levantó la cola del asiento para que le bajase la bombachita y lentamente se la quité simulando hacer todo a escondidas.
Margarita se sentó más adelante dejándome la conchita a disposición y se la lamí despacito hasta hacerla exasperar, la pobre estaba esperando que se la chupe bien pero apenas lengüetaba la puchita. Se puso a tocar música fuerte para tapar posibles sonidos raros y le ataqué el tajito con la boca, le chupaba la conchita con furia oyendo los teclazos disonantes con que castigaba al pobre piano.
Acabó como una cerda pero le seguí chupando la concha como si no me hubiese enterado, en cada orgasmo se sacudía más fuerte tironeándome el cabello para que dejase de mortificarla pero le metí un dedo en el culito de un solo envión, la pobre jadeaba ante el nuevo clímax ejecutando una música surrealista, ya era cualquier cosa menos música.

Salí de mi escondite diciéndole que ahora me debería chupar la pinga porque había gozado ella solita y se puso de todos los colores buscando al padre con los ojos pero al fin tuve que decirle que era una broma y estábamos solos hace rato.
Le cambió la carita y su expresión indicaba que ahora ella me cojería a mí en castigo. Me sacó el pene del encierro y lo chupaba como queriéndomelo arrancar, temí acabarle dentro de la boca cortando la diversión: quería cojérmela mucho para que el padre solo encuentre una bolsa de carne vacía.

La puse de perrito atacándole la cola a lengüetazos, Margarita gemía percibiendo mi calentura extrema y vaticinando que ahora no se salvaría ninguno de sus huequitos. Metiendo un par de dedos en su vagina le chupé el culito con ahínco, se estaba retorciendo en un nuevo orgasmo cuando le metí mi pedazo de carne en el ano.
Por suerte ya estaba baboso al enterrarle la pija de una, quedó con la boca abierta gimiendo hasta que la volví a encular rabiosamente, le cojí el culo hasta que pedía por favor que se la sacase del anito, ya no aguantaba más la pobre.

Cuidé de no acabarle dentro mientras ella se acostaba en el piso resollando y destartalada. Nuevamente me puse encima chupándole las tetitas mientras se las amasaba, sin dejarla descansar fui besando su pancita hasta llegar a su vagina chorreando fluidos. Sobra decir que le dí otra chupada de conchita espectacular que la puso a temblar, esta vez me puse encima apuntando mi bicho a su conchita.
Creo que nunca lo habíamos hecho en esta posición misionero, le entró por la puchita como estuche mientras ella separaba las piernas, era genial cojerme a la hija de Peñafiel en esta posición viendo su carita transpirada y jadeando de tantos orgasmos. Yo sentía el cosquilleo de mi próxima acabada pero me concentré en serrucharle vigorosamente la vagina y nuevamente se corrió poniendo los ojos en blanco.
Ya no pude aguantarme llenándola de leche mientras se la sacaba y enterraba nuevamente en cada espasmo al sentir que eyaculaba dentro de ella.

La chica trastabillaba mareada mientras se dirigía a bañarse, yo tuve que usar la ducha del laboratorio mientras sonreía pensando que al padre ahora le costaría mucho trabajo excitar a su hijita.

Al rato se escucha llegar un automóvil y la nena estaba normalmente al piano, esta vez ejecutando una melodía muy suave.
Venía entusiasmado, luego de sugerirle que el artefacto casi estaba funcionando se puso a divagar sobre el diseño de uno grandote, que se pudiesen pasar camiones y tanques de guerra; eso ya no me agradaba y debería arruinar el proyecto de algún modo sin perder el empleo. Pidiendo una demostración nos sentamos apretados en la cápsula mientras decidía a que época transportarnos, pensé que bastantes años atrás podría hallar los libros con la teoría del viaje temporal y destruirlos: de ese modo nunca llegaríamos a la situación actual.

Al disiparse la oscuridad estábamos en su oficina, su hija pequeñita estaba sentada en el piso dibujando. Me presentó como su nuevo empleado y saludé a Margarita debiendo agacharme para darle un besito. El padre la alzó en brazos mientras le daba muchos besos con cara de baboso, imagino que se calentaba con la nena al acariciarle las piernitas tocándole disimuladamente la puchita.

Ya no quise seguir viendo al degenerado que quería violar a su hijita y fui mirando disimuladamente su biblioteca hasta hallar el bendito libro y algunos papeles mencionando viajes en el tiempo.
Salí a hurtadillas de la casa llevando los escritos sin saber qué hacer con ellos, por suerte en la esquina estaban quemando un montón de basura y los arrojé a las llamas. Rogaba que esta acción en el pasado modificase el turbio presente llegando a la conclusión de que ya no habrían viajes temporales, debería visitar a mi Alicia chiquita de modo urgente.

Al llegar al colegio de mi hija, no recordaba bien el punto de nuestra relación por esa época pero verla emerger entre sus compañeritas me provocó un salto de emoción y entré al colegio con grandes zancadas. Estaba con María pero la ignoré olímpicamente para abrazar a mi tesorito, ella estaba asombrada por la extrema efusividad y tuve que bajar un cambio, estaba por besarla allí mismo delante de todo el mundo.
Tomados de la mano nos fuimos caminando lentamente, sus deditos comunicaban emociones pero no logré ubicar el instante preciso, solamente cuando su vocecita tímida me recordó que hoy sería el último supositorio: se había terminado la caja que indicase el médico.

Apenas entramos a casa la alcé para besarla con desesperación, de la emoción se le cayó la mochila mientras la tenía abrazada. Por suerte estábamos solos, ni había pensado que pudiese estar la madre en casa. Apretadita contra una pared la fui deslizando hasta dejarla trabada por el centro, con ropa y todo tenía una erección tan pronunciada que la sostenía por su entrepierna.
Temiendo arrugar su uniforme escolar la llevé alzada hasta su habitación sin permitir que se desvista ella misma, debían ser mis temblorosos dedos quienes desabrochasen esa blusita hasta descubrir su plano pecho. Con desesperación me prendí de esos pezoncitos que algún día tomarían volumen, mientras aflojaba lentamente su pollerita para dejarla caer al piso. Mi tesorito solamente vistiendo bombachita blanca era un espectáculo hermoso, no le quería quitar esa prendita divina, solamente hundir la nariz allí para aspirar sus efluvios.
Se estaba por poner la eterna camiseta larga para andar por casa pero le aconsejé que use una viejita que le quedaba corta: deseaba poder atisbar su prendita íntima cada vez que se agachase un poco.

Preparamos algo ligero para comer, ambos estábamos ansiosos de comernos mutuamente y nuestras manos entrechocaban buscando el contacto de la piel. Ya ubicados en la mesa no fue necesario pedirle que se sentase en mi falda, automáticamente su colita quedó posada sobre mi furioso monstruo. Con lo corto de su vestido improvisado quedaba a la vista un triangulito blanco evidenciando su tajito, no lograba besarla simultáneamente pasándole un dedo por la rajita y comiendo algo, le dije que de postre deseaba saborear una fruta prohibida con forma de bultito. Con el plato aún a medias me arrastró de la mano hasta el sofá evidenciando que también anhelaba aquellas caricias íntimas.
Arrodillándome en el suelo la senté apoyando las piernitas sobre mis hombros siendo la posición ideal para comerle el chochito. No le quité la prendita íntima aún, deseaba pasar la boca por ese bultito tapado apreciando la creciente humedad en la suave tela, mi chiquita se estaba excitando… Al final le tuve que deslizar la bombachita para llegar a su carne viva, su tajito imberbe tenía la forma que recordaba en mis oscuros pensamientos, era la conchita de mi Alicia adorada que tantas veces he chupado.
La tierna vaginita se abría debajo de mi inquieta lengua que alternaba su deliciosa panochita con la canaleta trasera y su agujerito fruncido, luego de sus tiernos espasmos que indicaban el clímax nos abrazamos haciéndole saborear sus propios juguitos al besarla con pasión.

Recordé que debía aplicar la medicina a mi chiquita siendo la última vez que le metería un supositorio en el culito y debería ser especial. Susurrándole al oído que trajese el remedio se agachó para dejarlo en la mesita ratona de la sala, la vista del culito desnudo asomando bajo su corta camiseta me hizo pedirle que quedase en esa posición, con la cintura doblada apoyando las manos en el mueble. Quería verle el potito asomar como si fuese un descuido y mirarla de cerquita como si no estuviese allí, era más perverso imaginarlo de ese modo.

Sentado en el piso admiraba las redondeces de sus nalguitas, su traserito tan deseado era un imán para mis manos y debí acariciarla suavemente antes de aplicar la boca a esos globitos magnéticos.
Chuparle el culito era cada vez más delicioso pero mi tesorito se cansaba en esa postura y volvimos al sofá donde se acostó boca abajo esperando la inserción trasera, ahora tenía la canaletita más cerrada y mis manos se deleitaron separando sus nalguitas para besarle el anito fruncido. Cuando lo tenía bien mojadito de saliva y distendido le fui metiendo el supositorio por el culito, la cápsula era engullida por ese palpitante agujero y me frustraba verlo desaparecer en su intestino.
Tuve que empujarlo bien hondo con el dedo pero necesitaba meter el dedo gordo allí, apuntado el monstruo fue enterrándose el glande brindándome sensaciones gloriosas, encular lentamente a mi Alicia era maravilloso.
No se la quería meter profundamente, la criatura no se aguantaría todavía toda la barra de carne entrándole por el culito pero con algo más que el glande metido podría moverme lentamente para no causarle dolor. Demoré lo máximo posible la operación pero ese culito era demasiado hermoso para no acabarle adentro; quedó con la tripita lubricada y el anito expulsando semen.

Luego de abrazarla y besarla miles de veces recordé que el pobre Peñafiel estaba solito con su hija en un época pasada y tal vez el cretino le estaría haciendo cosas indebidas a la inocente criatura.

En el viajé revisé el control remoto y se notaba blando, como si se estuviese derritiendo y temí que las baterías se estuviesen fundiendo.
Me abrió la puerta Margarita preguntando quién era, eso me alarmó ya que recién la había saludado y su padre nos había presentado.
Peñafiel estaba sentado detrás de su gran escritorio y me tendió la mano impávido saludándome como si yo fuese uno más de sus empleaduchos. Al preguntarme si le traía un antiguo proyecto terminado, pensé que estaba bromeando y le palmeé el hombro recordándole que debíamos volver al presente.
Quise mostrarle el control remoto pero ya no lo tenía en el bolsillo, además este hombre estaba actuando como si ahora fuese el tiempo actual…

Le pedí disculpas por mi conducta errática aduciendo que estaba agotado de tanto trabajo, de apoco fui reconociendo que al destruir esos documentos en el pasado había realmente alterado los acontecimientos y ya no existía la máquina del tiempo. Ese detalle también indicaba que no podría regresar dudando si llegaría a conocer a mi hermanita Mónica o si podría vivir tantas experiencias y muertes.
Lo único reconfortante era que Alicia existía en este presente y podría besarla, me dio terror también olvidar todo y volví a casa para escribir varios relatos documentando los hechos.

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Ahora estoy con mi hija sentadita en la falda, aspirando los dulces efluvios de su cabello y dándole un besito por cada renglón que leo.
Supongo que esto lo escribí antes de olvidar los hechos acontecidos y estoy reaprendiendo parte de mi vida.
Podré enmendar muchos errores y apaciguar mi insaciable sed bebiendo de los labios de Alicia y dedicar mi nueva vida a hacerla feliz.
Podré chuparle la conchita al menos dos veces diarias para que jamás pierda su sonrisa que ilumina al universo.
Podré arrodillarme cada noche ante su cama y besándole las manitas decirle que la amo con locura repitiendo su nombre hasta que se duerma, las sagradas letras de su nombre: ALICIA

Reconozco que cada paso vivido terminaba orientado hacia adorar a la pequeñita que estoy acariciando ahora mismo, a la niña que no puedo dejar de besar mientras sus dulces labiecitos responden amorosamente.
A mi querida Alicia por quien daría mis vidas y mis muertes. Te amo con locura Alicia.

(Fin)