paseando por la red me encontre este relato espero sea de su agrado:


La tarde estaba un poco fría mi marido, mi hija y yo estábamos recostado
en la cama viendo la televisión, desde hacia ya varios meses una imagen
me provocaba gran excitación, me imaginaba a mi esposo tocando y
amando a nuestra pequeña hija, pero me excitaba demasiado la idea. Me quedaba mirando largos ratos
como se llevaban ellos pero no había trazos de que él o ella sintieran algo
más el uno por el otro, en esta ocasión estaba un poco más caliente que de
costumbre, mis pezones estaban completamente erectos.
Abrace a Marcela, mi hija, y a mi esposo al mismo tiempo, mi mano se
poso en el abdomen de mi marido y con los dedos jugué con sus bellitos
bajo el ombligo, él no traía nada encima; mi hija estaba de espalda a mi
acurrucada a espaldas de su padre. Antes de continuar debo decirles que mi
hija tiene ocho añitos, cabello oscuro rizado y tez blanca, su cuerpo es el
clásico de una niña de esta edad, es muy sexy en sus movimientos y en su
forma de ser.
Bien, pues mi mano estaba en el abdomen de mi marido, comencé a bajarla
lentamente hasta que me tope con el elástico de su pantalón, introduje mis
dedos despacio y me tope con su falo, completamente flácido; lo anide
entre los dedos de mi mano y lentamente comencé a menearlo de arriba
para abajo, él un poco nervioso volteo a verme y le hice una señal para que
guardara silencio. Al oído le dije a Marce (así le decimos de cariño) que le
acariciara la espalda a su padre, ella llevó su manita a la espada de él y
despacio la comenzó a acariciar, pude ver como la piel de mi marido se
erizaba mientras que gracias al movimiento de mi mano pude conseguir
que poco a poco su miembro fuera creciendo entre mis dedos. La
respiración de él se agito un poco, ahora yo tenía los pezones a punto de
reventar y mi vagina ya secretaba un poco de sus jugos.
La manita de Marce seguía acariciando a su padre mientras que mi mano ya
se movía un poco más fuerte en su miembro, me repegué más a mi pequeña
para que ella a su vez pegara su cuerpecito al de su padre, el movimiento de
mi mano sobre su miembro se hizo mas rápido y profundo, meneaba su piel
desde la cabeza hasta las bolas, yo por mi parte apretaba mis piernas para
que los labios de mi vagina se rozaran y así poder experimentar un rico
orgasmo, pocos minutos mas tarde pude sentir como gruesas gotas del
esperma de mi marido me inundaban la mano, fue algo completamente
caliente que me hizo en ese instantes experimentar un leve pero placentero
orgasmo. Marce que estaba en medio de los dos se dio cuenta de que algo
pasaba pero obviamente no supo que fue, me levante en la cama y le


deposite un beso en la boca a mi marido, le dije a mi hija que le diera un
beso a su padre, ella se incorporo y poso sus pequeños labios en la boca de
su padre en un tierno beso. Por ese día las cosas quedaron solo así pero yo
no solo me iba a conformar con eso, mi marido sabía tratar muy bien a una
chica en la cama y yo deseaba que mi hija tuviera con él sus primeras
experiencias.
Pasaron dos o tres días después de lo de aquella tarde, esta vez mi marido
aun no llegaba de su trabajo y Marce y yo nos encontrábamos terminando
los quehaceres de la casa, cuando por fin terminamos las dos nos metimos a
tomar un ligero baño para quitarnos el sudor, saliendo de la regadera nos
secamos y le dije que nos fuéramos a la cama para esperar a su papi, las dos
nos recostamos completamente desnudas y nos tapamos para así esperar la
llegada de mi marido. Una hora después oímos que la puerta de la entrada
se abría y mi marido preguntaba si había alguien en casa, ninguna de las
dos contestamos solo esperamos a que él llegara a la habitación, cuando
entro y nos vio acostadas bromeo un poco con las dos y luego nos dijo que
se podría acostar con nosotros, yo le abrí las cobijas mostrando el cuerpo
de sus dos mujeres completamente desnudas, el se sorprendió un poco pero
se empezó a cambiar para ponerse la pijama y como de costumbre solo se
puso los pantalones, luego procedió a acostarse con nosotras, se iba a meter
de su lado como es costumbre pero le dije a la niña que dejara que su padre
quedara en medio de las dos, mi marido sin decir nada se acostó boca arriba
y le dije a Marce que le diera su beso de bienvenida, ella se volteo pegando
su desnudo cuerpo al torso también desnudo de su papi y le dio un beso en
la mejilla, luego yo me acurruque contra él a la vez que sujetaba la mano de
mi hija para que no lo soltara de esta forma las dos estábamos volteando
hacia el, con mi mano fui guiando la mano de la niña para que acariciara el
pecho y el estomago de su padre, yo subí la pierna en las de mi marido y
pegué mi panocha lo mas posible a su pierna para que pudiera sentir todo el
calor que de mi escapaba.
Solté la mano de mi niña la cual continuo masajeando a su padre y mi
mano se deslizo de nueva cuenta hacia su verga que para mi sorpresa ya
estaba dura, lo empecé a masturbar lentamente y al oído le dije que me
metiera un dedo en la vagina, se sorprendió un poco por la petición que le
estaba haciendo pero pronto sentí como uno de sus dedos hurgaba mi
entrepierna y luego uno de sus dedos se abría paso entre mis pliegues. Lo
tome de la cara y lo bese ardientemente, mi lengua se enredo con la de él
por un par de minutos, Marce nos observaba un tanto sacada de onda, le
dije a su papá que le diera un beso, que ella también lo deseaba, mi marido
acerco su cara a la de mi niña y poso sus labios en los de la pequeña, fue un
beso tierno pero a la vez candente. Marce se emociono tanto que abrazo
fuertemente a su padre y subió su piernita sobre su estomago, imagino que
él pudo sentir su intimidad mientras se abría acoplándose a su costado,
instintivamente él la abrazo pegando su cuerpo todavía más contra el suyo,
luego le dio una leve nalgadita y ella se quejo de esto, el cariñoso le sobo
donde le había dado la nalgada. Mientras que su mano sobaba las nalgas de
su hija su dedo se perdía dentro de mi vagina, toda esta sensación me
provoco un fuerte orgasmo y no pude evitar que un gemido escapara de mis
labios, esto también elevo la temperatura en el cuerpo de mi esposo y
fuertes disparos de esperma mojaron la mano que lo estaba masturbando.
Saque mi mano que estaba completamente bañada con la leche de mi
marido y puse uno de los dedos en la boca de mi hija en señal de silencio,
el esperma se pego en sus labios y ella sin decir nada saco su lengua y lo
probo.
Mi marido un poco agitado vio como la niña probaba de su leche, luego se
volteo hacia ella y la abrazo, pegando su boca a la de ella pero esta vez más
cachondamente, sus labios se restregaron contra los de ella por un par de
segundos y luego la soltó y volteo a verme, yo le brinde una amplia sonrisa
y lo bese de la misma forma en como el beso a la niña. A partir de esa
noche las sesiones de siesta se comenzaron a hacer mas frecuentas, en una
ocasión los tres nos acostamos desnudos y sucedió lo mismo de siempre,
mientras que mi hija se abrazaba fuertemente de su padre yo lo masturbaba
y después le daba a probar un poco de la leche que él había derramado
sobre mi mano, en esta ocasión en particular Marcela bajo la mano hasta
ponerla encima de la mía mientras que yo la meneaba sobre la reata de su
padre, si espantarnos y para que ella no se preocupara de forma natural
tome su manita con la mía y lentamente la fui guiando hasta tocar la verga
de su papá, luego tranquilamente la fui moviendo para continuar
masturbando a mi marido pero ahora con la mano de su propia hija, ella no
se espanto y ni siquiera hizo el intento de retirar, al contrario apretó un
poco el pido de su padre; yo con voz calmada le dije que lo hiciera
suavemente, como si se tratara de lo más delicado que ella conociera.
Siguiendo mis instrucciones Marce continuo moviendo su manita sobre la
verga de su papito solo que ahora con más calma y tiernamente. En los ojos
de mi esposo se notaba la excitación que estaba experimentando, volteo a
ver a nuestra hija y le deposito un beso tierno en los labios a la vez que le
decía que la iba a enseñar a besar de una manera más rica, acerco su boca
nuevamente a la de ella y empezó a acariciar sus labios con los de el, luego
lentamente le fue introduciendo la lengua en lo más profundo de la boca de
nuestra niña, él y ella lo estaban disfrutando al máximo y yo no me perdía
ningún detalle de lo que estaba sucediendo.
No pudiendo soportar la tensión sexual que se estaba acumulando mi
marido se acomodo junto con Marcela para quedar más cómodos, ambos
quedaron de frente y continuaron besándose, una de las manitas de Marce
estaba alrededor de la espalda de su papá mientras que con la otra
continuaba sobando su macana y las de él no dejaban de acariciar las nalgas
de ella, sobaba los dos cachetes y los aplastaba dulcemente con ambas
manos, disfrutando de esta nueva experiencia que todos estábamos
comenzando a descubrir.
Después de un rato de estar en esa postura mi marido se acomodo boca
arriba y Marce quedo acostada a su lado, ambos estaban ya destapados y yo
podía observar sus cuerpos desnudos, le dije a mi hija que se montara en su
padre para que pudiera acariciarle el pecho y ella obedientemente se
acomodo sobre su padre, yo le ayude para que se montara, la verga de mi
marido quedo acostada justo debajo de su panochita, luego de que ella
quedo bien encaramada sobre su papá le dije que le comenzara a dar un
dulce masaje en el pecho, mientras que ella se movía para darle el masaje a
papá su vagina se movía sobre el tronco erecto de su papá, la pequeña
rajadita se abría un poco mientras que se paseaba a lo largo de ese grueso y
caliente tronco de carne, solo pasaron unos minutos antes de que el cuerpo
de la pequeña comenzara a aumentar la velocidad de sus movimientos y un
poco después algunos movimientos giratorios se presentaron en las caderas
de la niña; no paso mucho tiempo después sobre la reata de papá quien al
ver que su hija se estaba convulsionando en un orgasmo que él le provocara
que gruesos chorros de esperma comenzaron a salir disparados a gran
distancia y algunos cayeron sobre su pecho, los dos se retorcía por la
extraordinaria experiencia que acababan de experimentar, la niña quedo
terriblemente agotada y se quedo dormida, cuando nos quedamos solos él
me dio una cogida con el rigor que pocas veces se da, quede
completamente satisfecha, un tanto por la imagen de ver como mi hija y mi
marido habían tenido digamos que una especie de mutua masturbación y
otro tanto por el calor que tenía guardado por ver realizada mi fantasía.

II
Varios días dejamos pasar después de esa fabulosa experiencia, pero poco a
poco el calor en mi interior se fue acumulando, por lo tanto una de las
tardes en que estábamos los tres acostados decidí que deberíamos de
reiniciar los juegos, Marcela estaba en medio de los dos así que comencé a
acariciarla sobre las prendas de su pijama, mi marido se dio cuenta pero se
hizo que no veía nada aunque pude ver un rato después como su verga se
iba dibujando debajo de las cobijas. Marcela se dio cuenta de que yo la
estaba acariciando de una manera que nunca antes había practicado con ella
y se puso un poco nerviosa, mis manos comenzaron a recorrer sus lindas
piernas y de vez en cuando se paseaban por su vagina y su pecho,
lentamente le fui desabotonando la camisa de la pijama hasta que pude
sentir en la palma de mi mano su tierna piel, con movimientos circulares le
fui dando un rico masaje en todo su pecho y a los pocos minutos pude
apreciar como sus pequeños pezones se pusieron duritos, al sentir como
estos se erectaban mis dedos se dedicaron especialmente a ellos; con lentos
movimientos circulares iba recorriendo uno a unos los pezones de mi hija y
después de largo rato de jugar con ellos mi mano fue descendiendo hasta
que me tope con la liga del pantalón de la pijama, mis hábiles dedos se
introdujeron por debajo de la prenda y empecé a sentir sus bragas,
despacito mis dedos fueron recorriendo las líneas curvas de su entrepierna,
pude sentir el bulto de su monte de Venus y luego de acariciarlo
tiernamente por algunos minutos uno de mis dedos dibujo toda la rajada mi
pequeña y se perdió entre sus dos piernitas que ella abrió un poco para
permitir mi caricia; pude ver como mi marido se masturbaba lentamente
debajo de las cobijas en lo que yo continuaba acariciando a nuestra hija,
subí un poco mi mano hasta que en la yema de los dedos pude sentir ele
elástico de las bragas y me pase por debajo de este, sentí inmediatamente el
calor que estaba manando de la panochita de mi niña e inmediatamente
después mi dedo se topo con la parte alta de su hendidura; mi dedo empezó
a rondar en forma circular esa zona acariciando tiernamente y poco después
solo comencé a seguir la línea que me marcaba su panochita, de arriba
hacia abajo, una y otra vez hasta que la pepita se fue abriendo para permitir
que mi dedo se introdujera solo un poco, el calor de su interior era de lo
más delicioso. Busque inmediatamente su botoncito de placer, esté apareció
retador y mi dedo lo empezó a hurgar, meneándolo delicadamente para que
mi niña comenzara a sentir algo rico. En pocos minutos la respiración de
mi pequeña se acelero, acerque mi cara a la suya y le deposite un tierno
beso en los labios.
Mi marido no se pudo contener más y se puso de pie dándole la vuelta a la
cama, se quito los pantalones de su pijama y se acostó de mi lado

levantando la tela de mi camisón, yo estaba dándole la espalda y pude
sentir cuando subió su mano hasta su boca y la ensalivo muy bien, luego la
bajo y acaricio su verga por algunos segundos e inmediatamente después
pude sentir que acomodaba la punta de su pene contra mi ano. No dude
mucho y pare un poco el culito mientras que seguía acariciando a Marce,
mi marido empujo sus caderas y la punta de la vega me penetro el culo, me
dolió un poco pero la excitación que tenía me impidió reaccionar, solo
quería que esto continuara. La verga se me fue metiendo más y más
lentamente hasta que pude sentir el estomago de mi marido chocando
contra mi espalda e inmediatamente después el comenzó a bombearme el
culo, su barra de carne se abría paso entre los apretados pliegues de mi
trasero haciendo que la excitación creciera, Marce tenía los ojos cerrados y
al parecer estaba experimentando un orgasmo gracias a las caricias que mi
dedo le estaba prodigando; las manos de mi marido se posaron sobre mis
senos y me los comenzó a apretar tiernamente mientras que con los dedos
estaba jugando con mis pezones era una escena maravillosa, los tres
acostados en la cama gozando plenamente del amor familiar.
Deje descansar un rato a Marcela mientras gozaba de la verga de mi esposo
entrando y saliendo rápidamente de mi culo, apretaba y soltaba mi esfínter
para que él pudiera sentir gratas sensaciones, después de unos minutos los
movimientos de mi marido aumentaron y me dijo al oído que le avisara a la
hora de mi orgasmo, yo le asentí que si con la cabeza al mismo tiempo que
aventaba hacia los pies las cobijas dejando nuestros cuerpos a la vista de
Marce que ya se había incorporado y no perdía detalle de nuestros
movimientos; pude sentir que mi orgasmo estaba ya cerca y empecé a
gemir más fuerte a la vez que le apretaba una mano a mi marido que
comprendió que ya me empezaba, acelero aun más sus movimientos y a los
pocos segundos los dos estallamos en un fuerte orgasmo que nos paralizo
todo el cuerpo, a la vez que sentía como mis jugos comenzaban a inundar
mi vagina y se escurrían por mis piernas la leche de mi marido estallaba en
lo más profundo de mi ano bañándome de caliente semen todo el recto,
pude sentir cada disparo de sus mocos en mi culo y esto acrecentó aun más
mi orgasmo.
Fue un brutal orgasmo de ambos que nos dejo por varios minutos tumbados
en la cama, pero para mi sorpresa la erección de mi marido no se perdió, se
incorporo un poco y luego se acostó de nuevo en la cama, esta vez me pidió
que me acercara y al oído me pidió algo. Me levante viéndolo a los ojos
con una sonrisa, luego le dije a la niña que le diera un beso, Marce se
acerco a su padre y lo beso en la boca introduciendo su lengua en la boca
de su padre y cuando se separo de él le pedí que le tomara la verga con su
manita y que la fuera moviendo de arriba para abajo lentamente me

coloque detrás de ella y la fui empujando hasta que su cara quedo a la
altura del pene, luego le dije que pusiera atención en lo que le iba a enseñar
ya que después de mi lo haría ella. Puse el pene duro de mi esposo dentro
de mi boca y se lo comencé a mamar despacio, primero la cabecita y luego
me lo fui introduciendo hasta que solo quedo un pequeño trozo fuera de mi
boca, me comencé a mover lentamente permitiendo que la caliente y
húmeda barra de carne entrara y saliera de mi boca; luego me la saque y la
lamí de arriba abajo para terminar en las bolas.
Marcela no perdió detalle y cuando termine de darle la mamada a su padre
ella inmediatamente continuo con la labor, su pequeña boquita se abrió y
lentamente la acerco al pito duro de su padre, su manita tomo la daga y la
guió lentamente hasta su boquita, sus labios se abrieron aun más para
permitir que entrara toda la cabeza, allí empezó a darle pequeñas
mamaditas metiéndosela y sacándosela de la boca con suave voz le fui
indicando como debería de hacerlo. Marce fue siguiendo mis indicaciones
al pie de la letra; la verga se iba metiendo despacio en su boquita y pronto
la cabeza se perdió en su interior, era una imagen increíble ver como la
pequeña de apenas ocho años ya empezaba a tomar experiencia, la verga de
mi marido fue tragada hasta la mitad y luego de regreso hasta la punta de la
cabeza, para luego reiniciar en un rítmico vaivén. La verga entraba y salía
ahora mucho más rápido de la boquita, ella se esmeraba haciendo su labor
y cada vez la mamada era mucho más satisfactoria para mi marido y esto se
reflejaba en su cara.
Marce continuo mamándole la verga a su padre por largos minutos y ahora
ya lo hacia muy bien, pronto los gemidos de mi marido comenzaron a
inundar la habitación y las manos de él se posaron sobre su cabecita para
guiarla mejor en la velocidad que quería cuando el sintió que se venía me
hizo una señal y entonces yo me acerque a la pequeñita para decirle que su
papá le iba a regalar una rica lechita que ella se debería beber y que pronto
iba a salir de su palo, que no se debería de espantar.
En efecto a los pocos minutos mi esposo empezó a soltar su esperma en la
boquita de la niña y ella se lo trato de tragar todo aunque por su
inexperiencia algunas gotas del semen se escurrieron por los costados de su
boquita; nuestra hijita siguió mamando el palo hasta que esté quedo
completamente flácido, luego se levanto limpiándose la boquita y
preguntándole a su papito si le había gustado como se lo hizo, él
tiernamente la abrazo y a toda contestación la beso cachondamente por
largos minutos mientras que sus manos recorrían todo su cuerpecito.
Cuando terminaron de besarse mi esposo le dijo a Marce que ahora él le
devolvería el favor y entonces la comenzó a desnudar, luego la acostó boca
arriba y se montó sobre ella, la beso y luego fue cubriéndola de besos por
todo el cuerpo, su cuello, sus hombros, los senos en los cuales se detuvo
por largo rato para mamar cada uno de los pezones en especial y luego
continuo su recorrido por el estomago y por fin llego hasta la vagina, su
lengua recorrió la grieta de arriba hacia abajo y de regreso una y otra vez,
luego la punta de la lengua fue introduciéndose en su virginal panochita
hasta que localizó el clítoris en el cual comenzó a trabajar, mi hija se
empezó a retorcer por las sensaciones que estaba experimentando y fueron
pocos los minutos que tardo en tener su primer orgasmo, ahora la boca de
mi marido saboreaba toda la vagina de la niña sorbiendo sus jugos,
chupando sus paredes y mamando para seguir desfrutando de su néctar,
varios minutos más pasaron hasta que Marce llegó a otro orgasmo más el
cual mi marido bebió hasta dejar completamente seca la vagina de la
pequeñita.

III
Tres días transcurrieron después de la última aventura que tuvimos con
Marce y una de esas noches en las que los tres estábamos viendo la
televisión la niña fue la que se acerco a su padre y sin decir más puso su
mano sobre su pantalón y a la altura de sus entrepierna, despacio lo
comenzó a acariciar y poco a poco la barra de mi esposo fue poniéndose
completamente dura hasta ser bastante notorio como la niña deslizaba su
manita por la gruesa tranca de la cabeza hasta las bolas. Por la cara que
ponía mi marido me di cuenta de que en verdad lo estaba disfrutando y yo
sin darme cuenta ya tenía mi mano sobre mi sexo y me acariciaba
suavemente.
Le dije a Marce que si quería jugar y ella me dijo inmediatamente que si, le
pedí que se pusiera de pie sobre la cama y ella así lo hizo, mi marido que
estaba frente a ella estiro sus manos y empezó a quitarle los pantaloncitos
de la pijama, sus bragas blancas de algodón quedaron a la vista y su tersa y
suave piel de niña se fueron descubriendo hasta que por fin la prenda salió
por sus pies. Antes de quitarle la camisa de la pijama mi marido recorrió
con sus manos las piernitas de la niña desde sus pies y hasta llegar a su
entrepiernita, ahí posó su mano sobre el monte de Venus de la niña y lo
acaricio delicadamente; luego dejo la panochita de la niña y procedió a
quitarle la camisita, sus pequeños pezoncitos estaban erectos, mi marido se
incorporo un poco para poder mamarlos, su lengua comenzó a recorrer las
tiernas carnes de la niña y ella solo observaba los movimientos de su padre
y de vez en vez me volteaba a ver a mi.
Las manos de mi esposo pasaron de la parte frontal de la niña a su espalda
y luego con movimientos circulares la fue acariciando en toda su extensión
y fue bajando poco a poco por la misma espalda hasta que se topo con el
resorte de las bragas de nuestra bella hijita, introdujo sus dedos medios en
el resorte y los comenzó a empujar para abajo, la prenda fue dejando
desnuda la piel de Marcela, con paciencia casi desesperante observé como
las bragas de mi hija fueron descendiendo hasta que por fin pude observar
su rayita rosadita completamente desnuda, sin ningún pelito, abultadita y
apretadita.
Después de sacarle las bragas a la pequeña las manos de mi marido
regresaron a sus lindas nalguitas y las estuvo acariciando dulcemente por
varios minutos mientras que su lengua paso de las pequeñas tetas de la niña
a su boca, ahora ellos se estaban besando deliciosamente, podía apreciar
como la lengua de mi marido se enredaba con la de nuestra hijita y sus
labios se restregaban los unos contra los otros. Yo tuve que aumentar la
velocidad en las caricias que le estaba dando a mi panocha ya que me
estaba poniendo sumamente calienta esta situación.
Mi esposo le pidió a Marce que se acostara en la cama como lo había echo
la otra vez para que el pudiera lamerle su conchita, la niña comprendió
inmediatamente de lo que se trataba y se acostó boca arriba abriendo sus
piernitas y mostrándole a su padre la pequeña y rosada vaginita, sus
abultaditos labios vaginales se apreciaban en toda su magnitud. Él se
agacho colocando su cabeza entre las piernitas de la pequeña Marcela y
comenzó a olfatear por toda la zona, luego fue besando las partes de la
pequeña provocando en ella algunas risitas, la lengua de él fue recorriendo
entonces delicadamente la entrepierna de la pequeñita y aunque aún no la
posaba en la rajadita de la pequeña ella ya estaba respirando agitadamente.
Las manos de mi esposo tomaron los costados de la pequeña y los
comenzaron a sobar, con movimientos circulares fue subiendo lentamente
hasta sus pechitos y ya en ellos los acaricio delicadamente poniendo
especial atención a los erectos pezoncitos que apuntaban para el cielo. Mi
boca seguía devorando la boca de mi pequeña mientras que su padre estaba
ahora introduciendo lo más que podía la suya dentro de la crica apretada de
su hijita.
Mi marido meneaba sus caderas contra el colchón, me separe de los labios
de la pequeña y le dije que si quería yo se la mamaba, él levanto la cara que
estaba metida entre las piernitas de Marcela y me dijo que si. Me levante y
él se acomodo de lado, baje sus pantalones y saque su formidable tronco,
estaba completamente erecto, ahora más que otras veces. Tome la barra con
mis manos y la guié hasta que llego la punta a rozar mis labios, comencé a
chuparlos despacio y poco a poco me fui introduciendo la gruesa verga en
la boca, a los pocos segundos ya le metía y lo sacaba con gran velocidad,
esperando que mi marido se viniera en mi boca para poder disfrutar de sus
ricos mocos. La cabeza de mi marido seguía moviéndose por la labor que
estaba realizando entre las piernas de la niña, en eso Marce empezó a soltar
de gemidos y gritillos de placer en señal de que se estaba viniendo; las
mamadas que le daba su padre aumentaron su velocidad y comenzó a
beberse todos los jugos que escapaban de su interior. Tenía la verga en lo
más profundo de mi garganta y de pronto gran cantidad de esperma
comenzó a inundarme la boca, fue tanta que no me la pude tragar toda pero
seguí mamándole la reata que a pesar de su venida no perdía su dureza.
Descansamos por algunos segundos de tan rica cogida y después de este
tiempo voltee para ve como seguía mi marido, su verga estaba aún
completamente dura. Me acerque a su oído y le dije que se cogiera a
Marce, él un tanto extrañado volteo a verme con cara de interrogación, yo
volví a asentar y me puse de pie; me acerque a Marcela y le pregunte que si
le gustaría que su padre le metiera su cosa como me lo hacía a mí. Marce lo
pensó por algunos segundos y enseguida contesto que si con una gran
emoción.
Mi marido no dudo más y se levanto hincándose en la cama, yo también me
levante y le dije que esperara, me metí su verga en la boca y comencé a
mamársela para dejarla completamente lubricada, luego él se acomodo
entre las piernas de la niña mientras yo sujetaba por los tobillos a mi hija
pegándoselos a el pecho para dejar completamente expuesta su rajadita que
ya se encontraba un poco dilatada por las mamadas que le había dado su
padre minutos antes. La punta de la verga se introdujo, solo la pura puntita,
con la mano en el tronco mi marido paseó la gran cabeza por toda la
rajadita solo hundiéndola unos milímetros para que la saliva que estaba en
su verga se restregara por la linda rayita y está quedara lista para ser
penetrada, varias veces la verga se paseó a lo largo de toda la panochita de
la niña y después él se detuvo por unos segundos y empezó a empujar
lentamente, la punta del pene se fue abriendo paso por entre los regordetes
labios mayores, estos se iban ensanchando mientras que el ariete de carne
penetraba lentamente, por fin la gran cabeza de la verga se alojo en el
interior de la pequeñita, yo veía como la piel de la vagina de mi pequeña se
iba ensanchando y adaptándose a la gruesa verga de su padre quien por
unos momentos permaneció quieto esperando algún quejido de la pequeña,
pero ella no hizo señal alguna de dolor si no por el contrario de curiosidad,
entonces él empezó a empujar más la verga, está iba penetrando despacio
por la resistencia de la pepita, completamente brillosa por la saliva que yo
le había dejado ahí con mis mamadas.
Cuando la verga estaba enterrada casi una cuarta parte fue que la pequeña
hizo una pequeña mueca de dolor, hasta ahí su papá se detuvo y espero a
que ella se adaptara muy bien a su garrote. Luego él volvió a empujar un
poquito y esta vez ella soltó un pequeño gritillo. Él se acomodo
preparándose para hacer un poco más de fuerza y entonces yo sabiendo lo
que continuaba le sujete fuertemente las piernitas a mi hija, él me miro y yo
asenté con la cabeza y entonces empujo con fuerza desgarrando el himen
de la nena, ella pegó un fuerte grito de dolor y comenzó a llorar. Mi marido
entonces ya le había hundido casi la mitad de su tranca y se detuvo
esperando a que la pequeña fuera perdiendo un poco el dolor que en esos
momentos estaba sintiendo. Dejamos pasar varios minutos y por fin Marce
se calmo un poco, mi marido entonces inició con un lento mete-saca, su
verga salió un poco embarrada de sangre pero en realidad no era mucha, él
prolongo el lento bombeo por algunos minutos y poco a poco la chiquilla
fue experimentando algo de placer al sentir como la verga de su padre la
estaba penetrando.
Como yo ya estaba sumamente caliente y aun no recibía nada me pare
frente a mi esposo y recargue mis manos contra la pared y pare las nalgas
lo más que pude, dejando completamente expuesta mi vagina; él acerco su
boca y me comenzó a dar una formidable mamada que me llevo a mi
primer orgasmo de esa noche en pocos segundos. Cuando me agachaba
podía ver a mi hijita debajo de mí y como la verga de su padre la estaba
penetrando por su conchita, los labios de la pequeña se abrían de par en par
para recibir esa enorme barra de carne. La verga salía y entraba ahora ya a
un poco más de la mitad, la humedad de mi hija se reflejaba cuando la
verga salía completamente empapada en sus líquidos, ahora ya mi pequeña
comenzaba a gemir no por el dolor sino por el placer que empezaba a
experimentar. Mientras la boca de mi marido seguía moviéndose en el
interior de mi panocha que ya estaba dejando escapar sus jugos que
escurrían por mis piernas la niña comenzó a experimentar su primer
orgasmo con una verga en su interior; su espalda se arqueo mientras que
sus manos comenzaron a acariciar mis piernas. Su padre al sentir las fuertes
contracciones que le daba su vaginita comenzó a regarla con sus mocos,
con un fuerte gemido de placer e inclinando su cabeza para atrás él se
derramo dentro de la conchita de Marce y justo en esos momentos otro
orgasmo más me venía pero me lo tuve que sacar con mi propio dedo, me
lo introduje profundamente en la concha y comencé a menearlo. Me agache
para ver como la leche de mi marido comenzaba a escurrir por entre los
labios vaginales y su verga que aun continuaba entrando y saliendo de la
apretada puchita de nuestra hijita. Por fin mi marido se detuvo dejando la
verga enterrada hasta donde más podía, sería un poco más de la mitad,
ambos disfrutando de esos últimos momentos de sus orgasmos.
Yo por mi parte continué meneando mi dedo y algunas gotas de mis jugos
cayeron en el estomago de mi pequeña. Luego los tres nos acostamos y nos quedamos profundamente dormidos hasta el día siguiente.